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Gestalt: Principio de proximidad

La distancia se convierte en fuerza, y de ella se alimenta la percepción.
La distancia se convierte en fuerza –descubrió Arquímedes cuando le cayó una palanca en la cabeza (historia posiblemente apócrifa, pero con moraleja: sin la proximidad exacta entre planeta y estrella, no habría esa relación llamada órbita; entre hidrógeno y oxígeno, no habría esa identidad que conocemos como agua. Pero hay formas más sutiles en las que la distancia se manifiesta, y una de ellas es psíquica)–...

Principio de proximidad

Percibimos como partes de un mismo objeto las cosas que están más próximas entre sí que de otras. Por lo tanto, el concepto de "objeto" es engañoso. Se trata, en realidad, de un conjunto, y, como tal, es un producto mental. Realmente no importan sus otros atributos, además del espacial: el objeto puede ser físicamente heterogéneo y percibirse como unidad, mientras que dos trozos de idéntica materia se entienden como distintos si el espacio los separa, como una coma.

Además, la distancia es en gran parte ilusoria estructura mental. Como en las constelaciones, todas las cosas son contiguas en un plano pero antípodas en otros. Claro, esa bidimensionalidad astral es un efecto secundario de vivir en una esfera suspendida entre jeroglíficos remotos, pero en todo lo demás al menos una dimensión se nos escapa siempre; nos parece plano lo que dista en algún aspecto: espacial, temporal, emocional, intelectual. La usual indiferencia ante el prójimo desconocido nace de esta distancia psicológica.

Lo diré de una vez: la distancia nos separa pero también nos une. La distancia es relación. Si aquélla es mucha, la relación se rompe; si poca, se enreda. Como me dijo María: Muy lejano el Sol, congelaría; demasiado cerca... ¿Qué María? La distancia "justa" se percibe como identidad: órbita. La percepción también orbita, se deja gravitar por las distancias justas, percibiendo como uno lo que está junto, como junto lo que está cercano, como cercano lo que está separado.

Lo que separa a un objeto o sujeto de otro es poco menos virtual que una división política en un mapa, gradual como el dónde la vacuna se convierte en enfermedad: sólo en la representación existe concretamente la distancia, y en la práctica los objetos se entretejen como bordes de dos mares, elementos de un mismo conjunto de moléculas de agua y de sal.

Pero, en lo conceptual, hay que poder saltar a la distancia para descubrir nuevos significados. Los saltos son comunes en la naturaleza: el electrón tropieza de una órbita a otra, siempre exacta. Los cambios abruptos y precisos son normales en el macrocosmos también, como el salto del agua líquida al vapor, de la estrella a la nova. Y, ya arriesgado a que las mentes poco profundas me hayan archivado en el estante bajo el título New Age, debo agregar que la mente humana también tiene estados, como el agua, entre los que cambia dando discretos saltos quasicuánticos.

Nadie negará que una manada es un conjunto conceptual. Pero cada uno de sus objetos (animales) también son conjuntos de células separadas entre sí por un espacio y formando el conjunto "animal". Si bien tanto la manada como cada miembro tienen funciones particulares, seguimos viendo como unidad al conjunto cuando sus funciones desaparecen (es decir, cuando el animal muere). Después de todo, el conjunto ya está armado, ¿para qué esforzarme en hacer una nueva descripción de la realidad, sobre todo si puedo imaginar rápidamente que su esencia animal permanece inmutable en algún plano de inaccesible absurdidad? ¡Maldición, he creado el alma!

¿No lo entendiste? El concepto de pubis va cambiando con la moda, a medida que los bikinis se hacen más pequeños.

La proximidad crea la ilusión de continuidad, de identidad. Incluso la proximidad temporal de cosas que no tienen ningún maldito atributo en común, como el andar errante de un oscuro felino y las consecuencias de tus propios estúpidos actos. Así nace la superstición, que literalmente significa "persistencia". ¿Y qué es la percepción si no persistencia?

¿Revolución?

Agrupar por proximidad es tan humano como desagrupar por lejanía, desistir. La programación televisiva explota este incidente dual colocando cada tanto entre publicidades algún contenido más o menos artístico o con tetas, lo suficientemente entretenido como para separarnos la atención y hacernos esperar hasta la próxima publicidad, que por su lejanía no identificamos como epicentro del superconjunto mediático actual.

Agrupamos, en fin, y agrupamos lo que está ya más o menos agrupado. Por ejemplo: cualquiera que vea una araña podría jurar que es un insecto. ¿Quién tiene tiempo y quién está tan loco como para contar una por una las patas de diez millones de especies? Gracias a Dios por el escepticismo...

¿Rebelde?No es escéptico quien llanamente no quiere creer, sino el experto en agrupar y desagrupar a voluntad sin quedarse con un punto de vista definitivo. Escéptico es el que examina.

La cercanía mutua de las cosas –incluyendo pensamientos– es aparente y depende de lo mucho que abarque la visión. El físico de partículas objetará que tanto la puerta como su marco son de madera, una sustancia heterogénea, y que deberían clasificarse átomo por átomo como mínimo. El astrónomo dirá que no tiene importancia alguna la distinción, que es sólo polvo en un desierto cualquiera. Para el primero, "cerca" es un nanómetro; para el último, un billón de kilómetros. De la mente depende la proximidad, no del espacio ni del tiempo. A nivel cotidiano, cierto día dejamos de ver la madera, la olvidamos por completo y de allí en más abrimos y cerramos un concepto, un conjunto imaginario: la puerta –infinitamente lejana del cadáver vegetal–.

A veces la idea de un conjunto es tan tenaz que sobrevive a toda evidencia, como persiste la sensación aunque se ampute el brazo. Es difícil volver atrás, olvidar un nombre. Es difícil ver maravillosas explosiones en cámara lenta surgir desde la tierra esparciendo su munición autorreplicante. Mejor llamarlas "plantas" y sólo ver esa palabra, si es que no pasamos a su lado sin advertirlas para nada. Difícil también es en otros casos aceptar la proximidad como relevante, asentir por ejemplo que el propio organismo tiene más células de bacterias que humanas, y que todo eso es uno mismo.

De esas dificultades está hecho el calzado de la ciencia y el sendero del progreso. El que puede olvidar cómo andar en bicicleta, puede usar los rayos de sus ruedas para medir la velocidad de la luz (alguien lo hizo). Al que quiere progreso se le hace necesario conocer las reglas y cambiarlas, porque siguiendo viejas reglas nada nuevo puede encontrar. Inventar es combinar; combinar es agrupar alternativamente.

El escéptico, como el caminante que agrupa y desagrupa a cada paso sus pies, se aleja de A para acercarse a B. Ningún paisaje le será suficiente porque la realidad le resulta un puzzle de perspectivas. Lo que ve acercarse, crecer y separarse, deberá verlo alejarse, juntarse y empequeñecer. Considerará superfluo lo atesorado y pandemónico lo insignificante; intentará abarcarlo todo en consideración. Buscará detrás de átomos y estrellas porque sabe que lo infinitamente grande vale tanto como lo infinitamente diminuto: ambos ocupan el mismo infinito espacio y abren la mente por igual. Entre el infinito y la eternidad, se detiene en el detalle; dentro del detalle, trata de ver el universo entero.


Cierre

Proximidad

Semejanza

Simetría

Destino

Continuidad

Pregnancia