Cibermitanios

Piratas del Presente

Internet comienza a convertirse en un medio para los medios, a ser absorbida por la legalidad que suplanta a la libertad, y en ello se juega gran parte del futuro.
Estuve leyendo y oyendo incontables opiniones acerca del caso MegaUpload y las leyes antipiratería. El problema es que sólo encontré eso: opiniones (en el mejor de los casos, no paranoicas). Nada de reflexiones; nada de ideas que ayuden a entender lo que está pasando. Veo una confusión prácticamente total y, ya que tampoco yo tengo las cosas claras, quería hablar un poco de lo esencial de este asunto.

Todas las revoluciones, para bien o para mal, tuvieron algo en común: ocurrieron en el presente. Sin dudas, sólo-cuando y siempre-que la pasión alcanzó un volumen crítico, pero, aún así, cada cambio comenzó con un darse cuenta elemental del estado del presente. Hoy, parece que no tuviéramos ni por asomo una idea de lo que está ocurriendo. Sabemos que algo está mal, o que todo está mal, pero carecemos de una visión clara del presente como para comenzar a imaginar los cambios necesarios.

Todo lo imaginable, lo posible se clausura casi de inmediato tras una faja ideológica que en lugar de "policía" dice "utopía". Para muchos problemas parece no haber salida posible porque no hay salida visible. No hay siquiera salida imaginable porque el problema de hoy es tan grande que no deja siquiera imaginar. Y este es un primer paso inevitable: saber o al menos aceptar en comodato la desagradable idea de que no estamos imaginando nada, de que hemos perdido esa capacidad de gestar ideas revolucionarias porque ignoramos dónde estamos en primer lugar, de qué procesos está compuesto eso que llamamos presente.

Hablando particularmente de la piratería, el problema con esta era es que es la era de los medios. Los medios1 como instrumentos de comunicación2 han adquirido más importancia que los fines a los que deben servir. Los medios tienen el control de la información. Esto es: de las ideas y, por lo tanto, de la capacidad de cambio, de la chispa de la acción.

Al observar el presente se hace evidente que los grandes medios actuales son medios cerrados sobre sí mismos; medios sin fin. Por lo tanto, no son medios en absoluto, sino fines particulares perpetuándose a sí mismos e imposibilitando un espacio para la transformación. Los medios, aferrados al poder de la información, están imponiendo a la Humanidad un pensamiento sistemático repetitivo que anula cualquier posible nueva ideología no dándole lugar a que siquiera pueda ser imaginada, llenando el presente con su mensaje circular y asfixiando la libertad natural del pensamiento. ¿Parece exagerado? En realidad, no es nada comparado con la realidad. Este control por saturación informática ha crecido tanto en los últimos tiempos que se hizo invisible: lo que es demasiado grande y está demasiado cerca es muy difícil de ver. Esta era será recordada como una edad de la hipnosis social, un período oscuro y estúpido, pese a lo mucho que puedan haber evolucionado sus herramientas -sus medios, ya que no sus fines-.

Pero no se trata de un monstruo invencible. El problema es que no tiene rivales dignos. "Yo no puedo cambiar el mundo", nos decimos, en lugar de un más sincero "yo no sé cómo cambiar el mundo, porque no sé qué hay que cambiar". Para poder cambiar, la Humanidad debe obtener una visión de sí misma de la que hoy carece por completo, al menos a escala social. Paradójicamente, para tener tal visión, debe cambiar. Y es que el cambio y la visión son una misma cosa. Y no ha de entenderse aquí a la visión como a la autocrítica, ni mucho menos –la crítica–. La visión de la que hablo es la capacidad perdida de imaginar lo no evidente, de cambiar la forma en que se ven las cosas. Es una percepción que por fuerza de escapar a los moldes psicosociales que la encierran requiere de la metáfora de la videncia.

Y digo aquí y allá "metáfora" en el más literal de los sentidos. "Trasladar más allá". Porque lo que creemos que es el más allá, el afuera, suele ser sólo otra capa de lo mismo, tal vez imposible de reconocer si es una capa más externa o más interna. La misma abundancia de información lo opaca todo, y por eso hay que negarlo todo para poder imaginar algo nuevo. Es necesario suponer alguna vez que nuestras más grandes ideas son perfectas estupideces, que aún no hemos imaginado nada nuevo y que de haberlo hecho sabríamos cómo cambiar el mundo sin que una sola voz se oponga a la correspondiente acción.

Hoy, cuando la comunicación es tan importante, son los intermediarios los que tienen el poder. Sin estos puntos intermedios, la Humanidad como la conocemos se quebraría; quedaría fragmentada y aislada en un estado salvaje opuesto al del rebaño y del orden.

Pero todo lo intermedio, al tiempo que un canal, es también un estorbo, un obstáculo en el camino entre emisores y receptores. Cuanto más grande es el abismo que salta la información, cuanto más une y comunica, más poder absorbe el medio. El medio acumula responsabilidad y es víctima de su propio exceso. En consecuencia, de tanto poder, los medios se vuelven impotentes, puentes tan robustos que por ellos no hay lugar para que puedan circular grandes ideas. Y, aunque pudieran, ya no somos capaces de entender la novedad.

Consideramos nueva la misma noticia todos los días, la misma novela todos los años, la misma política todas las décadas; y son más de lo mismo como lo fueron siempre las cosas llamadas por el mismo nombre: noticias, novelas, políticas. No podemos pensar fuera de estas cosas. No imaginamos qué otra cosa podría haber en su lugar. No hay metáfora en el pensamiento del presente.

Y entre tanta anti-novedad se nos pasó por alto que la política ya no es el medio para un fin y que el arte, el entretenimiento y las noticias ya no son el fin de los medios, sino que son medios en sí mismos con el fin de producir dinero y encausarlo hacia determinado bolsillo de acero.

Repito, porque no es nuevo y sigue sin entenderse: el arte ha dejado de ser un fin para convertirse en un medio, una herramienta de la que abusan quienes controlan los medios. Lo había imaginado Sartre cuando escribió: el arte burgués será medio o no será nada. Y es que resulta del recuento que casi todo el arte actual es un medio burgués, un medio para conseguir medios.

Hoy, más que nunca, quien controla el medio, controla el fin. Eso no había sido grave hasta ahora porque los medios eran simples y precarios y no podían transmitir grandes cantidades de información. Pero ahora es posible comunicar instantáneamente a casi toda la Humanidad con una sola idea, una idea que puede cambiar el mundo para siempre o dejarlo como está, ordeñando arte aquí y dinero allá.

Los medios han dominado la técnica de impedir que reconozcamos entre el bien y el mal. Han hecho pasar por bueno algo malo y por malo algo bueno tantas veces que nos lograron confundir. Basta con abrir los ojos al mundo para comprobarlo: las buenas películas sólo se diferencian de las malas en que saben ocultar lo malas que son; cualquier pequeño cambio en la trama que nos han contado mil veces parece una novedad. Nos hemos acostumbrado a que las cosas sean como deben ser, ¡incluso las imaginarias!

Los medios nos han enseñado a imaginar y qué imaginar. Y por mucho que le grite a tu imaginación desde estas líneas (porque así deben imaginarse los pensamientos escritos, como líneas que representan en una pantalla un corazón muerto), no podré hacerte imaginar nada que no haya evolucionado junto al Ser Humano desde que dos neuronas se comunicaron por primera vez por medio de otra cosa.

Y así el Hombre evoluciona lentamente hacia un ser psicofísico pasivo y alejado de la realidad por su propia herencia cultural. Alejado de la naturaleza por la ciudad y alejado del pensamiento por la educación. (Esto nos lleva, claro, a tocar la tónica de la armonía de este pensar que se resiste a la domesticación y cuyo control es esencial para introducir un cambio en la sociedad: la educación es un problema que hay que imaginar seriamente.)

Pero, así como no todos se volvieron escritores cuando aprendieron a escribir ni todos los que aprendieron a leer se volvieron lectores, no todos los artistas se volvieron instrumento de los medios ni todos los medios se volvieron fines egoístas. Al rescate de las excepciones apareció Internet en la trama, de forma inesperada, especialmente para los medios. Cautivó al público con su desconocida libertad al punto de que para muchos fue preferible la libertad de esa pequeña pantalla a la retorcida y manoseada legalidad que dominaba el mundo externo.

Lo que está pasando esencialmente ahora es que Internet comienza a convertirse en un medio para los medios, a ser absorbida por la legalidad que suplanta a la libertad, y en ello se juega gran parte del futuro de la imaginación humana. Porque puedo apostar a que la próxima revolución cultural no saldrá de la burguesía de Holywood, sino de un lugar en donde todos puedan estar en contacto con todos al punto de que no haya tiempo para aprenderse los nombres, siendo más simple que todos seamos simples neuronas anónimas. Porque habiendo libertad, lo único que se necesita defender es la libertad.