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Gestalt: Principio de destino común

La costumbre de fabricar una figura a partir del movimiento de varias partes.
Otra costumbre de simplificación de la realidad que tiene la mente es fabricar una figura a partir del movimiento de varias partes: peces similares y próximos nadando en una misma dirección (código mental: cardumen) son un ejemplo de esto –según me confirmó el prestigioso biólogo marino Fito Plancton–. O sea: cosas que comparten una dirección se perciben como una misma cosa aunque no compartan otras características.

Principio de destino común

"Destino", sin embargo, es un concepto difuso que puede entenderse aquí como en cualquier otra parte no sólo como rumbo y meta, sino también y especialmente en lo abstracto como misión y finalidad. O sea que en la segunda interpretación prevalece un para qué, del que de inmediato la mente se pregunta: ¿quién? Quizás por eso a veces una mente confunde orden con diseño y tendencia con propósito, y otra más vulgar mira coincidencias y ve milagros, cuando las tres parejas son tan distintas y opuestas como son el cómo y el para qué, la sustentación del avión y el aeropuerto...

Que la bandada vuele en una misma dirección y en formación de V se explica por cómo se ha formado dicho orden (es más fácil volar detrás de otra ave) y no con el para qué: la bandada no se forma para permanecer junta, sino porque permanece junta, y no vuela en formación para ahorrar energía, sino porque ahorra energía. Del mismo modo, el canario canta más fuerte cuanto más pequeña es la jaula, y completamente loco estaría quien pensara que eleva su melodía para que más le opriman; canta porque, no para; llora.

A esto el Hombre es una excepción notable. Nuevamente su inteligencia le juega en contra: el ser humano recién venido al mundo rápidamente aprende a llorar-para cuando comprende cómo el mundo responde a su llorar-porque y tiende a creer durante toda su estadía que el resto del universo funciona así también: haciendo a propósito, manipulando, extorsionando.

(En realidad, nosotros no venimos al mundo, sino que el mundo nos trae, el mundo nos hace. Nos hace pero no nos fabrica; somos procesos, no cosas; partimos de un cómo, no de un para qué. El mundo nos compila y nos ejecuta, y en el proceso nos dota de ese sentido estadístico que se traspapela y exorbita a veces hasta hacernos creer que si lloramos lo suficiente algún día un padre infinito nos dará golosinas para toda la eternidad, vendiendo el paraíso al mejor impostor.)

Cinco escarabajos

Ley de tendencia cartesiana común sería un mejor encabezado para este apartado, dejando para el resto de los casos el título de Ignorancia galopante o Pensamiento magicómico. Pero desafortunadamente todo eso parte del mismo principio psicológico y el destino es su origen, su cómo.

Así de simples y pocas son las semillas que crean la variedad de frutos mentales del jardín humano. La mente tiene menos posturas fundamentales que un Kamasutra para tortugas, y con ellas configura el mundo a su antojo. Como no es consciente de esta voluntad de la percepción, la proyecta hacia objetos inanimados o inexistentes y se victimiza ante ellos. No puede admitir que no se conoce a sí misma.

Aunque todos los poetas se unieran para desearlo, el viento nunca existe para mecer las hojas. Las hojas se mecen porque las mueve el viento. Es simple, como la sombra: claro que el Hombre puede plantar un árbol para que dé sombra, pero la sombra existe porque existe el árbol... y el Sol y otros detalles... da lo mismo llamarlo hidroavión que aerolancha; lo importante es el porque, siempre a la sombra del cómo, mientras que menos importa el para qué, emanado de un quién inteligente, potencialmente culpable, redimidor.

Entonces, tener a alguien a quien culpar por el resultado (destino) de las cosas se vuelve fundamental. Tanto es así que sólo hay un monstruo más despiadado, maléfico, indiferente y repulsivo que todos seres jamás imaginados por el Hombre. Es un monstruo que inundó un planeta entero para destruir todas sus formas de vida; ¡ni Hitler llegó a tal extremo! Es un monstruo que personalmente asesinó a cada primogénito de Egipto hasta que no quedó casa sin muerto. Es un monstruo que ordenó a tres mil israelitas matar a sus vecinos, amigos y hermanos por la espada. El monstruo también mandó que se matara a cada niño y a cada mujer que no fuese virgen; afortunadamente, extendió a sus súbditos el permiso de apropiarse de las mujeres sobrevivientes. Y como era un monstruo que descansaba los domingos, ordenó matar a cualquiera que trabajase ese día de la semana (esto sigue vigente). Así mismo, al ver que la gente hacía lo que decía, también ordenó que los padres mataran a sus hijos desobedientes. Y a los homosexuales. Y a las mujeres que no llegaran vírgenes al matrimonio. Adicionalmente, el monstruo ordenó a su hijo difundir una amenaza: cualquiera que no creyese en él sufriría un tormento eterno en un lago de fuego de su creación. Pero en su defensa debo decir que también fabricó un lugar especial para quienes siguieran una pequeña lista de órdenes: amar al monstruo, amar al vecino, no cometer adulterio, no matar, no robar, no mentir y honrar a los propios padres. El hijo del monstruo añadió que si aún haciendo eso no era suficiente, habría que vender todas las posesiones y seguirlo... pero más tarde dijo que sólo podrían seguirlo aquellos que odiaran a su padre y a su madre, a su esposa e hijos, a sus hermanas y hermanos y a su propia vida; además, sería necesario convertirse en un niño y beber su sangre y comer su carne. Finalmente el hijo del monstruo –el peor filósofo de la historia, predicador del miedo al monstruo– apaciguó la ira de su padre ofreciéndole un sacrificio humano, el de sí mismo. Y el monstruo se aseguró de dejar vivas a suficientes personas, porque es un gran admirador de la esclavitud, práctica que aconseja repetidamente en un libro que tuvo el placer de escribir. Allí se observa que el monstruo no sólo es malvado y contradictorio sino también extremadamente mentiroso e ignorante acerca de cómo funcionan las cosas: el universo no puede crearse en seis días ni alcanzar su estado actual en seis mil años; la Tierra no puede inundarse hasta cubrir la montaña más alta; no se puede crear un hombre con barro; no puede existir el día antes que las estrellas... Afortunadamente, hay un lado positivo: el "monstruo" es completamente imaginario y fue creado por gente perversa para justificar sus atroces actos, y otros lo adoptaron para explicar sus destinos pasados y futuros ante la milimétrica confusión del cómo y el para qué, del propósito y el desenlace.


Cierre

Proximidad

Semejanza

Simetría

Destino

Continuidad

Pregnancia