Cibermitanios

La ilusión del vestido y la constancia del color

Sin conocimiento, el dado de la percepción siempre cae del mismo lado.
La gran pregunta filosófica de los últimos días es "¿De qué color es este vestido?". Puede parecer superficial a primera vista, pero ¿qué no lo es a primera vista? Definitivamente no lo es un vestido que cambia de color según quién lo mira. Aprovechemos la ocasión para hablar de ilusiones ópticas, que son en realidad ilusiones mentales, no mecánicas, y de algunas otras cosas convenientemente no relacionadas.

#TheDressEste es el vestido en cuestión, y el problema es que algunos lo ven blanco y dorado (54%) y otros lo ven negro y azul (39%); otro 5% percibe distintos colores, un 2% no está seguro en absoluto y el resto ni siquiera pertenece al 100%. Un verdadero dilema filosófico del que surgen innumerables preguntas...

Por ejemplo, ¿qué pasaría si llevásemos un lobo a la Luna? No lo sé, no soy un buen filósofo.

De este modo banal se mete la ciencia en lo cotidiano: haciendo que la gente se pregunte y debata acerca de la verdadera naturaleza de las cosas y abriendo nuevas preguntas que llevan hacia un conocimiento mejor, más completo.

Obviamente, este vestido no tiene nada realmente particular: es negro y azul. Pero, antes de pasar a las irrefutables evidencias de que así es y a más geniales chistes acerca de animales en situaciones absurdas, pensemos cómo es posible que no todos lo veamos igual...

La imagen como tal no está en el vestido ni en tu ojo, sino que comienza a construirse en el nervio óptico, camino a la corteza visual, donde finalmente la foto es procesada y "revelada". La foto es apenas una partitura para la imagen que existe solamente en tu cabeza, interpretada de modo único e irrepetible.

Tu cerebro entonces descarta la información que considera secundaria, referente al entorno (la iluminación) para intentar extraer el "verdadero" color del objeto (lo iluminado), lo cual recordará a los lectores habituales de Cibermitanios la ilusión del efecto contraste:

Efecto contraste

Lógicamente, los colores de los cuadrados A y B son idénticos en todo momento, como lo es la forma de la Luna pese a sus aparentes cambios de fase. Pero a veces nuestro cerebro falla en distinguir el entorno y, como en este caso, no puede neutralizar el efecto de la sombra...

Mucho menos puede admitir que dos cuadrados del mismo color no estén en la misma diagonal. Así que, si alguien te acusa de orgulloso, no te preocupes: no es tu culpa, es tu estúpido cerebro.

El mecanismo de la ilusión del vestido es similar, pero añade el detalle de los colores vivos, más allá del gris, que es el zombie de los colores, el Plutón de las artes visuales. La ilusión de los cuadrados debería, entonces, modificarse para quedar más o menos así:

Efecto contraste

No caben dudas de que hay dos círculos vivos, pero –¡no vas a creer más en tus ojos que en mí!– ambos círculos son exactamente del mismo color.

Ya sé que estás pensando que un diseñador maquiavélico y frustrado se pasó la vida estudiando defectos del ojo para inventar esta imagen y sentirse importante mencionándolo en algún cumpleaños y que es muy difícil encontrar algo parecido en el mundo cotidiano. Pero no es así. Es decir, no sólo no estabas pensando todo eso, sino que convivimos continuamente con esta ilusión sin darnos cuenta.

Dicen que el zorro tiene muchos trucos pero el puercoespín sólo uno, que le funciona siempre. Yo no sé cuál es ese truco porque cada vez que intenté atrapar un puercoespín para averiguarlo me terminé clavando sus espinas. Es una lástima no poder hacer ciencia por mano propia estando tan capacitado.

El punto es que el cerebro humanos tiene un truco conocido como "constancia del color", un mecanismo que le permite corregir el color de un objeto cuando está bajo diferentes condiciones de iluminación y así poder seguir sintiendo que tiene el mismo color.

Pero el cerebro no está preparado para que el mismo objeto (u objetos idénticos) se encuentren al mismo tiempo bajo diferentes iluminaciones. En tal caso, el cerebro aplica las mismas correcciones por separado. Y en esta ilusión las condiciones son opuestas, por lo que las correcciones también.

Al primer círculo, dado que el fondo es oscuro, lo oscurece para que el contraste no nos haga creer que es demasiado brillante; al segundo círculo lo aclara por la razón inversa. Y no hay mayor secreto; no hay nada en los círculos los haga ser distintos.

Supondrías bien que esto pasa muy a menudo en varios aspectos de la vida y no solamente con figuras geométricas e inanimadas, sino también con objetos muy reales y con abstracciones tan grandes como la libertad, la felicidad y el amor.

¿Podrían dos personas, por el simple hecho de estar paradas bajo "luces" diferentes, parecernos completamente distintas? ¡Pero qué manía de cambiarme el tema! Ahora vamos justo por la mitad de la explicación de la ilusión del vestido...

Si sólo el brillo puede cambiar el color percibido, más lo hace el color de la luz ambiente, y con igual cotidianidad. De hecho, todos tenemos círculos de color pegados en la cara, y la iluminación puede hacernos verlos de maneras distintas. Como ejemplo, observa el color de los ojos del lado izquierdo de cada rostro:

Efecto contraste

Te juro que los seis ojos son exactamente del mismo color: gris. Lo único que cambia es el contexto. El mecanismo de constancia del color, en su esfuerzo por hacer que no creamos que es del mismo color que la luz, cambia el color del ojo completamente. No es un mecanismo muy sutil.

Seamos claros por insistencia: tus ojos –esas cosas mecánicas incrustadas en tu cara– ven perfectamente que los seis ojos son grises. Es tu cerebroespín el que ve cian, amarillo, rojo o vaya uno a saber qué.

Demostración animada de la constancia del color

Pero en el caso del vestido no hay contexto suficiente, así que el cerebro intenta deducirlo, se inventa una iluminación ambiente para darle sentido al color de la tela. Apuesto a que si de pronto nos transportaran a Marte, con el tiempo aprenderíamos a ver azul y verde en los diferentes matices de rojo. A menos que nos transporten sin casco, en cuyo caso apuesto a que gana el dióxido de carbono.

Y esto, no lo de Marte, sino lo de inventar un entorno, eso pasa tantas veces que hasta tiene nombre propio: prejuicio. No somos muy buenos manejando este tipo de situaciones fuera de contexto, pero al menos tenemos la capacidad –y una probabilidad de acertar–.

El punto es que, como le pasaría a diferentes pianistas al interpretar una partitura sin clave, obteniendo unos melodías más alegres que otros, la ausencia de "clave" de la foto nos deja a nuestra suerte entre dos extremos: luz y oscuridad.



Podemos entonces reducir mentalmente la iluminación ambiental (el fondo de la foto), haciendo que el vestido parezca más oscuro, o podemos completar el cuadro a partir de la poca información disponible (mayormente brillante) y que la prenda parezca más clara.

Al mismo tiempo, asumimos una luz natural, amarillenta, o una artificial, más azulada. Ambos tintes están presentes en la foto y no sé con qué "criterio" decide cada cerebro con cuál rellenar el lienzo donde ha colocado la figura que recortó y aisló del mundo, pero lo hace.

En resumen: no sabemos cómo estaba iluminado el objeto al tomarse la foto. Y eso no es ningún pecado. Pero admitamos que estamos predeterminados a imaginar alguna iluminación para poder percibir su color.

Para no dejar dudas de los tres casos, he preparado este video:



Al menos podrías aplaudir, ya que todo esto lo hice gratis. Hasta compuse la música para darte el honor de poder aplaudirle a una pantalla y mejorar como persona al darte cuenta de que siempre se puede ser más idiota.

El problema de todo esto no es la imperfección de los sentidos ni del cerebro, sino nuestra ignorancia acerca de cómo funcionan y nuestra falta de dudas al respecto.

Aceptamos lo que percibimos (y en base a eso pensamos y sentimos) sin tener en cuenta que la percepción es un fenómeno activo y esencialmente interno, algo que se construye de acuerdo a unas reglas más o menos universales, y que sin contexto no hay manera de distinguir entre el estímulo, la interpretación y la posible realidad.

Y, aunque fuera imposible tener certeza acerca de la realidad última, es importante saber que, sin conocimiento, el dado de la percepción cae siempre del mismo lado, convirtiendo la vida en un juego que ni siquiera jugamos. Me voy contento si entendiste que contexto y conocimiento son la misma cosa.

Queda claro que la función del sistema visual no es detectar colores como si fueran precisos códigos de barras, sino deducirlos, ya que las condiciones del entorno siempre afectan al color que podemos captar mecánicamente, sin interpretación del cerebro.

Bueno, imagina lo que pasa con las palabras, que también nos vemos forzados a interpretar. O con los sentimientos propios y ajenos que resultan de las acciones ajenas y propias. O con lo que quieras...

Si realmente nada es lo que parece, tengo una mala noticia: Todo parece algo. Está en uno (ese punto del infinito del que somos responsables) la decisión entre preferir tener razón o acercarse a la verdad.

Cuanto mayor sea el contexto, el conocimiento, más capacitados estaremos para comprender. Y, cuando no sea posible –como en esta ilusión– contar con un marco apropiado, hay ciertas herramientas que podemos usar conscientemente para terminar de construir la percepción.

Una de ellas es la duda. Porque a veces no hay alguien que nos diga que ve lo mismo de otro color. Y porque a veces lo hay pero no lo escuchamos desde nuestro centro del universo.

La duda nada tiene que ver con la indecisión. O sí: Uno duda para poder decidir. De otro modo, nada puede decidir realmente más que tirar una moneda. O peor: un dado cargado.

La duda es la búsqueda consciente de las contradicciones. Aunque eso pueda sonar pesimista, cuando dos ideas opuestas se encuentran, sólo una sobrevive porque sólo puede haber una verdad.

La inteligencia, la capacidad de pensar no basta si no hay cosas acerca de qué pensar, y así lo demuestra el milenario refrán que acabo de inventar: "No hay peor tonto que el que no quiere dudar".