Cibermitanios

Gestalt

Las leyes que conforman la mente humana para interpretar la realidad.
Este es un tema de cuyo conocimiento se puede beneficiar cualquier mortal pensante. Es acerca de las reglas de la percepción, pero no se limita a los sentidos sino que cubre aparentemente todo acto cognitivo, al punto de que si visitáramos un planeta extremadamente grande, dichas reglas nos obligarían a cortar el pasto en círculos, como hacen aquí los extraterrestres...

Prometí escribir sobre esto, sin meditar sobre la amplitud del tema y la importancia de cada uno de sus detalles, lo cual me condujo a ensayar toda clase de tácticas literarias, desde reducir la magnitud de la realidad hasta extenderme hacia sus límites, ninguna de las cuales incluía el indispensable acto de escribir. Así es que, tras debatirme varios días si ser sintético y breve o analítico y extenso, finalmente harto del embotellamiento mental y ciego por la prisa aceleré bajo luces rojas, conduje en contramano, doblé en U, asalté un supermercado (tenía hambre), dividí el tema en tomos y escribí la presente introducción. Esto será –supongo– una Síntesis Analítica Brevemente Extensa.

Al respecto y ya que me deshice elegantemente de toda preocupación que pueda afectar al género académico recién inventado (SABE), podría mencionar la distinción entre tema y rema, pero no lo haré por una cuestión de brevedad y para recordar al lector que está leyendo, es decir, participando activamente de la creación de una obra mediante su interpretación, y que además lee el trabajo de un gran artista. O autista... No recuerdo qué decía el test vocacional.

Como sea, en el capítulo anterior vimos cómo la mente humana interpreta algo según la relación entre sus partes (sí, eso vimos, aunque no lo dije: lo mostré). Dichas relaciones son seleccionadas por diversos mecanismos psicológicos, mientras otros mecanismos seleccionan los mecanismos de selección que se aplican en cada caso...



Eso tiene íntima relación con lo dicho sobre fondo y figura, detalle y contexto, pues así como al ver entre una multitud a una persona que nos gusta ésta pasa inmediatamente a ser figura estelar –y fondo el resto–, el mismo tipo de burocracia mental se da en la introspección, es decir: ciertos procesos se vuelven conscientes mientras otros son relegados a un segundo plano (o quedan directamente fuera de cámara), y todo esto obedece a unos mecanismos de edición psicológica más o menos universales que la Psicología Gestalt ha descrito y que veremos más adelante, si es que en el proceso no se divorcia el matrimonio conceptual espacio-tiempo, en cuyo caso podríamos verlos más atrás.

En cualquier caso, miramos con los ojos pero vemos con la mente, y la presente tarea es comprender que la mente tiene reglas o, más divertido aún, que nuestras mentes son reglas.

El ser humano odia la idea de ser una máquina pero también la ama; por un lado reclama su derecho al libre albedrío y por otro lado se convence fácilmente de comprar yogures para cagar relojes. Pero ¿por qué no deberíamos estar gobernados por leyes, como todo lo demás, cuando es evidente que tenemos un comportamiento más o menos predecible? La casualidad es sólo una rima de la naturaleza. El universo no juega a los dados ni tampoco lo hacen nuestras mentes, y, si lo hacen, es evidente que están cargados. Y hasta los dados y la ruleta tienen reglas de las que no pueden escapar. Somos, sin embargo, plenamente libres de experimentar y descubrir paso a paso esas reglas, y probablemente no haya fenómeno más extraño que esa libertad en todo el universo: saber que uno es libre es la libertad misma [cf. ¿Libre albedrío?].

Antes de mencionar las tendencias ocultas del casino evolutivo en el que ruedan nuestras mentes, el lector deberá disculparme por llevarle por caminos retorcidos: debemos salir del laberinto antes de intentar describirlo. No se puede tener todo a la vez –e incluso si se pudiera uno podría querer tener todo y nada al mismo tiempo, lo cual sería tan improductivo como desear no desear nada–.

Si bien el propósito aquí no es autoayúdico terapéutico sino filosófico, es provechoso señalar que:
  • La terapia gestáltica (en oposición al psicoanálisis) se centra en la percepción del presente, intentando evitar toda "figura" inconclusa que arrastramos desde el pasado (trauma) o que formamos ahora también dejando inconclusa y proyectada hacia el futuro (ansiedad). El individuo sano, para la Gestalt, debe tener en primer plano las cuestiones vitales de su realidad inmediata, debe tener presente el presente.
  • También en oposición a otras técnicas, la Gestalt se propone ayudar a darse cuenta de cómo ocurren las cosas, y no por qué, ya que las cosas tienen múltiples causas que a su vez son efecto de otras causas múltiples que se ramifican hacia las brumas del tiempo (y lo mismo en cuanto a las consecuencias y el futuro); los mecanismos son el cómo que le interesa, o sea, las reglas con las que interpretamos la realidad, incluyéndonos.
  • En pocas palabras, la Gestalt sugiere que para poder conocer el mundo es indispensable conocerse uno mismo. Como seres perceptuales, nacemos dentro de un huevo de cuatro cáscaras concéntricas, cada una más dura que la anterior: los otros, la imagen que los otros tiene de uno, el vacío o la nada y la muerte. El contacto con estas capas genera miedo y evasión del conocimiento, y esta resistencia nos protege pero impide el desarrollo psicológico.
Las palabras clave son, entonces, cómo y ahora. Nótese que "entonces" no pertenece a la enumeración; de haber sido más claro en el enunciado, hubiera perdido la oportunidad de aclararlo. El campo de la percepción está minado de obstáculos como este.

Saliendo de la terapia de regreso a la teoría, aclararé que, formalmente, la Gestalt tiene 13 descripciones de la compleja psicología humana: tres principios esenciales que describen cómo el todo es diferente de la suma de sus partes, cómo un conjunto se percibe como una sola figura y cómo la figura sobresale del fondo; otras tres leyes que describen los mecanismos que influyen en la construcción mental de la figura; una noción global que explica la tendencia inevitable a seleccionar una interpretación concreta y lo más simple posible; y los seis principios restantes que detallan cómo se constituye dicha noción.

Aquí, sin embargo, veremos todo reinterpretado informalmente, así que el lector es libre de quedarse en ropa interior, epidermis o esqueleto según le siente más cómodo a su retorcida psicología.

Lo importante en este momento es que la figura es figura únicamente por las relaciones entre las partes que la mente encuentra y refuerza o descarta, que de pronto se tornan más contundentes que otras en el todo contextual –aunque no haya realmente separación entre el individuo/objeto y su entorno o sus propias partes de infinitesimal detalle–. En este contexto, incluso la idea del "yo" es una mera figura, y en el devenir de este discurso con suerte (mucha suerte, como la de alguien que cuando el doctor le pide que saque la lengua se gana otro helado) comprenderás lo que eso realmente significa.

Terminaré este prólogo diciendo una cruda verdad, porque al cocinarla perdería su valor nutritivo: la mente es un submarino y la consciencia es su periscopio; la mente es un iceberg y la consciencia es su punta; la mente es una computadora y la consciencia es su pantalla; lamente que no ponga más ejemplos si no capta la idea: no tenemos contacto directo con la realidad, sino que la construimos, y sobre el funcionamiento de esa construcción tratarán las siguientes páginas. La mente configura sus percepciones siguiendo relaciones, y la aparente solidez de esas relaciones se debe, según la Gestalt, a estas principales leyes:


Cierre

Proximidad

Semejanza

Simetría

Destino

Continuidad

Pregnancia