Cibermitanios

Nuestro segundo cerebro

¿Sabías que tenemos otro cerebro? Está en nuestro sistema digestivo y, si bien no sirve para pensar, se encarga de procesar ciertas emociones...
¿Sabías que tenemos otro cerebro? No es una metáfora ni un chiste sexual. Además del de la cabeza, gracias al cual estás leyendo esto, hay otro cerebro ubicado en tu sistema digestivo. Tiene unos 100 millones de neuronas (contra los 100.000 millones del otro cerebro) y, si bien no sirve para pensar, se encarga de procesar ciertas emociones y movimientos fundamentales para la vida...

El sistema nervioso entérico es una red de neuronas que recubre los intestinos y está presente en todos los animales vertebrados. Este pequeño cerebro puede operar de forma autónoma, aún si se cortan sus conexiones con el resto del sistema nervioso.

El término "segundo cerebro", que puede sonar un poco pretencioso para algo que reside en las cloacas del organismo, hace referencia a su capacidad para procesar y enviar información independientemente del sistema nervioso central, a partir de estímulos sensoriales. Sintetiza sus propios neurotransmisores (dopamina, serotonina, etcétera), posee todos los tipos de neuronas conocidas y crea sinapsis al igual que cualquier cerebro (esto significa que puede aprender), de manera que llamarlo "segundo cerebro" no es una metáfora -como el tercer ojo o la tercera pierna-, pero tampoco significa que su función sea similar a la del cerebro que usa los sombreros.

Por lo demás, es un órgano muy poco estudiado, a pesar de que varios especialistas vienen luchando desde hace décadas por crear una neurogastroenterología que devele sus oscuros misterios.

En un principio, se creyó que servía sólo para controlar los intestinos, ya que éstos no tienen conexión directa con el primer cerebro. Pero luego se descubrió que además realizaba otras funciones de gran importancia.

Sistema nervioso

El cerebro intestinal también trabaja como una extensión del cerebro principal. Cuando recibe señales de alerta enviadas por el jefe -que está cómodamente protegido por el cráneo del último piso-, se dedica a evacuar los intestinos. Y hay una buena razón para esta aparentemente inconveniente decisión de cagarse en las patas: un golpe o, peor, hacer enojar a los tres mosqueteros podría crear una infección mortal en los intestinos, a menos que estén lo suficientemente limpios. Es preferible -razona el segundo cerebro- que el desastre esté afuera.

CerebrosPero este trabajo sucio (y vital) no le impide a las tripas tener una compleja psicología intestinal que hasta pueda dar origen a trastornos de la salud -incluso mentales-, lo cual inevitablemente termine repercutiendo en nuestra conciencia. Este tema se está estudiando con mucha (demasiada) tranquilidad y los avances son pocos y poco conocidos. Y poco es lo que puedo contar al respecto, pero me parece un tema lo suficientemente extraordinario como para dedicarle al menos un par de preguntas sin respuesta.

Entre las ideas que se especulan y que más seducen al cerebro superior, a quien no le vendría mal tener un amiguito más humilde, está la idea de que este extraño sistema nervioso es responsable de una gran parte de nuestros sentimientos. Pareciera que -más allá de los movimientos digestivos- los intestinos procesan ciertas emociones primarias, especialmente las relacionadas con el peligro, como el miedo y el amor. Pero, si ya es difícil estudiar la materia gris, imagina lo poco que le preocupa a los neurólogos y psicólogos andar tocando este cerebro que tiende más bien hacia lo marroncito.

A pesar de todo, se ha comprobado que es mayor la información que fluye desde el cerebro de abajo hacia el de arriba, de modo que alguna misión importante debe tener. Algunos investigadores creen que allí se originan muchas decisiones inconscientes, que más tarde el jefe gris procesa a su modo, racionaliza. (Muchas civilizaciones precolombinas creían algo así, y también algunas corrientes de la psicología moderna; algunos de los personajes más inteligentes de la Historia -como Aristóteles y Marilyn Vos Savant- especularon que ciertos pensamientos podrían originarse fuera de la cabeza.)

La pregunta más intrigante es: ¿Tenemos un estómago con una mente propia?

Por lo que sabemos hasta ahora, puede haber cualquier cosa ahí dentro. ¿El inconsciente? ¿El instinto? ¿La contraseña del email? ¿La valentía? ¿Mariposas? En cualquier caso, técnicamente, se trata de un cerebro inconsciente que sin dudas nos asombraría si pudiera hablar (no, los pedos no cuentan).