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La creatividad, el problema de la vela y la patología del burro verde

Algo que bastaría para cambiar a la Humanidad para bien.
Hace 40 años, los psicólogos descubrieron mediante un experimento algo asombroso. Ese descubrimiento realizado en el ojo de un oscuro tornado capitalista bastaría para cambiar a la Humanidad para bien, sólo que casi nadie lo conoce, y los pocos que lo conocen son demasiado pocos para atreverse a salir de la calma alrededor de la cual gira y se persigue y se consume a sí misma la sociedad que conocemos...


El problema de la vela


"El problema de la vela" es el experimento al que los psicólogos sometieron a unos voluntarios. Consiste en resolver una pequeña tarea creativa con un grupo de objetos preestablecidos. En este caso, se trata de que, con una vela, una caja de fósforos y una caja de tachuelas, se consigue sostener una vela encendida contra la pared sin derramar cera en el suelo.



No hay otra cosa que estos elementos de la imagen, además de la pared y el suelo, que no se debe manchar. Y no vale usar el cuerpo ni pedir milagros a un famoso por teléfono.

Por supuesto, lo primero que la gente intentará es clavar la vela a la pared, pero esto no evitará que la cera llegue al piso. Otros querrán derretir el costado de la vela para fijarla a la pared, pero tampoco dará buen resultado. Es probable que en ambos casos haya que llamar a los bomberos.

Pero con un poco más de tiempo cualquiera dará con la solución correcta, o la que al menos es más satisfactoria y simple y que te hace abrir la boca como cuando te explicaron por primera vez que la Tierra es sólo un planeta que gira alrededor de una estrella llamada Sol.



Esta solución de utilizar la caja de las tachuelas como portavela no requiere un ingenio monumental, pero sí un mínimo pensamiento lateral para ver en las cosas una funcionalidad no convencional, que a fin de cuentas es como empezó todo: sentándose en una piedra, como El pensador.

El cuadro cambia por completo pero naturalmente cuando se perciben la caja y su contenido como cosas separadas, con funciones no limitadas a las relaciones que hay entre ellas.



Este pequeñísimo cambio de enfoque se llama "creatividad". Pero no voy a insultarte escribiendo sólo para decir eso. Lo curioso no es la solución en sí misma, y ni siquiera lo es el proceso creativo. En los experimentos, había otra variable a la que los sujetos estaban sujetados: un incentivo monetario...

A uno de los grupos de voluntarios se le había prometido una pequeña suma de dinero si lograba resolver el problema. Al otro grupo simplemente se le pidió que lo hiciera.

La revelación es que, a contracorriente del sentido común, el primer grupo tardó mucho más en arribar a la solución del acertijo. Y tras décadas de repetir este experimento y otras de sus variantes más complejas, la conclusión fue siempre la misma: tener un incentivo externo disminuye la capacidad creativa.



No es un gran secreto para los artistas, pero puede cambiarle la mentalidad a otros miembros de esta sociedad absoluta y ridículamente basada en estúpidos incentivos materiales donde casi nadie tiene la oportunidad de poner en práctica su creatividad, ya que la verdadera motivación es interna.

Este problema, obviamente, viene de la educación -la mala educación, que es la única que tenemos-. Más tarde, al problema lo incentiva nuestro sistema económico, que se postula como la única forma de sobrevivir en este planeta, aunque en realidad sea un invento relativamente nuevo y casi injustificable.

Pero está bien. Esto no es un ataque quijotesco hacia el sistema. Tiene que haber alguna forma de economía social, y, honestamente, no es mi problema. Pero...


La Creatividad Vs. la Patología del Burro Verde


Mi problema es cuando el sistema económico empieza a apoderarse de nuestras mentes y nos hace pensarlo todo en función de un valor que no sólo es ficticio sino que ni siquiera está relacionado con el esfuerzo que requiere.

Es mi problema porque el mundo en el que vivo mejora gracias a la gente creativa. Es mi problema porque la gente incapaz de crear me aburre a tal punto que prefiero la compañía de un perro, que al menos nunca olvida cómo jugar.

Es nuestro problema porque nos acostumbraron a creer que hay que hacer "lo que sea necesario" para vivir, y por si fuera poco nos dijeron además qué es "lo necesario", de modo que nos queda poco para elegir, realmente.

Es un problema global porque las personas que así viven suelen terminar diciendo "no tengo imaginación", cuando en realidad lo que no tienen es libertad -acostumbradas a correr tras una zanahoria verde que les dice exactamente lo que tienen que hacer y cómo hacerlo-.

En un acto creativo, en cambio, uno persigue el valor del trabajo mismo, especialmente de un trabajo bien hecho, de una solución eficaz y elegante, satisfactoria, que pague por sí misma el trabajo realizado, ya sea un portavela improvisado, una canción de cuna o una solución para la pobreza -todas cosas que realmente no tienen precio-. El trabajo creativo y su valor son como mínimo equivalentes y por lo general -y por definición- el valor es mucho mayor -o no valdría la pena-.

Pero cuando la cultura toda y la mentalidad individual adoptan el mismo esquema del sistema económico, interponen demasiados pasos entre el trabajo invertido y la verdadera ganancia, y así el trabajo se pierde tanto como el objetivo, diluyéndose en un mar de abstracciones y papeles de colores. La distancia entre el esfuerzo y la recompensa es tan grande que es imposible discernir qué es lo verdaderamente necesario para lograr lo que uno ya olvidó que quería hacer en primer lugar. Y recuerdo que no estoy criticando al sistema económico, sino a su invasión a otros aspectos de la vida.

La buena noticia es que el hecho de que participemos -por la razón o sinrazón que sea- en un sistema monetario no implica en modo alguno que todo en nuestras vidas deba regirse por él. ¿Acaso porque trabajo y me pagan dinero debo comprar cosas? ¿No puedo tener una huerta o tejer mis propios calzones, fabricarme una bicicleta o escribir un poema o hacer cualquier otra cosa medianamente creativa?

Claro, hay una verdad que no todo el mundo se anima a enfrentar: el trabajo del hombre creativo es mucho, pero mucho más sacrificado que cualquier otro: debe pensar por sí mismo, elegir su camino a cada paso sin instrucciones, generalmente en soledad. Pero los artistas, inventores y filósofos están aislados no tanto por amar la soledad como por odiar la compañía mediocre, la de aquellos que no pueden hacer su propio camino para vivir creativamente, auténticamente.

El hombre creativo no estaría en soledad si hubiera más hombres creativos, eso es seguro. Sería continente si el resto que es mayoría no lo aislara. Los otros, quienes para Heidegger son algo menos que zombies, viven cómodamente en lo ya creado, sin preocuparse jamás por si está acaso creado bien.

Y es que el peor enemigo de la creatividad es la comodidad. Mejor, yo hago "mi" trabajo, y que los calzones me los teja algún esclavo de Nike. Y que las cosas importantes y bellas las hagan otros, porque yo malgasto ocho horas diarias de mi vida haciendo lo que me dicen que haga, cómo, cuándo, dónde y con quién me dicen que lo haga y sin saber siquiera para qué lo hago, y gracias a eso me ahorro el trabajo de vivir a propósito.

No es momento para entrar en los detalles de la creatividad (aunque prometo hacerlo en otra ocasión). Por ahora, debería bastar con pensar en el burro verde cada tanto y recordar que creativo es aquello que es producto directo de un trabajo sin planos, sin prejuicios y, especialmente, sin cadenas.