Cibermitanios

CONAE: Argentina con un ojo en el espacio

Argentina está planeando construir su propio Cabo Cañaveral para enviar naves al espacio.
La organización equivalente a NASA en Argentina, CONAE, está planeando construir su propio Cabo Cañaveral para enviar naves al espacio. No es que vaya a haber astronautas haciendo asado en la Luna, menos con el precio actual de la carne, pero los primeros pasos incluirán la puesta en órbita de un sistema de satélites bastante original, con una tecnología 100% argentina...


El proyecto


Argentina ya tiene tres satélites propios en órbita, pero todos fueron lanzados por NASA. Y desde hace varios años que Argentina fabrica satélites para otros países, en algunos casos con vueltas de tuerca más que interesantes.

El caso es que ahora se planea crear una flota propia con características muy innovadoras...


Tecnología segmentada


Esta tecnología se basa en que, en lugar de complejos satélites multitarea, se lanzarán muchos microsatélites con una funciones específicas y capaces de funcionar en conjunto, facilitando el reemplazo de partes averiadas y la adición de nuevos instrumentos sobre la marcha, sin necesidad de costosas reparaciones en el espacio.

Sería un verdadero enjambre de satélites, estando cada uno muy cerca del otro (hasta 30 metros), interconectados virtualmente a través de un satélite "madre" que los mantendría sincronizados y que a su vez haría de enlace con Tierra (la burbuja que nos mantiene vivos).

Para que los cibermitaños lo entiendan mejor: hablamos de satélites plug and play. Si se rompe una cámara infrarroja, por decir algo, se envía una satélite-cámara que inmediatamente se acopla a la red espacial y reemplaza al anterior. Esto no sólo abarataría los costos, sino que reduciría los tiempos normales de meses a días.


Tronador II


CONAE creó una división llamada VENG, equivalente al JPL norteamericano, que a su vez orquestará todos los instrumentos del plan espacial y que en este momento está realizando los primeros ensayos.

El plan de VENG incluye crear una nueva generación de cohetes. El primero de ellos, el Tronador I, está siendo desarrollado para probar los nuevos motores y su exclusivo sistema de guiado automático. El Tronador II sería la versión refinada que llevaría las cargas al espacio, y sería más o menos así:

Tronador II

La base de lanzamientos se levantará -casi seguramente- en Puerto Belgrano, por su ubicación estratégica relativa al mar y porque su base naval ya cuenta con parte de la infraestructura necesaria. La idea es que Argentina esté en órbita en el año 2013.


Los problemas


La base es la parte más conflictiva del plan. CONAE debe construir su propia lanzadera espacial, y tal es el proyecto presente: ambicioso, revolucionario y posiblemente poco realista.

  • Ambicioso porque se planea concretarlo en un tiempo récord (¡tres años!) partiendo de cero y sólo con materia prima argentina, incluyendo la materia gris. Con este hito, Argentina no sólo estaría en el ámbito de los líderes tecnológicos del mundo, sino que muy posiblemente estaría en el primer puesto, por la clase de tecnología que debería crear para lograrlo.
  • Revolucionario porque utilizará ideas nunca usadas. El concepto que está amasando CONAE es completamente nuevo en el campo y podría llegar a ser el plato fuerte del país. Sin embargo, la revolución nunca es fácil, y aún resta ver si siquiera dejarán que CONAE comience la etapa de horneado...
  • Poco realista porque en un país como este se cambia de opinión como de preservativos. No es que sea imposible: de hecho, Argentina está hoy en condiciones económicas y tecnológicas de crear una de las mejores lanzaderas espaciales (aunque dudo que en tan poco tiempo). Pero, especialmente, temo que los argentinos no estén preparados para entender la importancia de este proyecto y que seguramente habrá trabas muy grandes, y no me refiero a Florencia de la V.


Si tu mente es argentina, hay dos cosas que ya se habrán instalado ella: una especie de orgullo futurista y la correspondiente indignación contra el mal uso de los fondos, habiendo muchas otras cosas que solucionar.

Adelantándome a que los argentinos comenzarán a dividirse en dos grupos de acuerdo con sus opiniones, básicamente, "¡bien!" y "¡al pedo!", y sabiendo que será muy fácil elegir por las razones equivocadas, me pongo nuevamente el traje de abogado (del diablo) y contaré algunas cosas que por ahí no son tan evidentes...

Ninguna nación humilde puede asomarse entre los monstruos, ni siquiera para tomar una bocanada de aire, si no se apoya en la ciencia. No se trata de que sobre dinero, sino de fabricar oportunidades para una mejor educación y mejores salidas laborales, oportunidades sin las cuales la pobreza -y, luego, la inseguridad- no pueden desaparecer.

Hoy, son sólo seis los países que poseen esta capacidad tecnológica, y no es por razones económicas. India, por ejemplo, es uno de los países más pobres del mundo, pero tiene las mentes más brillantes y ya puso varias naves en el espacio; Estados Unidos gasta casi todo su presupuesto en guerras, al punto de que NASA hoy prácticamente no tiene financiación gubernamental... Y son estas actividades científicas las que llevan el estandarte del progreso de cada país.

Y no olvidemos que muchos de los inventos más revolucionarios de la Historia, que hoy son cotidianos, nacieron o evolucionaron gracias a las necesidades espaciales (el velcro, el teflón, la tomografía axial computarizada, las herramientas inalámbricas, el detector de humo, el reciclaje de agua, el GPS, una gran cantidad de materiales nuevos e incluso el joystick, entre muchas otras cosas). Y a Argentina le sobran mentes creativas.

Pero esas serían excusas. Veamos cosas más concretas...


Beneficios de un programa espacial argentino


Tener un ojo en el cielo es fundamental para la evolución social. La lanzadera espacial -con su red de satélites- creará beneficios indispensables en varios sectores:


Sectores agropecuarios, pesqueros y forestales


Con 4.725 km de costa, el punto de vista lo cambia todo: en lugar de dar un millón de vueltas para encontrar atún, un barco podría dirigirse directamente hacia el cardumen si pudiera ver desde arriba. Al mismo tiempo, la actividad pesquera podría regularse de manera omnisciente, quizá sancionando a los abusivos con un rayo láser caído desde el espacio. Y, lo más importante: saber exactamente cuántos peces quedan en "stock" definitivamente llevará a tomar decisiones más sabias que, al final, significarán una mejor economía.

Los beneficios también serían muchos en la agricultura: contando la cantidad de cultivos de cada especie pueden prevenirse molestas insuficiencias alimenticias y sus viejos y queridos aumentos irracionales de precio; del mismo modo, puede anticiparse la capacidad de almacenaje necesaria para una cosecha; pueden prevenirse las grandes pérdidas ocasionadas por plagas que se detectan demasiado tarde, además de minimizar el uso de pesticidas y fertilizantes al aplicarlo sólo en las zonas necesarias. Todo esto sin mencionar los beneficios del análisis del espectro electromagnético (magia), tan preciso que podría decirnos si un campo de mil hectáreas es fértil o si a la maceta de tu planta le falta una gota de agua.

A los bosques tampoco les vendría mal una mirada desde el cielo y una voz que diga "basta para mí, basta para todos" cuando los fósforos den más sombra que los árboles, punto del cual Argentina está peligrosamente cerca.


Clima, hidrología y oceanografía


Para que de una vez por todas las viejas se terminen de quejar del clima y sepan una semana antes que va a llover. Pero también para otras cosas menos importantes, como controlar los cursos de agua potable, la concentración de CO2 en la atmósfera, los cambios en la formación de nubes, el aumento de la temperatura, etcétera.

Al igual que a nivel global, Argentina debe devolver al espacio la misma cantidad de energía que recibe del Sol. De ese equilibrio depende el bienestar del ecosistema, del que a su vez dependen las industrias que lo explotan, de las que al mismo tiempo depende la economía nacional (y, en consecuencia, todo lo demás). Actualmente se desconocen esos datos tan importantes que cambian minuto a minuto.

Además, cada región del mundo posee sus propio conjunto de reglas climáticas (a eso debemos agradecer la escasez de maremotos y tormentas de nieve) y es necesario un estudio particular de sus factores.

Ni hablar del control de emisiones de gas de efecto invernadero1, que actualmente es nulo y representa el factor más importante dentro del clima, y de la emisión de CFCs que afectan al agujero de ozono, que actualmente está fruncido pero que nunca se sabe cuándo nos puede cagar (Argentina está casi justo debajo de él, y se calcula que sin el tratado de Montreal, hoy bastarían 5 minutos al aire libre para provocar quemaduras en la piel).


Prevención y asistencia para desastres naturales


Allí donde el humo, el agua y las cenizas no dejan ver, la percepción remota de los satélites tiene pase VIP, incluyendo incendios, sequías, inundaciones, terremotos, erupciones, tornados, avalanchas... y no tan naturales, como los derrames de petróleo, la abducción de vacas por parte de alienígenas y la construcción de aeropuertos privados en La Rioja. También podría salvar vidas al detectar accidentes en zonas aisladas o ubicar, por ejemplo, montañistas perdidos cuando la noche o la niebla impiden a los rescatistas trabajar.

Por ejemplo, una erupción volcánica no se puede evitar, pero se puede prever con sensores satelitales que midan cambios ínfimos de temperatura y emisión de gases para alertar a la población. La desgracia, en resumen, sí se puede evitar. El conocimiento satelital del terreno también permite crear simulaciones matemáticas de un desastre y tener un plan de emergencia adecuado a cada región.

Finalmente, problemas tan importantes como las sequías pueden predecirse desde el espacio con meses de anticipación, pero requieren una constante vigilia de muchos factores para la cual actualmente no hay recursos.


Vigilancia del medio ambiente y los recursos naturales


Esencial para estudiar las repercusiones de la industria (contaminación) en el suelo, el aire, el agua y los seres vivos y la disponibilidad de recursos naturales, aún tapados por kilómetros de tierra o agua.

Los satélites contarán con toda clase de sensores, no sólo cámaras fotográficas, y podrán medir mejor que cualquier dedo la densidad del hielo y la nieve, las anomalías químicas en el mar y cualquier partícula peligrosa que ande en el aire.

Los yacimientos de gas natural, que están desapareciendo en todo el mundo, serán cada vez más difíciles de encontrar. En pocas décadas se acabarán por completo, y ahí te quiero ver. Esta tecnología puede ayudar a descubrir pequeñas reservas que hagan la crisis más soportable.


Epidemiología y gestión de la salud


Incluyendo la lucha contra el dengue, chagas, hantavirus y otras plagas de las que hoy son víctimas cientos de miles de argentinos. Desde el cielo también es posible detectar, contener y contraatacar el surgimiento de un virus. Además, pueden detectarse y anticiparse otros problemas sanitarios que van desde la contaminación del agua hasta niveles de radioactividad (nunca digas nunca). También haría posible la asistencia telemédica, utilizando las mismas tecnologías con que se vigila y medica a los astronautas en órbita.

Sólo por mencionar lo más evidente y predecible, sin contar los avances en cartografía, seguridad, urbanización, política internacional, etcétera. Y ni siquiera hablé de astronautas.


Hay que ser bastante terco para negarse a tener estas ventajas, por mucha pobreza o analfabetismo que pueda haber. De hecho, para hacer algo como esto, no se puede esperar a que se solucionen los otros problemas. Al contrario: este proyecto es parte de la solución.

Además, si tomamos el ejemplo de los otros países pioneros, la ciencia nunca fue una decisión del pueblo, y, en realidad, a eso debe su éxito (y el éxito científico es progreso para las masas, es todo lo que estás usando en este instante).

Espero que los gobiernos sobre los que recaigan las decisiones hasta el 2013 sepan decidir en base a intereses más elevados que el "qué dirán". Pero veamos, mientras tanto, qué dicen ustedes...