Cibermitanios

Sonrisas verdaderas y sonrisas falsas

Pon a prueba tu capacidad de distinguir las sonrisas de corazón.
Curiosamente, la de alegría es la más ambigua de las expresiones. Aprendemos a fingir esta carta diplomática en sociedad por razones obvias, aunque generalmente no somos capaces de interpretar la ficción en rostros ajenos. Los seres humanos sonríen por alegría pero también por ansiedad, miedo, vergüenza, venganza, hipocresía y chat. Veamos cómo está tu percepción de las sonrisas ajenas...


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Cómo detectar una sonrisa falsa


Un reciente experimento científico que analizó los movimientos oculares de los participantes comprobó que el punto del rostro donde posaban la mirada en el primer instante era decisivo para la interpretación de las emociones ajenas. En una cara con sonrisa alegre y ojos tristes, por ejemplo, ese primer instante hace toda la diferencia en nuestra interpretación...

Si vemos unos labios sonrientes, somos instantáneamente inducidos a percibir una emoción positiva y, aunque una fracción de segundo después detectemos gestos contradictorios en otras áreas faciales (o una pistola en la mano), el cerebro ya ha sido engañado y confundido.

Esto es problemático porque el cerebro está programado para iniciar el reconocimiento facial por la zona de la boca. Quizá sea un instinto primitivo para distinguir a la abuela del lobo disfrazado, al amigo del enemigo. Y quizá sea por esto que sonríen los políticos en las fotos promocionales (tal vez por maldad, porque yo no estaría muy feliz si fuera un político honesto que sabe el trabajo que le espera... y, si embargo, parecen felices todo el tiempo, como los brasileros).

Pero esta confusión no se da en tal grado si primero anclamos la vista a los ojos de la otra persona –concluye el estudio–. La sonrisa genuina involucra muchos músculos que reaccionan en 0,01 segundos, pero el más remarcable de ellos es el músculo orbicular, que, como su nombre sugiere luego de descartar el primer chiste sexual, se encuentra al rededor de los ojos.

Prácticamente nadie puede mover el músculo orbicular a propósito, como nadie puede tener verdadero hipo o estornudar a voluntad. El motivo es que los movimientos conscientes y voluntarios ("fingidos") nacen en la corteza motora del lóbulo frontal del cerebro, mientras que los inconscientes y espontáneos ("genuinos") se generan en los ganglios basales siguiendo órdenes del sistema límbico, es decir, de los estímulos sensoriales y las emociones.

Eso implica que, al fingir la sonrisa, debemos pensar los movimientos musculares, generalmente con desastroso desenlace en parte por nuestro pobre conocimiento de lo que realmente ocurre en el rostro al sonreír de verdad y en parte porque algunas áreas del cuerpo simplemente no se pueden controlar. Te reto, si no me crees, a que intentes a fingir un latido de corazón.

Sonrisas genuinas y fingidas en el cerebroSonrisa genuinaSonrisa fingida

Para que quede más claro: la sonrisa verdadera surge exactamente del mismo modo y lugar que la erección ante el estímulo erótico (no se puede fingir ni controlar). Hablando de sexo: el término "sonrisa" es una mutación del latino "sub risus" y significa "por debajo de la risa"; la sonrisa es un precedente de la risa como el gemido es del orgasmo, y la risa genuina es tan escasa como el orgasmo femenino, que muchas aprenden a falsear con una mueca sonora que apenas se asemeja a una triste sonrisa, olvidando que es algo que se siente con todo el cuerpo. Sí, todo se puede hacer una metáfora sexual.

Aunque una sonrisa actuada nunca sería neurológicamente parecida a una auténtica, posiblemente podríamos aprender a fingirla mejor, pero eso requeriría reconfigurar prácticamente todo el cerebro porque la cantidad de recursos (neuronas) que el cerebro invierte en el movimiento de la boca es muchísimo mayor que la destinada a los ojos y otras partes, como lo explica mi amigo, el homúnculo moto-sensorial...

Homúnculo

El volumen de cada parte de su cuerpo representa la cantidad de neuronas que procesan el movimiento y la percepción sensorial de esas mismas partes (excepto en el caso de Poronguetti). Se comprende que semejante mentira como una sonrisa falsa requiere coordinar demasiadas neuronas y que la mentira no sólo tiene patas cortas: tiene todo desproporcionadamente pequeño comparado con la boca y las manos.

Es muy probable que el cerebro proyecte ese mapa de "neuronas por músculo" en los cuerpos ajenos, dándole así también más importancia a la percepción de la boca que a la de los ojos, y la buena noticia es que esto sí se puede modificar para juzgar sonrisas, ya que sólo requiere entrenar la vista para observar el músculo orbicular: si no se mueve, es mala señal.

Músculos orbiculares

En resumen, para distinguir la autenticidad de una sonrisa, dado que en la expresión de la boca no se puede confiar, lo más importante son los ojos, siempre rebeldes y sinceros (después de todo, son las ventanas del alma cerebro). Es un gesto la sonrisa genuina que no se puede contener ni predecir, como el hipo, las cosquillas o la combustión espontánea (nunca me pasó, pero he intentado fingirla sin éxito).

Hasta hoy, la Mona Lisa sigue confundiéndonos (y no hay nada especial en su gesto que no hayamos visto en miles de fotografías actuales con sonrisas posadas y ojos de "¡termina el **** cuadro de una vez!). Y eso es porque le damos a los labios una importancia superlativa –quizá también porque por allí salen las palabras–. La realidad es que nos comunicamos con todo el cuerpo y, de hecho, la boca es una de las partes que mejor sabemos manipular: es la única con la que podemos mentir.

Toma el test nuevamente para ver si mejoró tu percepción :)