Cibermitanios

Cómo elegir a una mujer para reproducirse exitosamente

Asómate a los más inquietos laberintos que puedas imaginar: la mismísima fuente de los misterios, ¡la impenetrable naturaleza femenina!
La gente me detiene por la calle y me grita: ¡Profesor, Profesor, ¿puede ayudarme a ser más sexy, inteligente y modesto, como usted?! –¡Claro que sí! –respondo yo, y me subo a la vereda para que no me pise un tranvía–. Sólo sigue mis consejos, pequeño monstruo insignificante, ¡y te convertirás en la más grande obra de arte jamás soñada por los dioses del sexo y de la ciencia!– Y la multitud se reúne a escuchar mis secretos...


Penetración Introducción


El cuerpo de una mujer habla acerca de su psique y otros accesorios ocultos o potenciales, y lo hace sin siquiera moverse: a través de su mera existencia habla la naturaleza. Charles Darwin asentó las bases para estudiar correctamente ese lenguaje de las curvas, y gracias a su obra pude explorar, como él salvajes junglas e infértiles desiertos, el cuerpo y la mente de la mujer. Hoy compartiré algunos de mis hallazgos con esta afortunada y afrodisíaca audiencia, no sin antes aclarar que cada una de estas revelaciones se erige sobre robustos principios evolutivos y que mi amistad con Darwin sólo se vio truncada por su temprana muerte y mi posterior nacimiento –aunque no lo culpo por haber tenido ese último gesto de grandeza al morir y dejar espacio en el mundo para un genio como yo–.

Comprender el lenguaje de la evolución es indispensable para cualquier turista de cuerpo ajeno, y en seguida entrenaré tu mente para que sea aguda y precisa como la brújula, certera como un golpe de Bruce Lee, directa como Newton con sobredosis de Viagra, con el estilo de un ángel en caída y la técnica de mil demonios en la cama. Presta atención a este servidor –el único ser humano con dos cromosomas Y– y transfórmate en algo nuevo, más allá de lo meramente animal; asómate a los más inquietos laberintos que puedas imaginar: la mismísima fuente de los misterios, ¡la impenetrable naturaleza femenina! Pero es suficiente introducción. Te mostraré mis secretos sobre el arte del sexo, el único que domino mejor que el de la penetrante exageración.


Las partes del cuerpo femenino


Enamorarse de una mujer por su figura no es extraño y no debería se reprochable. Ésta dice mucho sobre su salud, especialmente sobre la reproductiva. Miremos de cerca estos detalles que pueden servir tanto al varón para elegir una buena pareja como a la mujer para entender que lo importante no es el peso (ella podría pesar 101 kg pero llevar 50 en cada teta), sino la armonía entre las partes.

A saber, las partes importantes de una mujer son tres:

1 Las caderas, un bien muy vigilado por el inconsciente masculino porque las que son amplias garantizan, por un lado, un parto más seguro, entre otras cosas más placenteras, por el otro lado. Curiosamente, el término "placentero" aquí utilizado está notoriamente ligado a la palabra "placenta", y ambos significan "acogedor"; y más curioso es que alguien haya asociado el placer con flotar en un líquido a oscuras sin preocupación alguna durante nueve meses. Para más curiosidad, nótese que originalmente este término latino se utilizaba para describir pasteles planos. Finalmente, la palabra "placebo" también proviene de la conjugación placere, equivalente a "tendré placer". Ante cualquier inconveniente para deducir el significado de estas curiosidades etimológicas, ¡oh, libidinoso educando de Eros y Afrodita!, remite la duda a un pastelero romano o bien mira la película American Pie.

2 Los senos, que, si son grandes, lógicamente indican que no le faltará al niño alimento ni entretenimiento. Se trata otra vez de una preferencia meramente evolutiva que redime las conductas y comportamientos muchas veces tildados de obscenos (no todo es sexo, y te defraudará saber que la etimología de esta última palabra no tiene nada que ver con los senos –que por su parte significan "curvas" o "huecos"–, pero sí con lo que queda "fuera de escena", como lo que habitualmente involucra a los pechos, que las mujeres aprovechan para mostrar impúdicamente cuando amamantan porque los tienen más grandes, aunque en dichas exhibiciones pierden toda la gracia ya que las inexpertas crías humanas arruinan la escena al utilizarlos del modo incorrecto). Anota, pequeño íncubo del ciberespacio: "Grandes pechos para niños satisfechos".

3 La cintura, tercer capítulo del tomo femenino de la naturaleza humana, de relevancia vital puesto que la grasa que allí se deposita depende (aparte de dietas y ejercicios) directamente de las hormonas: una equilibrada cantidad de estrógenos hará que las mujeres tengan cinturas de un diámetro cercano al 70% del de sus caderas, por ejemplo: XX-60-86, XX-63-90, XX-77-110, XX-91-130, etcétera. En segundo lugar, lascivo sátiro de las encrucijadas entre el deseo y la razón, esta relación depende de las reservas de omega-3 y omega-6, grasas que confabulan respectivamente a favor y en contra del desarrollo intelectual, por lo que las curvas de dichas proporciones son también un signo de inteligencia. El famoso 90-60-90 está por lo tanto levemente desequilibrado y es preferible sumarle unos centímetros al término central.

Este último punto es de gran importancia evolutiva porque las variaciones epigenéticas (es decir, que se producen en el ADN durante la vida del individuo) pueden ser hereditarias y favorecer, en este caso, a las características cognitivas del posible ocupante del mencionado sensual recipiente; es decir: lo que come la madre –incluso durante su vida anterior al embarazo– afecta al hijo.

Observa primero estas tres columnas de la sensual arquitectura femenina y tendrás garantizada la invitación a sus puertas. Es innecesario aclarar que una invitación no es garantía de entrada –tendrás que aprender y trabajar mucho más para eso–, pero no temas: Papá Poronguetti te lo enseñará todo. También es innecesario aclarar que es innecesario aclarar ciertas cosas, pero, por alguna paradójica razón, es necesario aclarar lo innecesario que sería aclararlas.


Consideraciones necesarias



Consejos para la mujer:
  • No es cuestión de irse a los extremos. En vista de que la regla de las proporciones no dicta una medida particular (como 90-60-90), sino sólo una relación (3:2:3), y si bien ninguna mujer debería avergonzarse por lo que la sociedad considera "gordura" si su silueta es saludablemente proporcionada (sin importar su tamaño), la verdad es que a nadie le gusta una mujer de tan amplio trasero que en lugar de bidet haya instalado en su casa un geyser; conviene, en todo caso, limitar sus dimensiones a la medida estándar de las puertas, al menos si desea vivir en una casa como los humanos.
  • Si reducir la panza no es viable, siempre es posible aumentar el busto y las nalgas para imitar las divinas proporciones darwinianas. Así, aunque sea quiméricamente, aumentarás tus probabilidades de ser elegida por un macho y colaborar con Darwin dejando tu firma genética en futuros individuos que luego crecerán y se transformarán en una de las dos clases sociales en las que se puede dividir el género humano: pervertidos u objetos sexuales, según corresponda a sus órganos reproductivos.

Datos extra:
  • Las rayas horizontales engordan. Por eso los barrotes de las cárceles son verticales: para que no pasen los platos de comida.
  • Tu estómago está constantemente repleto de tibio vómito, pero eso es bueno. La bulimia no es sexy.


Rasgos que aseguran la paternidad


Uno de los problemas de los machos de la especie es que, a diferencia de su contraparte femenina, dado que el proceso de fabricación se lleva a cabo exclusivamente dentro de la hembra, nunca pueden estar seguros de la autoría de sus crías. Pero no desesperes con prisa, vasallo de la Magna Obra carnal, y escruta el lienzo acústico del silencio que eventualmente llenaré con las pinceladas de mi sicalíptica sabiduría...

La mujer además tiene una cuarta pieza fundamental denominada "cabeza", del latín caput, de donde también derivan los conceptos de todo lo que juega un papel primordial: capital, capitán, capo, capataz, capitolio, capítulo y también, de su derivado "cabo" (en el sentido de "extremo"), acabar (llegar al cabo) y cabal (persona bien acabada, que es el significado que no interesa en esta guía de los impúdicos placeres). A este apéndice en particular (la cabeza femenina) dedicaremos otra interesantísima charla y quizá también entonces te cuente mis anécdotas acerca de cómo Darwin y yo no pudimos salir a seducir gemelas por existir en dimensiones temporales separadas.

Lo importante ahora es que la cabeza de una mujer contiene su cara, que a su vez alberga otros tantos accidentes proporcionales que deberás resaltar en tu mapa para la correcta reproducción de tus genes. Uno de los rasgos más prominentes en esta categoría es el mentón. Éste guarda secretos acerca de la potencial pareja reproductiva: las mujeres con mentones grandes tienden a ser adúlteras, por lo que el lector deberá buscar un espécimen que no ostente esta característica, si de prioridades reproductivas se trata.

Como representante de esta milenaria técnica de la autoperpetuación debo aclarar que esto habla de una tendencia y que, personalmente, no veo nada malo en el adulterio. La monogamia es tan aburrida que hasta los animales la evitan, excepto aquellos que se encuentran bajo la coerción psíquica de alguna secta. La mentira, por supuesto, es otra cosa muy diferente que nada tiene que ver con la fidelidad sexual. De hecho, la mujer infiel (en su debida proporción) es parte crucial del plan de evolutivo, ya que estimula la competencia entre espermatozoides, puesto que así ganan no sólo los que mejores características portan sino también los que mejor nadan.

Como sea que tu moral artificial juzgue los actos de la todopoderosa naturaleza, portadora de la primera y última palabra, un estudio demostró que las mujeres con mentones grandes son más propensas a la poligamia. No es tan sorprendente al conocer la explicación: estas damas aventajan al resto en testosterona, que es la hormona masculina, y eso, indudablemente, viene con cierta ambición sexual extra, hija legítima de la capacidad evolutiva de poder esparcir miles de semillas por distintas partes en los nueve meses que a una mujer le toma germinar una sola.

Lo curioso es que a los hombres no suelen gustarnos este tipo de rostros prominentes, cuando bien podríamos sacarles ventaja (sabiendo que la portadora es más "accesible"), sino que en general las rechazamos, en teoría porque inconscientemente buscamos una madre exclusiva para nuestra descendencia. Sin embargo, el amor y el alcohol distorsionan la percepción de la belleza, como lo sabe cualquiera que se haya despertado con resaca al lado de Gollum, y este humilde servidor espera que su conocimiento haya fertilizado tus neuronas para que veas al sexo como lo que realmente es: el mejor invento de la evolución.

La ciencia ha hablado, ¡oh, exitoso ganador de la bestial carrera hacia el óvulo! Desenmascaramos así un poco más los mecanismos ocultos de la belleza. Como has visto claramente, una mujer no es solamente una cara bonita. Tiene tres partes más. Añade estos consejos a los tips para enamorarse con fundamentos científicos y prepárate para más lecciones del magnánimo Profesor Poronguetti, más placenteramente ácido que nunca, aún más que el famoso ácido ungusto.