Cibermitanios

Qualia

Pensamiento, consciencia, sentido, sensación y quale.
Alguien preguntó al oráculo algo realmente interesante que no valdría reducir a ese microespacio en constante flujo hacia el olvido. Una duda tan bien desarrollada y expuesta requiere un esfuerzo semejante sólo para comprenderla. Contestarla, además, puede resultar imposible. Y es que en ella está la respuesta, ella es la respuesta, como en la pregunta "¿Qué es una pregunta?". La consulta era la siguiente...

Leí que en culturas antiguas (egipcia y védica) se consideraba al pensamiento como un sentido más. Las sensaciones de origen físico (11 sentidos) parecen automáticas. El pensamiento parece deliberado, pero ¿realmente lo es? Porque parece también que siempre se piensa en relación a cosas vividas, como si fuera un efecto automático consecuente de ellas. Quizás sea un poco de intención y un poco de automatismo. ¿Es válido concebir al pensamiento como un sentido en la actualidad?
Anónimo

Evidentemente, hay por lo menos un aspecto automático del pensamiento, demostrado en un salto de Leí que a se piensa en relación a cosas vividas. Pero lo interesante está al final, que será, como el orgasmo, nuestro principio de otro largo juego previo: ¿el pensamiento es un sentido?

Por supuesto: la respuesta depende de la definición de "sentido". En principio, para todo sentido parece obligatoria la existencia de un órgano, de un estímulo y de un proceso mental en adecuada relación. La definición no es sólo mecánica sino también metafísica. El sentido del olfato, por ejemplo, no es la nariz ni el aroma ni el cerebro que coordina y procesa la sensación emergente. Pero quítese una de las tres partes y el sentido desaparece. (No es casual la homonimia: el sentido es la relación entre sus partes.)

Hay además casos de ceguera cortical en donde los ojos funcionan perfectamente pero no hay sensación visual consciente, y hay también ejemplos de sinestesia, entre otros, en donde el cerebro procesa la información sensorial del sentido de la vista como sensaciones auditivas. Es decir que, entre los sentidos, algunas partes parecen intercambiables. Por eso, en este punto hay que distinguir entre el sentido y la sensación, siendo esta última la única de la que estamos conscientes y un fenómeno emergente del primero, al menos a primera vista.


Qualia

Qualia
El sentido del gusto tiene claramente sus órganos, sus estímulos y sus procesos inconscientes, pero la sensación del gusto es algo completamente diferente. Es lo que en filosofía llamaríase "quale". Un quale es esa experiencia consciente, o más bien sólo la parte consciente de la experiencia, por ejemplo, del sabor a manzana. Las características fundamentales de los qualia (plural de quale) es que son íntimos e intransferibles; es imposible compartir e incluso describir el sabor a manzana, aún cuando todos lo hayamos experimentado incluso con la misma manzana. Los qualia son experiencias directas de la consciencia y absolutamente propias (privadas) del ser que las experimenta: son sensaciones.

Y si es intransferible un sabor, ni podríamos hablar de sensaciones más complejas, como la visión del mar, que varía de una persona a otra tanto como tantas veces haya tragado agua salada y sido resucitada por un gordo bigotudo. Los llamados "traumas" pesan tanto en los qualia como las buenas experiencias, que no son más que traumas positivos. De modo que no sólo se piensa en relación a cosas vividas, sino que también se siente en relación a ellas.

Del mismo modo conocemos todos la sed, que es una sensación y no un sentido, aunque efectivamente emerge de un sentido: la interocepción, el sentido de lo interno, específicamente de la cantidad y distribución de agua que contiene el cuerpo. En este caso, también hay un órgano (aunque descentralizado), un estímulo (presión en las membranas celulares) y un proceso mental desconocido que dispara la señal/sensación de sed. Lo único que cambia aquí con respecto al gusto y los otros cuatro sentidos clásicos es que el estímulo es de origen interno, pero esta distinción no debería tener importancia alguna ya que bien puede considerarse como estímulo sonoro el latir de las sienes cuando la sangre se agita en ellas, por ejemplo.

Y [obviando más ejemplos], cada cosa que uno experimenta es quale. Por lo tanto, lo que uno es desde su propia perspectiva es también puro quale. Así como a la sensación de ser caballo sólo los caballos la saben, y, más aún, la de ser un caballo sólo un caballo conoce, únicamente yo conozco el conjunto de sensaciones que conforman la experiencia de ser yo. Para colmo, desde la perspectiva de otros también soy qualia... Pero antes de emprender un viaje sin retorno hacia la idea de que un quale es un quale, volvamos a la simpleza de la manzana ideal, esa manzana perfecta que todos conocemos.


El sentido de la consciencia y la sensación de pensar


Retornando a la pregunta desde esta nueva perspectiva:

Si el sentido es un proceso psicofisico del cual se tiene consciencia, entonces el pensamiento es un sentido. La diferencia con el resto de los sentidos sería que, en el pensamiento, el órgano, el estímulo y el proceso son aspectos de la misma cosa, de un paquete indivisible de hardware, software y datos. Sería una interocepción del cerebro.

QualiaSin embargo, me inclino por considerar al pensamiento no como un sentido en sí mismo sino como una sensación cuyo estímulo es interno –no sólo al organismo sino también al órgano–, como el simple resultado de un proceso informático llevado a cabo por un procesador físico. Los pensamientos serían, posiblemente, sensaciones que producen los procesos automáticos del cerebro, algunos de ellos derivados de la experiencia sensorial (sensaciones "de segunda mano") y otros tal vez completamente autónomos por originarse el estímulo dentro del mismo órgano.

Queda por explorar la probabilidad de que a su vez los pensamientos puedan modificar los procesos internos que le dan origen, pero, como no por tener esta cualidad dejarían de ser sensaciones, no lo haremos ahora.

Por otra necesaria parte, al sentido del que surge la sensación de pensamiento llamaría yo "consciencia". Es un paquete que no hace falta aclarar mucho: así como la vista es el sentido del que emerge la sensación de ver, que depende de unos órganos llamados ojos, la consciencia es el sentido que permite la sensación de pensar, subordinada al órgano cerebro.

Entonces, ¿es válido concebir al pensamiento como un sentido en la actualidad?

Si mi idea es correcta y el cerebro es el órgano sensorial de sí mismo y el pensamiento es su sensación correspondiente, lamentablemente sólo puedo demostrarlo con una tosca extrapolación: si a una persona se le quita la nariz, pierde el olfato; si se le quita el cerebro, pierde el pensamiento.

Es suficientemente válido hasta aquí...


Pensamientos sobre el pensamiento


Pero el pensamiento es algo muy particularmente diferente de otras sensaciones, porque hay pensamientos de diferentes órdenes:
  • Un pensamiento de primer orden sería: "Esto es un blog". Ese pensamiento, casi como una voz en la cabeza de un loco, no es más que el darse cuenta, ser consciente de que el cerebro ya hizo todo el trabajo de identificar los estímulos y concluir que esto es un blog.
  • Un pensamiento de segundo orden podría ser "Yo sé que esto es un blog". De segundo orden significa aquí que es un pensamiento acerca de un pensamiento, un darse cuenta de haberse dado cuenta que ocurre ya completamente a cargo del cerebro mismo: su materia prima no es un estímulo sino una sensación.
  • Un pensamiento de orden más elevado sería "No entiendo por qué el autor piensa que siquiera me interesa saber que esto es un blog": La sensación de la sensación de una sensación... a la que seguramente se incorporarán nuevos estímulos, procesos no conscientes y pensamientos (u otras sensaciones), tan variables como los órganos, la estimulación y la mente del pensador.
Quizá por eso pensar, en su sentido más refinado, es pensar sobre pensamientos, no dejarlos nunca en paz, aumentando progresivamente el orden de los mismos en tanto haya capacidad de perseguir y apilar sensaciones. Meditar, en cambio, es lo opuesto: reducir el orden del pensamiento, la cantidad de pensamientos sobre pensamientos, lo cual es vital en muchas ocasiones cuando sobre-pensamos, eventualmente llegando a olvidar el pensamiento primigenio y, como los necios, sólo echando perfume sobre las flores.

Pero tanto el arte de pensar como el de meditar se valen de la misma técnica: la atención. Uno, de la del surgimiento de nuevos pensamientos, inicialmente siempre difusos cuanto más elevado es su orden; otro, de la atención del estado inicial, la concentración impecable requerida para no perder la sensación pura, el producto crudo y más directo de la percepción. Ambas son artes que atienden al máximo potencial del cerebro humano (nos dejan a veces con "sensaciones extrañas") y de ejercitarlas depende el grado de control que tengamos sobre ese incomparable órgano y, por lo tanto, de nuestras vidas.

Auspicio metafísicoDe modo que, después de todo y entre tanto aparente automatismo, podemos aspirar a un control total de lo poco que somos (conscientemente)...

Y sin engañarnos, sabiendo que controlar es poco más que supervisar conscientemente las capacidades intrínsecas de algo e intervenir cuando lo pensemos necesario: podemos controlar un auto, pero por mucho que accionemos pedales, volantes y palancas, éste no saldrá volando hacia la Luna, porque no está hecho para eso.

Contestaré en definitiva aunque no responda a la pregunta que los pensamientos son qualia. He comparado antes a los qualia con la muerte: Nadie puede morir tu muerte (aunque pueda matarte) ni puede pensar tu pensamiento (aunque pueda decirte qué pensar).

Hay quienes se deprimen ante semejantes hipótesis sobre la realidad, y los comprendo. Yo, si embargo, me maravillo a tal punto de escribir cosas como esta. Quisiera poder alentar a obtener esta visión optimista (que demanda cierto esfuerzo), pero no puedo: como quale que es el pensamiento, puedo transmitir la idea, pero nunca la cosa, es decir, el pensamiento mismo que ocurrió en mi cabeza... y que sólo yo sentí.