Cibermitanios

Problemitas mentales

Ejemplos de mentes dementes y sus "conductas" extrañas...
Con frecuencia el hombre cree estar conduciéndose a sí mismo cuando es conducido, pensó François de La Rochefoucauld. Y a veces el conductor está instalado dentro del hombre mismo, en su propia mente. Quizá François fue conducido a pensar estas palabras; quizá nada sea un ejercicio de libre albedrío (aunque somos libres de creer lo contrario). Estos son ejemplos de mentes dementes y sus "conductas" extrañas...

Síndrome de Capgras


Síndrome de Capgras
Este mal ocasiona que la persona esté firmemente convencida de que uno de sus familiares está siendo reemplazado por alguien físicamente idéntico (aunque reconoce perfectamente al resto de las personas). Recientemente la película The brøken (bastante interesante) utilizó esta enfermedad en su argumento.

El nombre viene de su descubridor, el psicoanalista Joseph Capgras, quien notificó el primer caso conocido: el de una anciana que de pronto creyó que un impostor había suplantado a su marido... Primero se negó a dormir con él, y al día siguiente fue a denunciar la conspiración a la policía, donde fue atendida por el Jefe Górgory de turno, quien la derivó al mencionado psicólogo.

Este síndrome es muy raro, generalmente asociado a personas esquizofrénicas o con lesiones cerebrales, y no se ha esclarecido aún su causa, pero su estudio sirvió al menos para comprender algo de la mente: un experimento demostró que a pesar de que la persona cree no conocer al supuesto impostor, sí lo reconoce a nivel subconsciente, conoce la cara pero no le despierta los sentimientos habituales por ella, lo cual sugiere que hay dos mecanismos paralelos involucrados en la percepción de familiaridad: el reconocimiento visual, consciente, que funciona bien en estas personas, y otro reconocimiento más abstracto que evoca el pasado asociado a ese rostro y que a estos pacientes les dice que "algo anda mal", a pesar de que no pueden identificar qué es.


Síndrome de Fregoli


Síndrome de Fregoli
Parecido al anterior, pero al revés: la persona afectada cree que diferentes personas son en realidad una sola que va cambiando de aspecto y actuando distintos roles, todo para engañarla con algún fin misterioso.

En ciertos casos, el síndrome de Fregoli puede estar condimentado con una buena dosis de imaginación, como en el de una una mujer de 27 años que creía estar siendo perseguida por dos actores que conocía de una obra de teatro y que robaban repentinamente y con gran habilidad la apariencia de sus amigos y familiares.

El nombre de la enfermedad conmemora las hazañas del actor Leopoldo Fregoli, quien tenía una admirable capacidad para hacer veloces cambios de vestuario en vivo. También podría llamársele "el síndrome de Sarah Connor y el T-800" (aunque no pienso explicar por qué).

Una variante de este síndrome -paramnesia reduplicativa- enfoca el delirio sobre sitios en lugar de personas, haciéndole creer al afectado que una casa o una ciudad entera ha sido completamente recreada en otro sitio alejado, y que él, obviamente, se encuentra dicho duplicado. Lo más parecido que puedo imaginar es la sensación de deja-vu, aunque obviamente esto debe ser un poquito más espeluznante. Podría llamársele también "el síndrome de Jim Carrey", en honor a The Truman show...


Síndrome de Diógenes


Síndrome de Diógenes
Diógenes, como todo el mundo sabe, fue un filósofo griego que vivía en un barril, pero, a diferencia del Chavo del 8, no decía el mismo chiste más de 50 veces. Este asceta dedicó su vida a pregonar el desprendimiento de todo deseo -incluidas las tortas de jamón- para así vivir sin necesidades. Claro, nunca se dio cuenta de que él mismo tenía la más grande necesidad de vivir en la miseria.

Como sea, en honor a Diógenes se bautizó con el mismo nombre a una afección mental generalmente vista en personas mayores, las cuales se aislan del mundo, descuidan toda higiene y cuidado personal y frecuentemente terminan cayendo en la indigencia a propósito o por desgano.

Lo más extraño es que estas personas no suelen ser pobres pero creen que lo son; incluso llegan a ahorrar grandes cantidades de dinero, al cual creen siempre escaso, y juntan basura, a la que consideran de utilidad, sin llegar a saber nunca el verdadero valor de cada cosa -si es que alguien lo sabe-.

Este síndrome no suele perjudicar a nadie más que al afectado, excepto cuando deviene en una variante conocida como Síndrome de Noé, cuando la persona colecciona animales y los mantiene en pésimas condiciones de abandono que generalmente los conducen a la muerte.

Diógenes al menos pensaba; sostenía que la pobreza era la más elevada virtud -y quizá tenía razón, ya que es el estado natural del Hombre y de toda criatura viviente-, pero vale remarcar que la pobreza puede conducir a la libertad pero también a la esclavitud, a la humildad pero también al hambre y a la soledad pero también a la discriminación... ya que mientras unas suelen reconfortar, las otras matan.


Síndrome de Estocolmo


Síndrome de Estocolmo
Este es un clásico del cine: se da cuando una persona es secuestrada y se pone voluntariamente del lado del secuestrador. El nombre proviene de cierto asalto a un banco de Stockholm, Suecia, en el que los rehenes convivieron con los secuestradores durante seis días... Al salir, no sólo se negaron a testificar contra ellos sino que uno de los rehenes se casó con una de las secuestradoras (tras que ésta terminara su condena).

Tal vez estas personas proyecten en sus captores una salida emocional a la usualmente monótona vida diaria, como suele tenerla hacerla todo el mundo. O quizá simplemente tengan ellas también un alma malechora, como lo ilustraría el caso extremo de Patty Hearst, hija de un multimillonario, quien luego de ser raptada se unió a la banda de secuestradores.

En este caso, sería más preciso llamarlo "síndrome del príncipe y el mendigo", si es que mi teoría tiene algún sentido (al menos suena más poético, si hasta me dan ganas de ser secuestrado por una banda de ladronas ninfómanas armadas con látigos... de hecho, en este momento escribo desde una jaula... ayuda), o quizá no se trate de ninguna enfermedad y simplemente aún queda gente que sabe comprender y perdonar.

Este síndrome suele darse también en situaciones mucho más normales y cotidianas, al punto en que cada persona termina queriendo a la otra, mientras una sale a trabajar y la otra cocina, lava y plancha, a veces durante décadas. Para pensarlo...

Lo opuesto a esto es el Síndrome de Lima, cuyo nombre proviene de un famoso un episodio en Lima, Perú, donde los secuestradores fueron liberando uno a uno a sus 800 víctimas, hasta que se quedaron prácticamente solos y fueron asesinados.


Síndrome de París


Síndrome de París
Seguimos con las capitales, esta vez la de Francia, aunque el nombre es un poco confuso ya que la enfermedad es exclusiva de los turistas japoneses... Parece que cuando un nipón recorre medio mundo para ver el famoso pene metálico de Eiffel, es muy propenso a tener una repentina paranoia que termina en depresión y le obliga a volver a su país o incluso a suicidarse.

El síndrome de París es una especie de shock producido por el encuentro de dos culturas muy diferentes, aunque se ignoran los detalles que lo disparan. Probablemente, los japoneses idealicen tanto a la ciudad francesa -a la cual sólo conocen por películas- que esperan ver en sus calles a Amélie correteando de un lado al otro, y luego la realidad les cae encima con la poca gracia que tiene una metrópoli occidental: tráfico desquiciado y gente gritando en cada esquina.

Este mal es tan común que la embajada japonesa tiene una oficina abierta las 24 para atender a sus víctimas. Y, a pesar de que logren regresar rápidamente al lado respetuoso del mundo, la tristeza a la que se someten en París les crea un trauma muy difícil de superar.

Algo parecido puede pasarle a inmigrantes de cualquier nacionalidad, que tras haberse establecido en un país ajeno comienzan a sufrir un intenso estrés. Este es el Síndrome de Ulises, y, a diferencia del de París, suele tardar años o décadas en aparecer.

La buena noticia es que si algún día filman una película titulada "Un japonés en parís", no va a ser demasiado larga.


Síndrome de Stendhal


Síndrome de Stendhal
Otra enfermedad psicosomática, esta vez en honor al célebre escritor parisino Stendhal, quien, cansado de caminar esquivando japoneses desmayados, decidió tomarse unas vacaciones en Italia... y allí describió los efectos de su experiencia: sensación de ahogo, taquicardia, mareos, confusión, desmayos y alucinaciones... pero no en cualquier circunstancia, sino exclusivamente al observar una obra de arte.

Hoy, el síndrome de Stendhal es muy común, sobre todo en aquellos sitios que visitó el escritor -Florencia y Nápoles-, cunas del arte renacentista. Al parecer, la enfermedad es desencadenada sólo por la exposición prolongada a una gran belleza (por eso no pongo más fotos de mí).

Sobredosis de belleza... ¿Quién hubiese pensado que la belleza podía enfermar? Tal vez uno se sienta insignificante ante ella, o el mundo circundante le parezca luego opaco e irreal, como puede pasar tras el efecto de algunas drogas. Nadie dijo que fuera fácil soportar el impacto la expresión milenaria de tantas almas inmortales.

Algo más raro: sólo los italianos y los japoneses son inmunes a esta enfermedad. Que los nativos lo sean, no es sorprendente, porque -imagino- que serán un poco a prueba de arte, gracias a la desensibilización que produce la cotidianidad, pero, ¿y los japoneses, tan sensibles a la tierra de Stendhal pero resistentes a Italia? ¿Será porque no miran con los ojos, sino con la cámara de fotos?


Síndrome de Cotard


Síndrome de Cotard
A mi parecer, el más extraño de los delirios: la persona cree que se murió o que sencillamente nunca existió. Lo peor es que, al estar muerto o no existir, obviamente, cree que los coches pueden atravesarlo sin dejar moretones o que puede meterse al baño de damas sin ser visto -o al menos esto último me pasaría a mí (pero para develar lo que hacen las mujeres cuando van juntas; no sean mal pensados)-.

El neurólogo Jules Cotard es responsable de descubrirlo, aunque lo llamó en un principio "delirio de negación", porque los pacientes comenzaban negando la existencia de determinados conceptos, objetos y partes de sus cuerpos, hasta llegar a negar la propia existencia o la realidad completa.

Según cuentan en Antroposmoderno, una paciente hizo declaraciones tales como mis piernas y mis manos se volvieron de vidrio, no soy ni hombre, ni mujer, sólo queda la boca que habla, soy incapaz de pensar, soy eterna, en tanto que muerta viva, etc.

A mí me parece que es como un caso de hipocondría extrema: uno cree que tiene la peor de las enfermedades incurables, la propia muerte. Debe ser la experiencia más extraña que alguien pueda vivir.

Una visión leve de estos síntomas puede verse (con algo de imaginación) en la película Synecdoche (excelente), donde el protagonista, entre otras cosas indescriptibles, ve cómo su cuerpo y su vida van perdiendo realidad y desapareciendo rápidamente.


Síndrome de la mano ajena


Síndrome de la mano ajena
Quien padece este síndrome (también conocido como "de la mano anárquica"), pierde la conciencia sobre una o ambas de sus manos y, a pesar de que puede sentir con ellas, cree que no le pertenecen. Estas manos intrusas suelen realizar acciones por cuenta propia tales como desabotonar la ropa de su huésped (o, mejor aún, a comprobar la autenticidad de los pechos ajenos), como si se tratase de un miembro con doble personalidad (¿quién no tiene al menos uno?).

Obviamente, es lo opuesto al síndrome del miembro fantasma, cuyos afectados sienten que aún tienen control sobre una mano o pierna que se les amputó. Me desvío momentáneamente para contar que hace poco comencé a usar lentes mientras estoy frente al monitor, y creo que sufro del síndrome del lente fantasma cuando me los saco al acostarme. Sé que a Ingrid también le pasa, pero no encontré otras referencias... ¿A alguien más le ocurre esto? Sigo con la mano ajena...

Con frecuencia el afectado llega a creer que su mano está poseída por un espíritu maligno, por lo que los efectos van mucho más allá que los de un simple tic nervioso y ocasionan un gran desequilibrio mental. La película Al diablo con el diablo contiene una escena que ilustra estos síntomas y su supuesta conexión con Satanás. Yo propongo otro argumento para una película (o una pesadilla, según elija el lector) basada en este síndrome: que la mano rebelde pertenezca en realidad a un gemelo siamés poco desarrollado que intenta independizarse cada vez que encuentra un cuchillo...

Quizá sea más propicio rebautizar este diagnóstico, en vista de las estadísticas, como "Síndrome del político argentino", que afecta al 99% de los mismos y que les impide contenerse de meternos el dedo en el culo.


Bueno, hay otros muchos síndromes extraños e interesantes, pero los dejo para otra ocasión (con estos locos me basta para armar el partido de fútbol más chistoso de todos los tiempos).