Cibermitanios

Mitos sobre los efectos de la marihuana

Desmintiendo la falsa información que dan otros sitios acerca de esta planta y sus efectos.
marihuanaHoy leí una estupidez terrible sobre la marihuana, como tantas que circulan en la vida, pero esta sale en el primer lugar de los resultados de Google para la búsqueda efectos de la marihuana, lo cual colma mi paciencia ante la estupidez. Sobre los efectos de la planta sólo dice cosas negativas, las cuales, encima, son todas falsas. Además de desmentir los mitos, sería bueno decir las verdades, ¿no?

Para empezar, la mencionada página -autotitulada "La marihuana: ideas rápidas sobre la marihuana. Efectos inmediatos y secundarios de la marihuana. Efectos físicos y psíquicos. Algunos estudios"- dice que tras consumir marihuana:

Unas veces hay euforia e irrealidad; otras veces dificultades de atención y temores.

Si bien el consumidor puede estar eufórico, esto no necesariamente se debe al cannabis. Por el contrario, ésta suele conducir a la calma y una profunda sensación de paz. Sin embargo, en el supuesto caso de que se dé la euforia, cosa que también pasa, no tiene nada de malo: la euforia es una sensación de alegría intensa, y no hay razón alguna para tenerle miedo.

La marihuana no produce irrealidad, sino todo lo contrario: las cosas se vuelven más "reales" porque los sentidos se agudizan significativamente y se percibe con menos prejuicios o, si los hay, frecuentemente se toma conciencia de dichos prejuicios.

La marihuana no dificulta la atención, la incrementa a niveles imposibles de ser alcanzados en un estado normal de conciencia (aunque, lógicamente, la concentración en determinado objeto hace que lo circundante pierda foco; no es buena para actividades que requieran estar alerta a lo imprevisto, como conducir).

La marihuana no causa temores; si no los hay en la persona, no van a aparecer (a menos que algún estímulo despierte un trauma, lo cual podría pasar en ausencia de toda droga también).

La marihuana distorsiona la percepción estropeando la sensibilidad, disminuye la memoria y la voluntad, dificulta pensar, aprender y tomar decisiones, produce ansiedad y agresividad alterando el equilibrio psíquico.

Todos estos efectos son característicos del alcohol, y ninguno de ellos es compartido por el cannabis. La marihuana no distorsiona la percepción, si no que la libera de sus ataduras y ayuda a distinguir cualidades normalmente desapercibidas de las cosas cotidianas, ya sea de objetos, situaciones o ideas.

La marihuana no estropea la sensibilidad: la incrementa, tanto frente a estímulos externos como emocionales, lo cual puede resultar positivo o negativo de acuerdo con la naturaleza del estímulo (un dolor de cabeza puede volverse más intenso, lógicamente); la vista, el oído, el gusto, el tacto y el olfato se vuelven sentidos más libres, sin la intervención de ideas preconcebidas, al punto de que cada sonido, textura, forma, aroma o sabor puede parecer completamente nuevo.

La marihuana no disminuye la memoria, pero sí las experiencias suelen ser tan intensas que es difícil evocarlas desde un estado normal. Y no disminuye la voluntad, si no que puede ayudar a mantener una actividad concreta durante mucho más tiempo que el esperado, ya que aumenta la capacidad de disfrutar una situación, siempre y cuando no sea desagradable.

La marihuana no dificulta pensar: grandes pensadores han consumido esta planta diariamente durante la mayor parte de sus vidas, como Carl Sagan, Nietzsche, Lincoln, Bruce Lee y muchos más.

La marihuana ayuda a alcanzar pensamientos que escapan de los moldes y no dificulta el aprendizaje ni la toma de decisiones, aunque la persona puede concentrarse tanto en las variables que le sea difícil encontrar una salida rápida.

La marihuana no produce ansiedad ni agresividad, si no al revés: tranquiliza (a menos que hablemos de una persona violenta por naturaleza, claro). El único equilibrio psíquico que altera la marihuana es el que imponen aquellos que temen enfrentarse a sí mismos.

Hace perder interés y motivación por las cosas normales (vida, higiene...) para centrar la atención en la droga y sus rituales.

La marihuana no hace perder el interés, si no que aumenta el interés, la motivación, la pasión y la capacidad de asombro por casi cualquier cosa, pudiendo hacer de un cepillado de dientes -hablando de higiene- una experiencia sumamente placentera; y no desvía la atención hacia los rituales de la droga, ya que no los tiene (los rituales son aspectos de las personas, no de los objetos inanimados, y cada persona puede o no tener sus propios rituales, y esto es independiente del efecto de la marihuana).

La marihuana crea dependencia psíquica disminuyendo la libertad mientras el afectado piensa que sucede lo contrario. Causa daños cerebrales. Aumenta el desorden personal y se deteriora el aspecto externo.

La marihuana no crea dependencia ni adicción, aunque, como todo lo placentero, produce acostumbramiento (el cual puede evitarse con la más mínima predisposición; si alguien quiere dejar de fumar marihuana, no le cuesta prácticamente nada). La marihuana no disminuye la libertad, es más, suele incitar a la persona a hacer cosas que siempre quiso hacer y no se animó. Lo que disminuye la libertad es la ignorancia y el miedo.

No existen estudios serios que justifiquen la idea de que la marihuana produce daños cerebrales permanentes, aunque tampoco se pudo comprobar lo contrario. La marihuana no aumenta el desorden personal; si la persona disfruta del orden, es posible que luego de fumar pase todo el día ordenando cualquier cosa. La marihuana no afecta el aspecto del consumidor, excepto, quizá, por un leve enrojecimiento de los ojos que tampoco se da en todos los casos.

La marihuana produce disgustos familiares, inestabilidad laboral, pérdida de capacidades profesionales, actos delictivos, propagación de la droga, aislamiento en grupos de drogadicción. La marihuana es el paso previo a drogas más fuertes.

La marihuana no altera las relaciones familiares, a menos que se dé uno de estos dos casos: que sea una familia con miedo y condene al consumidor o que sea un familia consumidora, caso en el cual los lazos se estrecharán mucho más. La marihuana no afecta al desempeño profesional, las propias capacidades lo hacen; a lo sumo, la marihuana puede ayudar a que la persona se dé cuenta de que su profesión no le gusta o no le conviene.

La marihuana no incita a la delincuencia. Esta es probablemente la mentira más absurda jamás creada por el miedo a las drogas. Si una persona tiene necesidad o deseos de delinquir, lo hará con o sin ayuda de la marihuana. Una vez más: la marihuana no pone en las personas nada que éstas ya no tengan dentro.

La razón por la cuál se asocia la marihuana a los delincuentes es más que evidente: una persona que roba no tiene respeto por la ley y, por tanto, se permite mostrar públicamente que la consume y hasta alardear de ello, ya que así se revela ante la autoridad. Además, si no le importa robar, violar o matar, mucho menos le va a importar que le vean con una plantita de morondanga.

La marihuana no propaga las drogas (sea lo que sea que esto signifique). La marihuana no aisla a las personas, si no que las desinhibe y las hace más sociables, en la mayoría de los casos, a menos que la persona necesite paz en soledad. Finalmente, la marihuana no conduce a otras drogas, así como el agua no conduce al vino; no expropia a la persona de su capacidad de discernimiento ni la obliga a hacer nada. Si la persona quiere probar una sustancia más fuerte, es una decisión propia en la cual la marihuana no puede haber tenido ningún papel más que el de haber dilatado semejante decisión.

Lo que conduce a drogas duras como la cocaína son las personas, no la marihuana. Las malas influencias, los problemas o una vida ya devastada y sin amor propio es lo que lleva a la perdición.

La palabra asesino procede del árabe hassasin que significa los bebedores de hachís. No es que los porreros sean asesinos, pero el dato es significativo: la marihuana no es ninguna broma.

La palabra hassasin viene del nombre del líder de un secta árabe: Hassán ben Sabbah. No tiene nada que ver con la marihuana...

La página de la que extraje las citas sigue diciendo otras barbaridades que quién sabe cuánta gente lee por día, engendrando miedo y multiplicando gratuitamente la ignorancia. Más adelante, incluso dice algo absurdo de tan contradictorio:

¿Es necesario fumar marihuana para conocer sus efectos? No, no. Un médico no necesita enfermar para conocer los efectos de una dolencia, basta analizarlos en sus pacientes o aprenderlos de otros médicos que los hayan investigado.

¡Fumar marihuana no es una enfermedad! Y la única forma de investigar los efectos de la marihuana, ya que es un agente psicoactivo, es teniéndolos en la propia mente, al menos mientras no exista un aparato para ver y transmitir las emociones subjetivas ajenas. De otra forma no se está calificado para hablar sobre sus efectos.

Se preguntará el lector cuál es la fuente de mi información. La respuesta es clara y evidente: la experiencia. No se puede hacer ciencia basándose en el miedo, la ignorancia y los prejuicios. Si vamos a hablar de algo, hay que conocerlo (y con esto pretendo evitar el 50% de los comentarios, los cuales, si son respetuosos y genuinos, prometo responder siempre que pueda).

Y todo esto sin mencionar la enorme cantidad de aplicaciones médicas comprobadas que tiene esta planta contra: anorexia, artritis, ansiedad y trastornos del sueño, asma, alzheimer, cáncer y tumores, depresión, dermatitis, dolor crónico, esclerosis múltiple, epilepsia, glaucoma, infecciones de la piel y quemaduras, insomnio, menstruación y dolores del parto, migraña, paraplejia y tetraplejia, síndromes de abstinencia del alcohol y drogas pesadas, síndromes de fatiga crónica y miembros fantasma, reumatismo, SIDA y varios trastornos psicológicos. Pero esas serían excusas; lo importante es entender que no hay por qué temerle.


Disclaimer


Cibermitanios no promueve el consumo de la marihuana. La marihuana es ilegal, a pesar de que no daña a nadie (nunca, jamás, en toda la historia documentada se ha mencionado un sólo caso de muerte por consumo de marihuana). Como todo, en exceso es malo: hasta el agua puede matar por sobredosis, pero eso ya es una cuestión de responsabilidad individual. El objetivo de este texto es simplemente aclarar que ilegal no siempre significa malo.

La marihuana sólo podría resultar fatal si la persona es alérgica a ella, lo cual no es para nada frecuente. Hay más gente alérgica a la leche, a la harina o al sol que a la marihuana.

La marihuana tampoco es la respuesta ni la solución milagrosa para nada. Si tu vida es miserable, deberás primero arreglar las causas de esa miseria; de otro modo, sólo lograrás que la marihuana sea un escape de la realidad y así aumentarás tu infelicidad.

La marihuana puede gustarte o puede que no. Puede que no te agraden sus efectos sobre tu mente, ya que es un ecosistema frágil y acostumbrado a la monotonía; puede que sepas aprovechar sus efectos o puede que ni siquiera los sientas (le pasa a muchas personas), pero no hay razón alguna (¡no, ni siquiera una!) para tenerle miedo ni mucho menos para condenar a los que la consumen.

Ante la más mínima duda, la mejor opción es preguntarle a los médicos. No tengas temor de hacerlo, ellos saben todas estas cosas y van a entender tu inquietud. Además, preguntar no es ilegal.


Lecturas recomendadas




Resumen


Por si todo lo anterior no se entendió, voy a citar a Arnold Schwarzenegger:

La marihuana no es una droga, es una hoja.