Cibermitanios

Los impuestos, lo público y lo privado

Algo malo por una buena razón.
Si los impuestos son deseables o no, depende de cada uno. En ciertos casos, se puede pensar que son el precio de una mejor sociedad en la que terminamos viviendo todos aunque no nos beneficien directamente. Otros los pagan solamente porque es mejor que ir a la cárcel, pero creen que causan más daño que beneficios. A ver si te das cuenta, leyendo lo que sigue, de qué lado estoy más cerca...

Imagina que vas a comer a un restaurant y que, a la hora de pagar, es obligatorio dividir la cuenta entre todos... todos los presentes en el local, sin importar qué ni cuánto hayan comido ni bebido. Bueno, no todos: los niños no pagan, por lo que tu parte se incrementará por cada niño, propio o ajeno.

Y también deberás agregar una parte para cuando seas anciano y vuelvas a comer (pero en realidad le estás pagando a los ancianos de hoy... shhh). Ah, y hay comensales que directamente no tienen dinero y el restaurant los subsidia; hay que pagar por ellos también.

Olvidé un detalle: si no vas al restaurant, igual te llega la factura a tu casa. La de todos los restaurantes. Y escuelas (aunque no vayas ni tengas hijos). Y hospitales. Y energía, transporte, comunicaciones, seguridad, Ministerio de la menstruación, etc. Eso son los impuestos.

MarxDonald's Este es el punto de vista prevalente en los Estados. Llamémoslo El mal menor: quitarle a unos por la fuerza para darle a otros; si se hace bien, puede aumentar el bienestar promedio. Los más necesitados maximizan sus oportunidades, pero se reducen la de los que estaban un poco mejor.

El problema con este enfoque (además de las objeciones morales, porque no es algo voluntario) es que no necesariamente mejora la economía. Es algo así como subir el piso y a la vez bajar el techo: el progreso general se ve cada vez más limitado; quien es subsidiado hoy, será subsidiado mañana, y el que puede pagar hoy, mañana podrá pagar menos.

Por eso veamos otro concepto, relativamente opuesto, del que podrían beneficarse las políticas públicas. Es El óptimo de Pareto: el límite es cuando no se puede mejorar la situación de alguien sin empeorar la de otro. Es el equivalente económico a "tus derechos terminan donde empiezan los míos". Garantiza la oportunidad de crecimiento para todos (no la igualdad, concepto irracional que ya hemos tirado a la basura).

Esta solución no sólo es moralmente superior, sino que funciona mejor. Obviamente, el óptimo de Pareto puro exigiría a veces cero impuestos. Pero aunque lo aplicáramos mínimamente, como un condimento ético, igual podríamos obtener algunos de sus beneficios.

Podemos discutir y ponernos de acuerdo en hasta dónde sería lícito y productivo para todos perjudicar a algunos para el bien de otros. Lo importante es que haya un límite más o menos aceptable, claro e inamovible, porque los impuestos son el peor aspecto de una supuesta democracia. De hecho, son totalmente ajenos a ella (como casi todo lo que hoy consideramos democracia, que pondremos en tela de juicio otro día).

Pero, incluso si no logramos coincidir en cuál es ese punto óptimo, existe la ciencia: hay algo llamado curva de Laffer, que indica hasta dónde se puede (no es que es que se deba) cobrar impuestos.

Curva de Laffer
Después de determinada cantidad de impuestos, el Estado empieza a recaudar cada vez menos. Y las razones son muy simples:
  1. Los contribuyentes comienzan a evadir impuestos o a evitarlos legalmente.
  2. Producen menos, ya que la alternativa es trabajar más para ganar lo mismo.
  3. Se van a otro lugar donde el Estado sea menos antiproductivo.
Incluso en la parte "sana" de la curva de Laffer, los impuestos siempre deterioran la producción (que es con lo que se pagan los impuestos). La clave es que la economía depende 100% del comportamiento de la gente, y la gente es boluda pero no tanto.

No es muy diferente de la lógica mínima necesaria para tener una huerta: si me como todo hoy, no habrá más semillas para plantar mañana. La misma prudencia es con la cual una empresa puede aumentar sus precios sin perder clientes. Es tarea de los economistas rellenar el gráfico con los números adecuados, que son específicos para cada lugar y momento.

Tanto es así que los "buenos" gobiernos bajan los impuestos cuando la economía anda mal; así recaudan más impuestos... Y después se los gastan en boludeces y la economía termina peor. Ese error se comete en tantas ocasiones que muchos políticos aman usarlas de ejemplo, olvidando mencionar los muchos casos en los que la estrategia tiene un éxito incomparable al acompañarse con una reducción del gasto público —cosa posible porque entonces el pueblo tiene más dinero para satisfacer sus necesidades por sí mismo—, pero también con la dolorosa confesión para los políticos de que el Estado no es tan necesario.

En cambio, un típico gobierno de ideología socialista, cada vez que ve bajar la recaudación, sube los impuestos. Un gobierno obsesionado con esta mecánica tiene dos posibles justificaciones: ser ridículamente incompetente o tener como objetivo consciente incrementar la pobreza. En cualquier caso, ignora (en alguna de sus acepciones: desconoce o reniega de) las leyes naturales de la economía.

Pero lo peor de todo es que al final del día cada centavo de impuestos que pagamos es un gasto que estamos pidiendo al Estado, una deuda colectiva que generamos. Y al ser ese gasto gestionado por el Estado, siempre vamos a gastar más de lo que producimos colectivamente, porque con el mismo dinero hay que hacer funcionar al Estado (que no es ni barato ni moderado ni eficiente, como veremos en una próxima entrega).

Piénsese en la actual Venezuela, que, si en cuyo suelo se hace un agujero y se tira un fósforo, vuela hasta Plutón, pero igual tiene que importar petróleo.

Por todo esto, cuando se alcanza el punto insostenible en la relación producción/impuestos, la única salida es reducir la presión fiscal y limitar la cantidad de cosas que están a cargo del Estado, lo cual nos lleva al siguiente punto…

Que sea de uso comunitario no significa que deba ser estatal.

¿Por qué la mayoría de la gente relativamente adinerada prefiere enviar a sus hijos a escuelas privadas y atenderse en hospitales privados? Porque es mejor. No estoy comparando un servicio público con un servicio privado: puede haber un hospital privado de pésima calidad, pero en un entorno de competencia donde hay lugar para otro mejor y para poder elegir.

Lo irónico es que usualmente lo privado es más barato: cuando se calcula el costo por alumno de una escuela pública, casi sin excepciones resulta mayor que lo que cuesta una escuela privada. Nada es gratis; sólo que a veces el dinero da tantas vueltas que uno se olvida de que era suyo.

En otra entrega veremos que hay alternativas muchísimo mejores. Pero ahora te cuento para ir entrando en calor que Elon Musk hizo una escuela para sus hijos. Musk nunca hace lo que ya todo el mundo está haciendo. Ese es el secreto tanto de su éxito como del progreso de la humanidad...

¿No te interesarías si Musk hiciera una universidad "pública"? ¿O si la hubiera hecho Tesla? ¿O Einstein? ¿O todos ellos y pudieras elegir? ¿No cambiaría tu perspectiva de la educación privada?

No estoy diciendo que sea mejor privatizar todo (lo diré otro día), sino que hay que elegir sabiamente qué cosas se benefician de estar en manos del Estado y cuáles funcionan mejor a su libre albeldrío en el mercado, cuyo único "interés" es dar lo mejor que puede para ganar más dinero. La empresa privada no puede darse el lujo de dar un mal servicio porque dejamos de pagarle y desaparece.
Mercado

Lo estatal no tiene ese incentivo para mejorar porque recauda lo mismo, sean sus servicios buenos o malos. En muchos casos, son malos porque no se supone que funcionen bien: son una simple estafa política. En otros, es matemáticamente imposible que funcionen mejor que los privados, que nos dan la elección de invertir en los que nos parezcan mejores. Y en otros casos funcionan bien, claro.

Lo importante es poner en duda la idea de que el Estado deba proveerlo todo. De hecho, al inspeccionar la historia se ve que, cuanto más grande el Estado, cuanto más quiere proveer, menos provee. Algunos países socialistas apenas tienen agua porque no permiten que nadie compita para proveerla mejor.

¿Qué pasa con los bienes públicos si no hay impuestos? Fácil: no habría calles públicas, escuelas públicas, hospitales públicos, seguridad pública... Pero habría calles, escuelas, hospitales y seguridad. Es importante separar los sustantivos de los adjetivos.

Todos sabemos lo que es un peaje, pero no siempre pensamos en que esos caminos son privados y que funcionan perfectamente (especialmente si no están subsidiados). La misma esencial deconstrucción se puede hacer con todo lo demás que hoy sea público, pero entraremos en eso en otro post.

En la práctica hay mejores y peores Estados, pero en lo privado rige una selección natural que no da lugar a la mala administración: la empresa debe hacer lo mejor para el cosumidor por su propio bien. También, obviamente, hay mejores y peores empresas... y esa es la gracia: no debemos quedarnos sólo con la peor. Privado significa negociado, consensuado, pactado explícitamente entre todas las partes a cada momento (a diferencia del tácito "contrato social" que nadie nunca firmó).

La frontera entre lo público y lo privado


No hay que ser un gran solucionador de crucigramas para intuir la relación entre "república" y "público". Pero una república no implica que todo deba ser estatal, sino al contrario: nace para determinar cuáles son los límites del Estado y garantizar el respeto por lo privado.

Esa frontera es fundamental porque no puede existir libertad sin la propiedad privada: sin derecho a la propiedad, las personas son propiedades del Estado; no son dueños del fruto de su acciones. Quien produce algo pero no tiene derecho a ello se llama "esclavo".

Sería clara la barbarie en la que vivimos si los productos vinieran con una lista de los impuestos que los alcanzan, como la información nutricional de los alimentos. En países socialistas, casi nunca suman menos del 50% del precio. Cada cosa que alguien compra cuesta un 50% más de lo que vale. Cada persona es 50% esclava del Estado. Visibilizar esto haría que nadie pudiera ignorar dónde está el mayor problema de los países pobres.
Asertividad
El Estado puede ser tanto más agresivo en sus técnicas cuanto más pasivos son los ciudadanos. Pero los gobernantes tienen también estrategias para manipular la opinión personal (¡privada!) y distorsionar el equilibrio de poder en la especie, a tal punto de volver invisible la agresividad hasta que ya nadie tiene nada.

La excusa de "lo social" permite retorcer los términos de la ecuación fundamental: los individuos pasan a ser simples medios para el fin de la sociedad, en lugar de lo inverso: personas reales y concretas beneficiándose de la abstracción que es la sociedad.

Ejemplo extremo: en USA, el derecho constitucional a tener armas es la única garantía del pueblo de no ser oprimido por el monopolio de la fuerza del Estado. Cuando el instante del abuso de poder llega (como en Ucrania recientemente, entre otros) ya es tarde para votar. Lo sé... También detesto las armas y la violencia. Pero el derecho a la defensa de todos los derechos no se puede olvidar.

Todo esto es para decir que los impuestos son una forma de violencia. El fin puede parecer bueno, pero el medio es perjudicial. No existe una obligación de dar algo a la sociedad, pero sí un derecho a tener lo propio. Es tentador pensar que los impuestos son inevitables... pero eso no es pensar; eso es sucumbir a una tentación, una tradición, un status quo. Hay tantas alternativas que de sólo pensar en explicarlas prefiero prometer hacer mi mejor esfuerzo otro día.

Si bien lo público es muy diferente de lo privado, en realidad no hay tal separación entre Estado y Mercado. El Estado es una empresa, una empresa muy, muy grande que no tiene competidores. Es lo que comunmente llamamos "monopolio". Es quien nos cobra lo que quiere por algo que no podemos conseguir en otro lugar.

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