Cibermitanios

El acertijo de las píldoras

Dejamos de ser un poco ciegos cuando aceptamos que no podemos ver.
Un ciego está en una isla desierta y tiene en una caja dos píldoras rojas y dos azules, mezcladas. Por una rara condición médica, debe tomar al mismo tiempo una roja y una azul. De lo contrario, morirá en unos minutos. Por otro lado, también sería fatal que tomara dos rojas o dos azules juntas. La ayuda vendrá en una hora, pero debe realizar este proceso ya mismo. ¿Cómo hará, siendo ciego, para tomar una píldora de cada color?

De más está decir que las cuatro píldoras son idénticas en todo aspecto, salvo en el color (y en su efecto en el organismo); tienen la misma forma, pesan lo mismo, no tienen inscripciones particulares, etc. El sujeto tampoco dispone de compañía ni monos entrenados, celulares, poderes parapsicológicos ni una suerte excepcional, y, por desgracia, tiene las píldoras todas mezcladas. Sólo puede pensar y actuar.

Descubrí tres explicaciones satisfactorias (aunque puede haber más), pero sería muy interesante que pensaras por tu cuenta antes de verlas, ya que podrías dar con otra forma creativa de resolver el problema. Esto no es una prueba, sino un entrenamiento. Uno nunca sabe cuando puede quedarse ciego y tener un doctor tan malo que le recete cosas de colores.

En todo caso, veamos tres cosas muy distintas que el cerebro puede hacer con el mismo dilema...


1 La solución termodinámica


Esta solución fue la primera que me vino a la mente y supongo que sería la predilecta de los geeks. Requiere un mínimo conocimiento científico, pero realmente te haría muy popular en una fiesta de ciegos.

El hecho científico en cuestión es que, suponiendo que ambas píldoras sean más o menos del mismo material, las rojas se calentarán más rápido que las azules, ya que algo rojo retiene más calor, porque absorbe la luz azul, que tiene más energía que la roja. De modo que, mientras que la primera píldora que tome no tiene importancia siempre que la segunda sea del color opuesto, al exponer las tres restantes al sol podría identificarla fácilmente por el tacto, especialmente con zonas sensitivas como los labios o la punta de la nariz.

Temperatura

Lo interesante de esta solución es que logra un intercambio válido de conceptos: cambia píldoras rojas y azules por píldoras frías y calientes, colores por temperaturas, y eso es pensamiento lateral, aunque esencialmente es una solución técnica que requiere un conocimiento previo. Pero el problema realmente no es acerca de ignorancia y conocimiento, sino de lógica y estupidez.

Además, este método requiere algunos elementos externos y bastante suerte. Bien podría ser de noche y no haber fuentes de calor, o la temperatura ambiente podría ser demasiado alta como para distinguir la diferencia. La segunda solución, en cambio, es más universal y técnicamente no requiere conocimiento alguno, aunque sí una lógica afilada y oportuna.

Insisto en que pienses otra solución ante de seguir leyendo...


2 La solución homeopática


Una segunda opción (que en realidad es una versión extrema de la tercera –ya verás por qué–) es más digna de gente metódica y con mucha paciencia, como los coleccionistas de estampillas y filósofos. Consiste en reducir las cuatro pastillas a polvo, triturándolas y mezclándolas lo más homogéneamente posible, y luego separar la mitad para su consumo. Aunque se tratara de cápsulas blandas (de contenido líquido), el mismo procedimiento sería técnicamente válido.

Polvo

La mitad de ese montón equivale al contenido de una píldora roja y una azul.

Lo que logramos aquí es darnos cuenta de que no necesitamos conocer los colores, sino las cantidades. El objetivo real es separar la mitad, y eso reduce la complejidad del problema al eliminar otros factores que no son realmente importantes. De hecho, esta técnica serviría incluso si las cuatro píldoras fueran del mismo color, caso en el que estaríamos todos en igualdad de condiciones, con o sin vista. Este es un gran paso lógico hacia la comprensión del dilema: la abstracción.

Las posibles objeciones son circunstanciales: el viento podría llevarse parte de la mezcla, dejando una dosis inferior a la necesaria, e incluso en condiciones ideales sería muy difícil separar la mitad sin el uso de la vista. Pero haber llegado a esta conclusión ya es bastante buen ejercicio para el cerebro. La última alternativa, sin embargo, es muy superior a las dos primeras porque conjuga pragmatismo, eficacia y precisión...

¿Se te ocurre alguna otra posibilidad?


3 La solución genial


La solución más elegante es tomar una píldora al azar y morderla justo en el medio, tragando una mitad y guardando la otra (por ejemplo, en un bolsillo). Luego habría que repetir el proceso con las píldoras restantes. En total, el ciego habría tragado 4 mitades, es decir, 2 píldoras.

Sin importar el orden en que lo hiciera, en el bolsillo le quedarían dos mitades rojas y dos mitades azules, que es la dosis justa para la siguiente ingesta. Por lo tanto, habría acabado de tragar también la dosis necesaria.

Mitades

Esto también es pensamiento lateral, pero ante todo es práctico y minimalista, y no deja de tener una gracia matemática: cuatro medios es igual a dos.

Quizás esta es la razón oculta de por qué la mayoría de los medicamentos vienen con una ranura en el centro. Es que la industria farmacéutica es tan considerada y previsora que piensa en sus estimados clientes hasta en las peores circunstancias posibles.



En conclusión, de esta Matrix sólo salen triunfantes los pensadores. Elegir píldoras al azar o por "instinto" sólo nos da un 50% de probabilidades de éxito en este caso, y en la Matrix cotidiana (esa, esa misma en la que estás ahora) las opciones son mucho más que cuatro y son ciegos hasta los fabricantes de píldoras. La lógica es lo único que puede garantizar un resultado.

Se puede resolver este problema apelando a distintas estrategias, pero lo importante es que dejamos de ser un poco ciegos cuando aceptamos que hay algo que no podemos ver. Esto se trata, al igual que el problema de la vela, de creatividad, es decir: de libertad, que es proporcional a la cantidad de herramientas con que contamos.