Cibermitanios

Vida de metal

iCHELLs: células de metal... ¿vivas?
Hace poco vimos que era posible la vida basada en arsénico, y deduje que algo aún más extraordinario era inmediato, siguiendo la aparente lógica de un universo en donde las excepciones se convierten en regla y las extravagancias en modelos. La vida es una extravagancia universal y una excepción; nuestros modelos de inteligencia y belleza son excepciones a la regla: la mayoría somos feos y estúpidos*.

* Me gustan los asteriscos.


Leyes metálicasEl resto del universo parece funcionar con una lógica similar. Las cuestiones sociales, los planetas habitables, la soberanía misma de la materia frente a la antimateria, todas las cosas importantes parten de una diferencia individual que tarde o temprano se vuelve regla y modelo.

¿Cuántas excepciones habrá aún por conocer? La materia es puro potencial, como un par de dados en el aire. Si se dan las condiciones adecuadas, algo extraordinario puede pasar. No cualquier cosa, porque hay leyes que dictan el resultado aún cuando los dados están en el aire. Pero la vida –está demostrado– es uno de los posibles resultados. Y, si el universo obtuvo vida una vez, nada impide que lo haga nuevamente. No es simple cuestión de azar. Sospecho que hay algo en el aire apostando a su favor –y no sé qué es–.

En cualquier caso, no me sorprendió enterarme de que la vida podría también formarse con metales.

No hablo del típico robot consciente de ciencia-ficción (que algún día será sólo ciencia), sino de algo más profundo: organismos naturales cuyas células están hechas de metal. Nunca hubo razones para descartar esta posibilidad, pero parecía altamente improbable. Y ahora la ciencia logró pasar una primera prueba para que esta idea se gradúe, es decir, para que de improbable pase a ser probable...


iCHELLs


Células metálicasLos científicos de la Universidad de Glasgow (Escocia) crearon unas burbujas llamadas iCHELLs que se comportan como células vivas, salvo por la pequeña diferencia de que están hechas de elementos metálicos como el wolframio (presente –ya que aún no puedo decir "pasado"– en los filamentos de las lámparas incandescentes y que es a los metales como el carbono a los elementos orgánicos: muy duro, con el punto de fusión más elevado, el punto de ebullición más alto y con la capacidad de adoptar diversas y maravillosas formas).

Estas burbujas pueden auto-ensamblarse si las condiciones son favorables, creando "células" con una estructura interna y una membrana externa con permeabilidad selectiva que les permiten tener reacciones análogas a las del metabolismo biológico, incluyendo –potencialmente– complejos procesos como la fotosíntesis.

Lo que les falta a estas iCHELLs para ser auténticas formas de vida es la capacidad de reproducirse (–¿Por qué otro motivo vivirían? –acota en conexión satelital desde la mansión Playboy), para lo cual necesitan un análogo del ADN. Pero, aún sin un dios del orgasmo que guíe sus vidas, las nuevas células metálicas han demostrado en el laboratorio incluso ser capaces de evolucionar, es decir, de cambiar sus estructuras químicas para adaptarse al ambiente.


Vida metálica extraterrestre


Vida metálicaLa ciencia-ficción nos traumó con variantes de las máquinas de Von Neumann, diminutos robots capaces de auto-replicarse y consumir todo lo que encuentren a su paso. Esta idea siempre me causó gracia, no por imposible, sino por cotidiana: ¿Qué somos nosotros sino monstruosas máquinas de Von Neumann, multiplicándonos automáticamente de forma exponencial y agotando todos los recursos del planeta?

Por eso, antes de imaginar un futuro donde los nanorobots nos consumen, me parece más urgente pensar que en algún planeta remoto (aunque no haya necesidad del adjetivo, ya que todos los planetas salvo uno son remotos), la vida o algo similar ya evolucionó a partir de metales como el wolframio. Tiempo ha tenido.

Lo que diferencia a estas células metálicas de cualquier otro robot concebible es que no necesitan software alguno (o bien, su software son las leyes de la física, tal como lo son de las nuestras). Ninguna intervención divina es requerida para que la materia se autoorganice de formas complejas en este complejo universo. Hasta dónde puede evolucionar el metal, no lo sé, pero puede evolucionar, y creo que eso es lo suficientemente asombroso como expandir los alcances de la conciencia humana.

Si estas células metálicas existen naturalmente en alguna parte del cosmos (y es lo probable) y lograron organizarse (co-operar en forma de organismos), nuestras ideas acerca de los seres extraterrestres necesitan una revisión completa, no sólo por gusto sino porque cambia así también la idea de "zona habitable" que dirige a la ciencia en la búsqueda de vida alienígena.

Criaturas que normalmente harían caer la verosimilitud de muchas películas de ciencia-ficción podrían ser más comunes en el universo que los típicos homúnculos verdes: seres metálicos –muy lejos de por eso ser robots–, quizá con conciencia, aunque ésta no aparente ser un requisito vital (véase el reino vegetal, una forma de vida aparentemente inconsciente que no podríamos haber imaginado de no existir en nuestro propio planeta y frente a nuestras propias narices).


Otras posibilidades


Y aunque fuera imposible que el metal desarrolle una conciencia, queda demostrado que, al menos en la Tierra, puede obedecer a algunas de las mismas leyes a las que obedece la vida orgánica.

Si a estos prototipos de Glasgow se les suma la capacidad de procesamiento de la materia programable, tendremos una forma de vida artificial para manipular a nuestro antojo: robots –sin consciencia– capaces de hacer desde tareas domésticas hasta colonias en otros mundos por y para nosotros, aunque quizás en el proceso pierdan contacto, evolucionen de forma autónoma y sobrevivan mucho más que nuestras ridículas estructuras de carbono e incluso desarrollen mitologías acerca de su propio origen...

Nunca se sabe: bajo el dominio de las leyes de la física, ideas metafísicas como el génesis, el alma y la reencarnación toman un sentido más lógico: la creación como un estallido de espacio-tiempo, el alma como la combinación única de fuerzas que forja nuestros cuerpos materiales a partir de materia inanimada (sin ánima = alma) y esa combinación como id-entidad capaz de dar origen a otra carne cuando la nuestra haya vuelto al polvo... aunque, claro, la idea original pierde glamour.

Sin embargo, debo advertir que el concepto original de la reencarnación de las almas es bastante estúpido: si lo único en común entre mis vidas pasadas y la actual es mi alma, y si bien mi alma guarda memoria de esas vidas anteriores pero yo no tengo acceso a ellas, ¿qué es lo que se reencarnó?