Cibermitanios

Ondas cerebrales

El cerebro es un instrumento musical. Veamos cómo se afina.
¿Tu cerebro a veces piensa en la hermosa máquina que es? El mío sí. Piensa con impulsos eléctricos entre neurona y neurona. Esos impulsos ocurren con una frecuencia determinada de acuerdo a lo que suceda a mi alrededor y en el resto de mi organismo, y eso tiene repercusiones en mi estado de ánimo y comportamiento. Como introducción a este tema muy complejo, hablemos un poco de onda...


Oscilación neuronal


Si alguna vez viste un caballo, habrás notado que tiene cuatro patas y que las mueve de maneras diferentes de acuerdo a la velocidad con que se desplaza...

PasoTroteGalope

La actividad cerebral humana es parecida: a medida que acelera, cambia la forma en que funcionan las neuronas para que puedan mantenerse en sincronía unas con otras.

Convengamos que esta explicación esclarece el funcionamiento del cerebro tanto como la teoría de "la semillita de papá en la flor de mamá" explica lo que podría pasar si me dejan entrar a la mansión de Playboy, pero nadie me puede negar que es un comienzo atrapante. Quien se haya conformado con la primera explicación se pierde algo mucho más excitante...



En términos sencillos, la mente es el producto1 de neuronas sincronizadas que intercambian señales con determinada velocidad. Cuanto mayor es la velocidad a la que se comunican las neuronas, mayor es la actividad cerebral. Pero mayor velocidad no significa mejor. En cambio, hay una frecuencia óptima para cada tarea.

Si mucha actividad cerebral significara mejores pensamientos, podríamos pensar que Benjamin Franklin sólo era un idiota remontando una llave con un barrilete hasta que un rayo le encendió todas las neuronas a la vez (si bien esta teoría es consistente con la idea de que Newton descubrió la gravedad cuando le cayó una manzana en la cabeza y de que el monje zen alcanzó la iluminación cuando el maestro le metió un bastón en el culo). Lo cierto es que la mente necesita un equilibrio para poder funcionar bien: los caballos no pueden arrastrar arados al galope ni correr con tres patas apoyadas en el suelo.

Nuestro cerebro no será un caballo, pero es una máquina eléctrica y, como tal, tiene un rango de frecuencias y temperaturas dentro del cual puede trabajar más eficazmente. Con el aumento de la frecuencia hay también un aumento de voltaje, y sobrepasar ciertos límites es como meter los dedos en el enchufe, y eso, por si nunca lo probaste, es una experiencia asombrosamente inolvidable2.

Veamos qué pasa en el cerebro de acuerdo al rango de frecuencias (velocidades) en que trabaja...


Ondas Delta (≈1 a 3 Hz)


Inconsciencia. Sueño profundo sin sueños. Hipnosis. El estado más pasivo de la mente humana. Es lo más cercano que se puede llegar al no-existir sin perderlo todo. Cuando nada del mundo externo interfiere, este estado le permite a nuestro cerebro concentrarse en fortalecer el sistema inmune, y por eso es que los colchones son tan caros. Estas ondas casi nunca se manifiestan cuando uno está despierto, excepto bajo hipnosis profunda o algún otro tipo de trance, como usar Instagram. Básicamente, se trata de un estado vegetativo, como el motor de un auto que está encendido pero no acelera.


Ondas Theta (≈4 a 8 Hz)


Sueño normal. Sueños vívidos. Es el estado que tenemos estando a punto de dormir o al levantarnos un poco dormidos. Se pronuncia "Zeta", para desgracia de cualquier potencial chiste. Además, su función no está del todo clara, aunque se cree relativa al aprendizaje y la memoria y probablemente a la relación del cerebro con el espacio —quizá sea una coincidencia, pero Einstein tenía sus mejores ideas luego de una siesta, de las cuales tomaba varias al día y terminó descubriendo que el espacio se puede doblar y guardar bajo la cama—. Parece que estas ondas favorecen al intento de recordar eventos olvidados y de conectarse con otros datos usualmente inaccesibles para el nivel ordinario de la conciencia, como el sentido de la vida y el presente.


Ondas Alfa (≈9 a 12 Hz)


Relajación, meditación. Creatividad, optimismo. Están casi siempre presentes cuando estamos a punto de dormir, aunque no necesitan que haya sueño o cansancio; más bien representan el reposo de la corteza visual y pueden lograrse meditando o simplemente cerrando los ojos, ya que al hacerlo literalmente apagamos una gran porción del cerebro que normalmente está procesando datos visuales sin parar como en este preciso instante en que tu cerebro interpreta los cuatro mil trescientos diecinueve símbolos que leyó desde el comienzo del post. Bajamos un cambio, de Beta a Alfa (y este cambio es casi inmediato). Seguiré con esto más abajo...


Ondas Beta (≈13 a 28 Hz)


Alerta, concentración, excitación, ansiedad, miedo, estrés. Es el estado que tenemos durante la mayor parte de la vigilia, aunque eso no lo hace "normal". La preponderancia de estas ondas es producto de la vida en la ciudad, que requiere estar constantemente alerta a una infinidad de estímulos externos. La ciudad no sólo satura al cerebro con información visual, sino que también la agresividad incesante de sus sonidos obliga al cerebro a trabajar con ondas Beta, conduciendo al estrés y la depresión y llegando a desfigurar incluso la percepción del tiempo. Aunque es cotidiano, es un estado de hiperactividad del cerebro.

Hay otras ondas no tan comunes, pero lo que quería resaltar son dos cosas muy importantes. Primero: que hoy en día el ser humano funciona casi exclusivamente con ondas Beta, como un caballo que no para nunca ni se pregunta por qué corre —y eso no es bueno—. Segundo: que dibujar esos caballitos me llevó más de una hora y parecen galgos.


Sobre las ondas Alfa y el sonido


Cada una de estas ondas aparece como respuesta a diferentes estímulos sensoriales. Por ejemplo, un sonido fuerte y repentino disparará olas de ondas Beta que nos pondrán en un modo de alerta, útil para tomar decisiones rápidas; por el contrario, una caricia, el resplandor del fuego en la noche o el diálogo entre viento y las copas de los árboles despertarán tranquilizantes armonías Alfa que son favorables para la imaginación y todo lo que deriva de ella, como las actividades artísticas y la introspección (no significa que el sólo hecho de tener ondas Alfa te haga componer como Mozart, pero es uno de los requisitos para ser como él, además de ser un genio y usar una peluca afeminada).

Aprender a estimular todos estos diferentes niveles de conciencia es fundamental para llevar una vida armónica. A veces, incluso, la armonía requiere poder saltar a unas frenéticas ondas Gamma (≈100 Hz) para tomar decisiones rápidas y lúcidas, pero más importante es saber volver al rango Alfa.

Estas respuestas son el resultado de millones de años de evolución, y el rápido avance de la civilización no ha dado tiempo a que el cerebro humano se adapte. El rugir de los autos nos sigue poniendo en estado de alerta (Beta), como si se tratara de una estampida de elefantes.

Las ondas Beta no son necesariamente malas; son importantes en muchas actividades que requieren estar alerta (que es lo opuesto a estar concentrado). Pero esas actividades, cuando son frecuentes y no están bajo control, producen una sobrecarga en el cerebro que hace perdurar la tensión más allá de lo necesario, deviniendo en algo que, a grandes rasgos, podríamos llamar estrés y paranoia.

El constante acecho de datos visuales de la ciudad no es menor que el acústico, pero es el sonido el medio más eficaz para alterar los estados de la conciencia de los que hablamos. Por eso la música nos resulta tan importante: juega con estas respuestas neuronales, modula en nuestros cerebros diferentes ritmos e intensidades que componen (o dirigen) las fantasías eléctricas que conocemos como emociones.

Y hay una música natural que es muy efectiva para combatir las ondas Beta descontroladas: las olas barriendo la arena, el viento acariciando los árboles, el arroyo murmurando entre las piedras... melodías que también traen consigo imágenes de paz que arriman el típico estado de armonía con la naturaleza, nuestro estado original, lo cual no implica andar corriendo tras una vaca con medio pan en cada mano, sino sencillamente relajarse y librarse de prejuicios y preocupaciones, permitir que la percepción vague con naturalidad y que las ideas encuentren nuevas asociaciones en la infinita fuente de inspiración que es el armónico caos del universo.