Cibermitanios

Premios Nobel 2011

Los ganadores de los premios Nobel y sus logros, explicados de manera sencilla y entretenida.
Se celebran 110 años de premios que son una excusa mundialmente ideal para dosificar en las masas un poco de cultura. Las decisiones del jurado no siempre son las mejores ni mucho menos oportunas (la mayoría de los ganadores ha esperado más de diez años), pero mejor tarde que nunca y que sirvan como incentivo para los que hoy trabajan en sus sueños (son pocos) sin esperanza de convertirlos en realidad.


Premio Nobel de Química

Premio Nobel de Química
Para: Dan Shechtman.
Por: Descubrir los cuasicristales.


Las moléculas de los cristales tienen formas geométricas particulares que al girar sobre sus ejes pueden alinearse con otras de manera ordenada.

cristales

La particularidad de los cristales es que, una vez que esto sucede, cada molécula cercana se alineará con la grilla creada por sus predecesoras y extenderá el patrón siempre de forma pareja. Es decir, los cristales "crecen" siguiendo las guías de las otras moléculas.

Un experimento sencillo para demostrar esta reacción en cadena es poner varias aspirinas en un frasco con agua, taparlo y esperar unos días para ver el resultado.

Bajo ciertas circunstancias, las moléculas de los metales también pueden alinearse. Pero la geometría de sus moléculas hace que, al girar, sus aristas no coincidan y se creen grillas más complejas que permiten a las moléculas alinearse de diferentes formas, creando complicados e impredecibles mosaicos que son teóricamente irrepetibles, pero ordenados: los cuasicristales.

Cuasicristales

Esto es lo que descubrió Shechtman y lo que le valió este premio Nobel. Además, descubrió que los patrones siguen reglas matemáticas relacionadas con el número áureo, lo cual fue suficiente para que los químicos de todo el mundo debieran reconsiderar la naturaleza de la materia y para que la industria pudiera crear nuevos materiales, como un tipo de acero muy resistente y con poca conductividad del calor, ideal para ser usado, por ejemplo, en motores y jaulas para el ave fénix.



Premio Nobel de Literatura

Premio Nobel de Literatura
Para: Tomas Tranströmer.
Por: Describir la realidad con palabras.


Su obra no es extraordinaria. Su poesía es simple, calma y bella, contemplativa como miles otras. Pero la diferencia entre este premio y los demás es que no premia tanto al hombre como a la poesía en sí misma. O al menos eso debería, porque darle un premio a cada poeta que cumple con su trabajo sería generosamente degradante.

Como el mismo Tranströmer dijo, cada hombre es una puerta entreabierta que conduce a una habitación para todos. Ser hombre es la función del poeta, ser con palabras una puerta.

Es una interesante manera de ver las cosas para saber lo que uno quiere ser: ¿una puerta hacia qué? Después de todo, cada uno es una puerta hacia algo y de un modo distinto. Pero en algo se equivocó: algunos hombres son puertas cerradas, blindadas, mientras que algunas mujeres son puertas giratorias.

Quizás por eso mismo, este caso entre los casos está bien elegido: no sólo es una puerta que lleva ochenta años entreabierta, sino que también conoce su función de intermediario. Parte de la obra de Tranströmer se abre paso y lo refleja: Soy el lugar donde la creación se elabora a sí misa.

"Te salvarás de morir si es que sabes tocar."
Le mostraron un extraño instrumento.

Parecía una tuba o un fonógrafo,
o parte de una maquinaria desconocida.

Paralizado y desamparado comprendió: era
el instrumento que dirigía el navío.




Premio Nobel de Física

Premio Nobel de Física
Para: Saul Perlmutter, Brian Schmidt y Adam Riess.
Por: Descubrir que el universo acelera.


La peculiar explosión del Big Bang tuvo poco de explosiva. Es difícil explicar sus características con palabras, y la razón es simple: aún no hay con qué comparar al Big Bang. Sin embargo, se puede decir lo que no fue: no fue algo que explotó, no sólo porque no había tiempo ni espacio ni materia, sino porque ni siquiera fue algo.

Miles de científicos estudiaron este fenómeno, pero fueron tres los que corroboraron una de las ideas más contraintuitivas: que su fuerza original, lejos de acabarse, aumenta, haciendo que el universo se expanda cada vez a mayor velocidad.

Antes de que alguien lo entienda mal: esto no tiene que ver con la aceleración aparente de las galaxias. Esa ilusión seguiría existiendo aunque el universo se expandiera uniformemente.

Lo que les valió el Nobel a estos físicos fue observar unas distantes supernovas cuya luz era mucho más débil que lo esperado. Esto (para la mente llena de ecuaciones de un físico) era una señal de que el universo aceleraba. Trataré de explicar por qué sin que le hables sobre mí a tu psiquiatra.

Las supernovas que observaban tienen algo en común: nacen cuando una estrella alcanza una masa crítica concreta (1,4 veces la del Sol). Teniendo la misma masa, tienen la misma cantidad de energía y brillan con la misma intensidad. Sin embargo, a medida que envejecen, su brillo se va atenuando. Al mismo tiempo, se van alejando de nosotros porque el universo se expande. Por lo tanto, las supernovas son más tenues cuanto más lejos están. Esa atenuación permite a los astrónomos saber a qué distancia se encuentran las supernovas, que además funcionan como marcas luminosas en el espacio para medir la distancia de otros objetos. Este es el párrafo que debes imprimir para tu psiquiatra, ¿ok? Me atrevo a sugerir 15 mg de Cibermitañol y una hora diaria de ejercicios de regla de tres.

Hablando de tres: de pronto, Perlmutter, Schmidt y Riess encontraron unas supernovas a 6 mil millones de años luz que brillaban como si estuvieran más lejos (eran más tenues).

La sorpresa e incredulidad del resto de los científicos fue la misma que tendrías si te dijera que lancé una piedra hacia arriba y comenzó a acelerar hasta perderse de vista. De hecho, eso es exactamente lo que significa este descubrimiento.

Nuestro pensamiento está condicionado por la gravedad, que es un efecto de la materia. El sentido común nos dice que la piedra caerá, y le dice a los físicos que tarde o temprano las estrellas se detendrán y caerán unas hacia otras por la misma acción gravitacional. Pero parece que no es la materia la que manda en el universo. Para que la aceleración observada fuera posible, debía existir una materia/fuerza desconocida tan grande que represente el 96% del universo. Más tarde se llamó a eso energía oscura y materia oscura, aunque daría lo mismo que se llamasen Pinky y Cerebro porque no se sabé qué son.

Tan difícil fue de aceptar el descubrimiento que recién 13 años después estos científicos reciben el Nobel, habiéndose corroborado las observaciones y los cálculos hasta el cansancio: el universo acelera.

Hey, no es como si te dijera que llueve. ¡El universo completo, todo lo que conocemos, la realidad misma se expande a una velocidad cada vez mayor! A eso llamo un descubrimiento.

¡Y hay más! El universo se expande desde el Big Bang, pero no siempre aceleró. Se calcula que el universo comenzó a acelerar hace unos 5 mil millones años (un poco más que la edad del Sol). Desde entonces, el universo ha duplicado su tamaño.

Las estrellas no sucumbirán a la gravedad. Se alejarán para siempre, cada vez más rápido, hasta apagarse y dejar un universo completamente oscuro, completamente frío, completamente silencioso y completamente aburrido.

Por qué acelera el universo, sigue siendo un misterio. Yo creo que está apurado.



Premio Nobel de Medicina

Premio Nobel de Medicina
Para: Bruce Beutler, Jules Hoffmann y Ralph Steinman.
Por: Descubrir los mecanismos que activan el sistema inmune.


Algunos dicen que el cuerpo es un templo, pero, en realidad, se parece más a una imponente fortaleza. Las puertas de un templo están siempre abiertas; las de una fortaleza son tenazmente custodiadas por miles de despiadados guardianes que matan a los intrusos: bacterias que se infiltran en la comida como troyanos, virus organizando tropas dentro mismo de la fortaleza, hongos que debilitan el exterior y toda clase de pequeños seres vivientes que atacan, sabotean y asedian nuestros muros día y noche como los ejércitos de Mordor a Minas Tirith.



Bueno, quizás exagero un poco, pero es cierto que, si no tuviéramos un sistema inmune combatiendo ferozmente a cada intruso, no sobreviviríamos ni un día. Hay una verdadera batalla invisible en nuestra superficie y bajo ella.

Las honorables fuerzas que nos defienden se dividen en dos clases. Una es el sistema inmune innato, que nace con nosotros y tiene funciones específicas que se activan al detectar una amenaza. La otra casta de guerreros es la del sistema inmune adquirido, cuyas tropas son entrenadas ad hoc frente a un enemigo desconocido. Estos últimos aliados tienen una respuesta más lenta, pero una vez que han sido desplegados en el campo de batalla, actúan rápidamente y además recuerdan lo aprendido: si ganan esa primera batalla, la fortaleza estará segura contra nuevos ataques del mismo adversario.

El conocimiento exacto de cómo funcionan estas dos barricadas se lo debemos a los tres recientemente condecorados con el Nobel: los dos primeros, Hoffmann y Beutler, descubrieron cómo se ponen en marcha las defensas frente a una amenaza: mediante una proteína (TLR) que funciona como detector de invasores conocidos y un gen (Toll) que da el grito de guerra para desplegar las armas. Así se activan las defensas innatas. Steinman, por su lado, descubrió que la inmunidad adquirida se activa mediante un nuevo tipo de célula, llamada célula dendrítica, que identifica moléculas extrañas y llama a los linfocitos (glóbulos blancos), encargados de fabricar anticuerpos a medida.

Gracias a estos descubrimientos, las moléculas y células que llevan el estandarte aliado ahora pueden ser manipuladas para fortalecer la respuesta inmunológica o bien para debilitarla, en los casos en que nuestros soldados se confunden y abren fuego amigo (enfermedades autoinmunes).

Los hallazgos, además, explican a los biólogos cómo funcionan las vacunas, que salvan millones de vidas por año, y permitirán hacerlas más eficaces y, probablemente, más caras.



Premio Nobel de la Paz

Premio Nobel de la Paz
Para: Ellen Johnson-Sirleaf, Leymah Gbowee y Tawakkul Karman.
Por: Luchar pacíficamente por los derechos de las mujeres.


Ellen Johnson-Sirleaf fue la primera mujer en ser elegida democráticamente para la presidencia de un país africano (Liberia).

Claramente, un funcionario estatal no debería recibir un premio por hacer su trabajo, menos aún cuando es un premio en efectivo (el Nobel consiste en casi un millón y medio de dólares). Sobran candidatos que no sólo merecen el reconocimiento sino que necesitan el dinero, pero el comité Nobel es propenso a tropezar con estos peñascos, como en el caso completamente opuesto del ganador del año pasado, Liu Xiaobo, quien lamentablemente no pudo recibir el dinero porque está preso e incomunicado por el gobierno chino. El año anterior a ese, el Nobel de la Paz fue para Barack Obama, gracias a quien prácticamente hubo que cerrar la NASA para poder comprar más armas. Cosas que pasan. Incluso una vez estuvo en la lista de nominados a este mismo premio un tal Hitler.

Como sea, Johnson-Sirleaf parece haber hecho un buen trabajo fomentando la igualdad de derechos para las mujeres, junto a la otra ganadora de su país, Leymah Roberta Gbowee.

Gbowee, como trabajadora social, fue la responsable de terminar con la segunda guerra civil de Liberia a través del grupo de mujeres que lideraba. A diferencia de la presidente, no sólo nadie le pagó por hacerlo sino que también arriesgó su vida muchas veces para inspirar al pueblo.

La tercera parte del premio va para Tawakkul Karman, fundadora del movimiento Mujeres periodistas sin cadenas de Yemen, que promovió los derechos de libertad de expresión y de elección a través de numerosas manifestaciones pacíficas, aunque poco lograron cambiar la violenta sociedad del país. Hay que reconocer, sin embargo, que Yemen es un modelo de cumplimiento de la justicia: una de sus leyes que se respeta sin excepciones es aquella que declara ilegal a la homosexualidad y la castiga con pena de muerte.

Al final, tenía razón Jacque Fresco: "civilización" es algo que aún estamos lejos de imaginar.



Premio Nobel de Economía

Premio Nobel de Economía
Para: Thomas Sargent y Christopher Sims.
Por: Investigar la relación de causa y efecto en la macroeconomía.


No entendí los detalles de esta investigación (porque no me interesan), pero se basa evidentemente en el importante rol de las expectativas en la economía.

Parece que, en resumen, las decisiones de las empresas privadas (en cuanto a precios, salarios e inversiones) se basan frecuentemente en sus expectativas de cómo la futura política nacional influirá en la economía, mientras que las decisiones de los políticos, a su vez, se guían por sus expectativas de la evolución del sector privado.

De este modo, se cae en una situación donde las partes no dialogan sino que compiten en un ajedrez económico interminable intentando anticipar las movidas del otro, sin una visión a gran escala, sin contemplar una macroeconomía que podría estabilizarse con algunas sencillas fórmulas matemáticas.

Demasiado ideal para una realidad donde el amo es el dinero.

Premios anteriores