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La importancia de la huella de carbono

Más del 80% de los científicos concuerda en que este planeta se está calentando gracias a los gases de efecto invernadero. Entre esos gases, el más importante es el dióxido de carbono.
Más del 80% de los científicos concuerda en que este planeta se está calentando gracias a los gases de efecto invernadero. Entre esos gases, el más importante es el dióxido de carbono. Y, por desgracia, prácticamente todo lo que hacemos libera un poco de carbono en el aire. Incluso al respirar dejamos una huella de carbono, una huella invisible que pesa unas 10 toneladas por cada persona...

huella de carbono
La evolución del Hombre no implica sólo que hayamos perdido la cola y caminemos en dos patas. Los ecos de la vida van mucho más allá y transforman desiertos en ciudades, piedras en balas, barcos en aviones y todo tipo de sueños en realidad. Hemos dominado el fuego, hemos enviado naves fuera del Sistema Solar, hemos tendido una red informática mundial, hemos creado materia a partir de energía y estamos muy cerca de entender a las mujeres. Pero también convertimos en realidad las pesadillas, ¿para qué negarlo?

Todo cuanto hacemos deja una huella. Hasta dejamos una huella en la Luna. Esa huella fue intencional, pero otras no, y uno generalmente no presta atención a dónde pisa. ¿Qué tal si miramos un poco hacia atrás y vemos lo que hicimos?

Talamos el 90% de los bosques del planeta setecientos años antes de la era industrial, y seguimos deforestando un área del tamaño de Costa Rica cada año. Contaminamos muchos de los lagos más grandes del mundo hasta el punto en que no se puede respirar en un radio de kilómetros. Hicimos de Chernobyl un desierto nuclear, y seguimos produciendo cien mil metros cúbicos anuales de desperdicios radioactivos. Extinguimos una cantidad de especies tan grande que sus embajadores no entrarían en cien arcas de Noé. Estos son hechos que nadie niega. Entonces, ¿por qué es tan difícil creer que estamos calentando la atmósfera?

humoCasi toda la energía que consumimos hoy en día está basada en el petróleo. Incluso la comida que ingerimos no existiría sin las máquinas que funcionan con combustibles fósiles. La luz eléctrica, el agua corriente, el transporte, las comunicaciones, las casas... todo requiere su energía.

¿Y qué sucede cuando se queman combustibles fósiles? Sale un humito negro como el de Lost. Se llama dióxido de carbono y tiene la propiedad -junto a otros gases- de retener el calor que la Tierra irradia. Al igual que nosotros, la Tierra necesita deshacerse de ese calor sobrante, o tendrá fiebre.

Lo cierto es que el dióxido de carbono en sí mismo no es malo. De hecho, es gracias a él que la Tierra es habitable, porque la mantiene caliente, y también hace posible que exista la Coca-Cola. Pero tampoco es mala el agua, ni es malo el Sol; no es malo el viento ni es malo el amor... pero bien pueden matar si superan ciertos límites. Todo esto es bueno en su punto justo, y el punto justo de gases de efecto invernadero ya ha sido superado.

El efecto invernadero debe estar perfectamente calibrado: un poco más o un poco menos puede destruir un equilibrio que tomó millones de años en florecer. La radiación solar entrante en la atmósfera debe ser idéntica a la radiación saliente. Nuestras emisiones de carbono lo impiden, haciendo que la atmósfera acumule cerca de un 0,2% de esa radiación, lo cual es suficiente para provocar un calentamiento global, porque se va acumulando año tras año.

Eso es la huella de carbono: el rastro que la civilización deja a su paso. Y es una huella prácticamente indeleble, porque el carbono es un gas de larga permanencia, es decir que el 50% de las moléculas de carbono que hoy lanzamos al aire tardarán entre varios siglos y varios millones de años en ser reabsorbidas1. Incluso luego de eso no pueden desaparecer; quedan en las plantas y en la tierra hasta que son liberadas nuevamente.

ciclo del carbonoLas plantas tienen la habilidad de retener el CO2 por un tiempo, formando parte de un reciclaje constante del carbono en el que luego intervienen el suelo, los mares, los peces y las nubes. Pero cada vez hay menos plantas, por lo que el gas se acumula en la atmósfera; al talar árboles, también liberamos el carbono que ellos habían absorbido, y lo mismo pasa cuando removemos la tierra para cultivarla o pescamos indiscriminadamente... Y las industrias que nos abastecen de energía, transporte, comunicaciones y demás tampoco ayudan a reducir los niveles CO2, sino que los incrementan gravemente porque sus tecnologías demandan quemar más petróleo, cortar más árboles, etcétera.

A partir de la Revolución Industrial, el hombre comenzó a emitir mucho más carbono que antes. Pero no fue hasta hace pocos años que la cosa se fue de control: entre 1970 y 2004, la cantidad de este gas en el aire aumentó un 80%. Peor aún: en esta última década, sólo el Hombre ha producido más CO2 que en ese plazo de 34 años, y las emisiones siguen en aumento. Nuestra huella es demasiado grande.

Debido a la larga permanencia del carbono, no podemos detener las emisiones en cualquier momento. Tenemos, siendo un poco más exactos, entre 6 y 10 años para reducir las emisiones a un nivel aceptable.

Mientras las nuevas tecnologías que reemplazarán al petróleo llegan y se instalan en nuestras vidas, hay algo que podemos hacer para ayudar mucho: conocer nuestra propia huella personal y pisar con más cuidado...

Seguiré con eso en otro post -prometido-.