Cibermitanios

Futuro: Energía

Los esbozos de una cara de la ciencia que podría sonreírnos en los próximos años.
Continuaré relatando lo que vi en mis viajes al futuro. Esta vez meditaré sobre los esbozos de una nueva ciencia que podría estallar en los próximos años. No tan nueva la ciencia, en realidad, como la conciencia de una economía que involucre en sus intereses a los recursos renovables y a una proyección más allá del presente que a cualquiera le está permitido vivir (excepto a nosotros, claro, los viajantes del tiempo).


Introducción: la problemática energética actual

Energía
El problema es simple: nuestra sociedad se sostiene sobre el petróleo, restos de plantas y animales muertos. Eso nos convierte ni más ni menos que en una civilización carroñera que depende de un subproducto biológico de reservas limitadas. Eso sin mencionar la problemática medioambiental que ya todos conocemos aunque muchos prefieran negarla: el quemar petróleo libera gases tóxicos para el planeta y las formas de vida que contiene.

Utilizar combustibles fósiles equivale a prender fuego nuestra propia casa para calentarnos en invierno; no es un trato que nos convenga. Y esta metáfora es más cercana a la realidad de lo que parece; realmente estamos consumiendo nuestro planeta, cavando nuestra propia tumba.

Como cualquier viajante del tiempo, mi primer miedo fue llegar al futuro y ver que no había nada, que el planeta estaba ya intoxicado y sus recursos agotados. Sin embargo, no fue así...

Si hoy no usamos otra fuente de energía no es porque no la haya, sino porque el petróleo es un negocio que nadie quiere perderse. Pero acabado el petróleo, no quedó más alternativa que cambiar de una sociedad carroñera a una recolectora...


Recolección de plasma

Energía espacial
Como conté anteriormente, durante mi última visita al futuro pude presenciar el desarrollo de la primera prueba de un ascensor espacial, lo cual sucedió de esta manera:

Viajaba yo de regreso a la Tierra en un transbordador espacial junto a un par de turistas y la familia del canciller lunar –él, su esposa y sus tres niños–, con quienes había entablado una interesante charla acerca del clima espacial y el estado de los baches en la Luna.

Durante la mayor parte del viaje, por las ventanas de la nave nos acompañaba la oscuridad del espacio vacío, especialmente en los instantes de silencio donde las pupilas se perdían en lo que no podían observar. Pero, en cierto momento, mientras nos acercábamos a la atmósfera terrestre, unos destellos intermitentes se infiltraron por los cristales. Al encontrar una mejor ubicación detrás de otra ventana, pude observar una actividad que hoy parece de ciencia-ficción: decenas de robonautas terminaban de soldar las instalaciones de lo que sería el primer ascensor espacial, y este era el origen de los destellos.

A lo lejos pude ver –mientras mi nave se dejaba seducir por la gravedad de la tierra– que otro transbordador salía de ella y se acercaba a la silenciosa construcción arrastrando el cable que sería la piedra fundamental del ascensor espacial. Estábamos por presenciar un momento único para la ciencia: el nacimiento del primer satélite que estaría literalmente colgando de la Tierra.

Pero, cuando faltaban pocos metros para que este hito se concretara, ocurrió algo imprevisto: súbitamente, el cable encargado de guiar al ascensor, que era de algunas decenas de kilómetros de largo, comenzó a recolectar electricidad de la atmósfera, del plasma espacial y del campo magnético terrestre funcionando como un pararrayos monumental capaz de dar vida a un millón de Frankensteins por segundo... Con un destello de proporcione atómicas (en su sentido peligroso), una llamarada eléctrica saltó entra la nave y la plataforma espacial, dejándonos momentáneamente ciegos, y luego todo volvió en la oscuridad.

Más tarde me enteraría de que, por un lado, la plataforma sufrió graves daños y el proyecto debió cancelarse, pero, por otro lado, que tanta energía hizo que a los científicos se les prendiera la lamparita e intentaran aprovechar esa tremenda cantidad de poder. El plan sería recolectar energía principalmente de las nubes, normalizarla y distribuirla por todo el planeta, utilizando cables similares al del accidente que presencié. Ignoro el resultado final de este experimento porque aún estaban trabajando en él cuando regresé al presente.

De todas maneras, esta tecnología sería sólo un experimento en desarrollo. Ya había otra fuente de energía que reemplazaba efectivamente al petróleo e impulsaba nuestra nave en ese mismo instante: la Luna...


Energía lunar

Energía lunar
–¿No sería genial –dijo el representante lunar, aún medio hipnotizado por la explosión– que la Luna irradiara alguna especie de fuerza invisible que pudiera abastecer de energía gratuita a toda la Humanidad? Seguro que sí, pero no es el caso; tal fuerza no existe. Pero tenemos algo mucho mejor...

Mientras los niños jugaban en la ingravidez, lanzándose entre ellos al hermano menor como si fuera una pelota, el canciller, que se llamaba Soñar Bicitem, continuó:

"Durante la colonización de la Luna nos dimos cuenta de que la luz solar no era suficiente para abastecer de energía a las bases que estábamos construyendo, especialmente debido a que las noches de la luna son unas quince veces más largas que las terrestres. Entonces, buscamos una fuente de energía alternativa. Por desgracia, al igual que en Marte, en la Luna tampoco hubo dinosaurios que tuvieran ganas de convertirse en petróleo, pero de todos modos encontramos algo que podía ser incluso de mayor utilidad: el regolito lunar..."

En ese instante no pude evitar deslizar mi mano en en uno de los bolsillos. Desprendiendo cuidadosamente el cierre de Velcro para que el contenido no saliera flotando, hice algunos malabares con las piedras selenitas que como buen turista me había robado en mi excursión por la superficie del satélite.

El regolito es, a grandes rasgos, el suelo de la Luna, como "la tierra" lo es de este planeta. Y en el regolito lunar hay materiales altamente combustibles...


Helio-3


El canciller lunar, entre llamadas de negocios y vuelos al baño, me explicó que la nave en que viajábamos era un prototipo híbrido que funcionaba parcialmente con Helio-3, y que el sistema aún estaba a prueba y su futuro era incierto.

El Helio-3 (3He) es un isótopo del Helio que puede usarse como combustible de fusión nuclear. Es producido por el Sol y arrastrado por la fuerza de sus llamaradas hacia el exterior del Sistema Solar, y la Luna, al no tener atmósfera, ha estado atrapando y acumulando todo ese 3He durante millones de años, y hoy tiene suficiente como para satisfacer las necesidades energéticas de todo el mundo durante milenios.



El problema era, según el canciller, que extraer estos átomos del suelo lunar resultaba extremadamente difícil. Se necesitan varios millones de toneladas de regolito para obtener sólo una de Helio-3. Aún así, fue una excelente opción para energizar las bases lunares durante los primeros años, y pronto se pensó en exportarlo hacia la Tierra. Si embargo (problema dos), a pesar de ser insuperable en cuanto a la energía que podía ofrecer, su producción también era extremadamente cara (1.500 dólares por gramo), sin mencionar el costo del transporte.

Al momento de mi visita al futuro, esa era la única nave que explotaba dicha tecnología, pero se seguía buscando una forma de aprovecharla.


Energía solar desde el espacio

Energía solar
Ya casi pisábamos el techo de la Tierra y se nos pidió regresar a nuestros asientos. El día terrestre nos daba la espalda y desde atrás del planeta fluía el aura del Sol y comenzaba a inundar los rincones de la nave. Esta luz seguía siendo el bien más preciado del ser humano, como lo demostraba una red de satélites artificiales que flotaba sobre la curvatura de la Tierra. Yo me moría por fumar un cigarrillo.

Estos satélites captaban la luz del Sol y le hacían sufrir una serie de transformaciones: primero, la luz se convertía en ondas electromagnéticas que se enviaban a la Tierra con la misma facilidad con que se transmite un programa de radio; así se evitaba que gran parte de la luz se perdiera en la atmósfera. Luego, las ondas recibidas en tierra por enormes parábolas eran nuevamente transformadas, esta vez en corriente eléctrica que sería distribuida de la forma convencional –a través de cables–, como muestra este video que filmé con el celular del Señor Soñar (que, por cierto, era tan bueno que hasta subtitulaba automáticamente lo que filmaba, gracias a la Realidad Aumentada).



Si en un tiempo fue la guerra la que provocó los avances tecnológicos más importantes, en ese momento era hacer las paces con el planeta lo que motivaba a los gobiernos, ya obligados a distraerse de los asuntos políticos por un ultimatum ecológico, a crear en pocos años una ciencia basada en los recursos naturales. Pensé, y lo sigo haciendo aún, que el Sol era una fuente de energía demasiado grande como para permanecer ignorada por mucho más tiempo, y que sería su inagotable fuego el que, de una manera u otra, al fin acabara con la estupidez humana.

En tierra firme, mi perro aún me esperaba atado al dispensador de gatos, y seguramente estaba muy asustado, porque, en el futuro, la mayoría de los perros pueden hablar, gracias la inserción del gen que controla el habla en humanos (sólo dicen algunas palabras, como los loros entrenados, pero las suficientes como para que un visitante del pasado se lleve un buen susto). Con el avance de la genética, muchas otras modificaciones se harán en los perros; las funciones extra se elegirán en la veterinaria, antes de que la mascota nazca... pero ese es un tema del que ladraré en otra ocasión.