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Futuro: Astronáutica y Espacio

Los problemas de hoy que serán lo común de mañana.
Empecemos a hablar de las cosas que vi en mis viajes al futuro... La primera vez que fui al futuro, llegué tarde: hice mal los cálculos, la Tierra ya se había movido demasiado y terminé en la Luna. Aproveché el error y exploré un poco para aprender sobre las ciencias del mañana. A continuación contaré algunos aspectos que atraparon mi atención en este viaje en el tiempo que comenzó en la superficie lunar...


Introducción: los problemas actuales de la astronáutica


A pesar de lo divertido que pueda parecer trabajar de astronauta, puedo asegurar que se trata de un oficio bastante desagradable. Por un lado, la falta de gravedad produce mareos, debilitación de los huesos, problemas de corazón, etcétera. La ausencia de amaneceres y atardeceres también altera el reloj biológico y la sensibilidad de los poetas. Por otro lado, el clima del espacio es muy malo: la temperatura llega a veces a los 120ºC, excepto a la sombra, que es de -100ºC, así que uno no sabe si salir abrigado o con lentes de sol...

Todo esto me contaba una viejita que vivía en la Luna desde su adolescencia. Decía que la mayor ventaja de vivir en la Luna a esa edad era que si tropezaba y caía, uno se divertía muchísimo. Tenía una nieta que había nacido allí mismo, en la colonia espacial, y que era uno de los primeros seres humanos de origen extraterrestre. Ella había crecido en el satélite y su cuerpo reflejaba los cambios que la escasez de gravedad le había ocasionado: su piel era perfectamente lisa y turgente, sus pechos firmes, su columna rectilínea y su rostro muy redondo y rosado, con párpados hinchados y carnosos labios; cuando se soltaba el cabello, se extendía una melena dorada y casi etérea, como en las propagandas de shampoo; sus piernas eran flacas y débiles, pero sus manos y brazos tenían mucha fuerza, desarrollados como medio de locomoción en la débil gravedad lunar.

Esta chica, que se llamaba Ayer, me ofreció dar una caminata lunar, a la que accedí emocionado... aunque la emoción fue bajando durante las cuatro horas que tardé en ponerme el traje de astronauta. En fin, salimos a caminar un rato por la Luna y, mientras Ayer me contaba que con el tiempo uno aprende a ponerse el traje en dos horas, vi un hermoso fenómeno celeste: un chorro de luz ambarina que surcaba el espacio despidiendo partículas fosforescentes. Pensé, lógicamente, que se trataba de un pequeño cometa cuya belleza se magnificaba por la falta de atmósfera de la Luna. Pero la chica me dijo que no, que probablemente era el vómito imparable de algún otro caminante lunar.



Me explicó que, si esto le pasaba a los aborígenes lunares, aquellos que debían vivir lejos de toda gravedad, en pleno espacio vacío, sufrían complicaciones aún más drásticas que terminaban en graves problemas de salud. El cuerpo humano es demasiado frágil para soportar las duras condiciones extraterrestres, y eso que aún no fuimos más allá de la Luna, que es el tapete de la puerta de nuestra casa. Para este momento, yo tenía muchas ganas de hace pis, y, sabiendo que tardaría al menos dos horas en ejecutar la maniobra con el traje, decidí volverme de inmediato a la base.

Estos problemas, como el de ponerse y sacarse el traje, ya existían desde los tiempos de los primeros astronautas; no hace falta ir al futuro para saberlo, pero yo quería ver cómo los habían solucionado, porque no eran problemas menores. Además, entrenar a un astronauta y proveerlo de todo lo que necesita en el espacio es hoy extremadamente caro (sólo el traje cuesta hoy 12 millones de dólares). Un astronauta necesita descanso y grandes cantidades de combustible: comida, agua y, especialmente, oxígeno. Por todo esto, no me sorprendí cuando en el futuro vi que los astronautas habían sido reemplazados casi completamente por robots.


Robonautas


Hoy mismo los robots no son una novedad en el espacio: aunque parezcan skates de un millón de dólares, las sondas que fueron a Marte son nada menos que robots teledirigidos. Pero los objetivos cada vez más elevados de la NASA y otros organismos demandaron que irremediablemente los robots cobraran forma humanoide. Esto, por un lado, permitía a los solitarios astronautas humanos tener alguien a quien abrazar por las solitarias noches y, por otro lado, permitía acelerar la colonización del espacio, ya que no conocemos máquina de movimientos más versátiles que el cuerpo humano, como quedará demostrado si le pedimos a un mono que haga pis en el espacio sin salpicar la tabla del inodoro.

En fin, los astronautas-robot fueron la solución para todo: no se mareaban, no respiraban y, sobre todo, que era lo que más le molestaba a la NASA, no hacían competencias de escupitajos espaciales. Se los llamó Robonautas, y pronto poblaron el espacio más allá de donde el hombre podía ir.



No puedo mostrar videos del futuro porque tardan mucho en cargar, pero arriba podrás observar el desarrollo actual del programa Robonaut de la NASA. Así es: los primeros robonautas ya están en desarrollo y no poseerán inteligencia propia, sino que serán operados a distancia por humanos, mediante la voz y los gestos corporales. Aún en estas etapas preliminares, sus cuerpos tienen mucha fuerza y destreza y son capaces de realizar tareas imposibles para nosotros, especialmente si estamos dentro de un traje espacial de 150 kilos.

Con el tiempo, estos robots estarán preparados para explorar el espacio sin supervisión humana, con sistemas de Inteligencia Artificial que les permitirán una autonomía que el Hombre no posee y un campo de acción mucho mayor. Así, serán los robots los primeros en pisar el resto de los planetas del Sistema Solar...


Bases en la Luna


Por supuesto, los robots del futuro también necesitan energía para funcionar, mantenimiento y revisión periódica, pero, aún así, nunca vuelven a la Tierra. Sus necesidades dejaron de ser un problema cuando comenzaron a funcionar las primeras bases lunares.

Luego de que hice pis satisfactoriamente, Ayer me ofreció un rápido recorrido por la base, que se llamaba Luna Gaia, y era una de las primeras en haber sido construidas. En realidad, la base era una especie de carpa gigante y sin mucha tecnología extraña. Todo lo que allí había ya existe hoy en día; si hoy no se construye, es simplemente por falta de interés.

Edificadas generalmente dentro de enormes cráteres para evitar la radiación directa, estas bases que hoy son sólo bosquejos serán en el futuro completos ecosistemas artificiales que recogerán la energía del Sol y reciclarán todos sus desperdicios, siendo casi 100% autosuficientes.

En la base, debido a su limitado espacio, no había médicos ni otros profesionales. Todas las tareas específicas, como la cirugía cardiovascular y los payasos que hacen animalitos con globos, eran realizadas por robots teledirigidos por humanos desde la Tierra, igual que se dirigen hoy a los prototipos de robonauta.

En gran parte impulsados por Google, estos proyectos serán una realidad antes de lo imaginado, y ya en sus primeras versiones serán en un 90% autosuficientes. Además de poseer lugares donde dormir y trabajar, estas estaciones tienen granjas y huertas, estanques de bacterias que limpian el agua sucia y la orina para volverla potable otra vez, y grandes pulmones artificiales a base de algas que convierten cada molécula de CO2 en oxígeno, entre otras cosas que podrás observar en el siguiente mapa interactivo, que le dan a cada visitante.



–Esta estación de trabajo –me contaba Ayer– tiene los días contados, porque la NASA la ha vendido a una compañía que piensa adaptar las instalaciones para ofrecer a los turistas verdaderas lunas de miel. Por casi el mismo costo que tiene viajar a China, uno podrá venir un mes a la Luna. Esta ubicación, cerca del polo norte, es ideal para eso. Dicen que sus spas serán los mejores que existen, y no lo dudo: si nuestros colchones son irresistiblemente cómodos, no quiero imaginar cómo será un jacuzzi con esta gravedad. Además, las habitaciones con vista a la Tierra son impagables.

Luego, Ayer se despidió porque le tocaba salir a barrer la superficie lunar, y yo aproveché para regresar a la Tierra y darle de comer a mi perro, al cual había dejado atado a un expendedor de gatos clonados, cosa común en el futuro.

En el camino de regreso, que es largo, tuve tiempo de pensar acerca de los turistas. La habitabilidad de nuestro satélite cambiaría las cosas para siempre: toda una nueva especie de deportes nacerá en la Luna, incluyendo las primeras olimpiadas para gorditos, y se filmarán películas de ciencia-ficción más realistas (hasta la NASA hará un remake de la filmación de Neil Armstrong en la Luna para que sea más creíble y nadie se queje).

Claro que al principio sólo unos cuantos millonarios podrían darse el lujo de vacacionar en la Luna, ya que lanzar un cohete al espacio requiere alcanzar los 40.000 km/h y eso cuesta más de 22 mil dólares por cada kilo. Pero, con el avance de la tecnología, los cohetes serán reemplazados por otros sistemas. En el futuro que yo visité, por ejemplo, estaban preparando un reemplazo alucinante: el ascensor espacial...


Ascensores espaciales


El ascensor o elevador espacial es una de las primeras tecnologías realmente nuevas y revolucionarias en lo referente al espacio. Se trata, básicamente, de un cable que está enganchado a la Tierra y sale hacia el vacío. En la otra punta, a 100km de altura, hay un contrapeso que mantiene tenso el cable gracias a que es arrastrado por la rotación del planeta. Es, en pocas palabras, un ancla lanzada al espacio.

Este cable funciona como vía para la cabina del ascensor. Si embargo, este tren no tiene locomotora: es impulsado por rayos láser ubicados en la Tierra y otras plataformas intercaladas a lo largo del trayecto, y puede alcanzar el otro extremo por sólo 220 dólares por kilo.



Salir de la atmósfera terrestre es el gran problema aeroespacial del presente, pero una vez en órbita es mucho más simple llegar a cualquier lado. El actual proyecto de ascensor espacial nos ahorraría sólo un cuarto del camino hacia la Luna (que está a 384.000 km), pero desde allí es muy fácil llegar a ella por medio de un transbordador que no requiera más energía que la luz solar, ya que no debe luchar contra la gravedad de la Tierra.

Como todo ascensor, tiene su lado malo: no hay escapatoria si a alguien se le escapa un pedo, y si se queda atascado entre dos pisos, la ayuda puede tardar meses en llegar.

La Tierra viaja al rededor del Sol a más de 100 mil kilómetros por hora, y a la vez gira sobre su eje a 1.600 km/h, por lo que el cable que guía al ascensor debe ser extremadamente resistente. La solución propuesta involucra a los famosos nanotubos de carbono, una fibra microscópica que es 100 veces más resistente que el acero, y al mismo tiempo tan flexible como el plástico, pesando sólo 1 kilogramo por cada kilómetro de largo.

Un cable de 1 cm de ancho de nanotubos de carbono sería suficiente para conducir el elevador fuera de la Tierra, pero estaría expuesto a tornados, impactos de objetos espaciales, terremotos y muchas otras amenazas impredecibles. Construirlo también es un verdadero reto para la ciencia, ya que hoy en día sólo hemos logrado hacer cuerdas de nanotubos de un par de centímetros de largo, y falta mucho para lograr el objetivo de crear una estructura 11.300 veces más alta que el monte Everest.

Entonces, si el cable no parece ser muy seguro, y es muy caro y problemático ponerlo en funcionamiento, ¿por qué hablar de ello? Porque mientras viajaba por el tiempo, pude presenciar un hecho que probablemente cambiaría la Historia de la Humanidad... Pero eso lo contaré en otro momento.