Cibermitanios

El hormiguero mental

Pensando con pasos de hormiga.
Cuando una hormiga regresa a casa con un buen botín, las que aguardan en la entrada retoman su camino, fortaleciendo el sendero. Si, en cambio, la primera vuelve con poco, la segunda toma otra dirección y el camino se debilita. Todo esto facilita la labor de cada hormiga y optimiza el funcionamiento de la colonia: se vuelve más rápido y seguro el camino hacia el sitio más relevante. Casi un método científico.

Las hormigas dejan un surco en la tierra al ir una y otra vez hacia donde hay alimento. Se parecen mucho a nuestros glóbulos rojos: transportan los nutrientes por las venas extendidas del hormiguero y lo mantienen vivo. Pero, en realidad, son más bien como neuronas con patas: a diferencia de las células sanguíneas, las hormigas circulan en ambas direcciones por el mismo camino...

Nuestras conexiones neuronales se crean y destruyen del mismo modo. Las neuronas se comunican bidireccionalmente: cuando una envía una señal, la que la recibe devuelve un pico de electricidad; cuanto más frecuentemente se dispara esa neurona, más se fortalecen sus conexiones, permitiendo respuestas más rápidas al mismo estímulo. Las neuronas que rara vez se conectan entre sí terminan por perder sus conexiones y quedan incomunicadas.

Si las casas estuvieran vivas, como nuestros cerebros, los enchufes que nunca usamos dejarían de ofrecer electricidad, sus cables se desintegrarían. Eso sería una casa inteligente, como un hormiguero.



Dicho de un modo más familiar: la práctica hace al maestro. Está de más aclarar que lo opuesto de la práctica no es la teoría, sino la omisión. La omisión hace al idiota.

Quedarte sentado mirando Facebook te dará una maestría en quedarte sentado mirando Facebook. Y al mismo tiempo debilitará tus habilidades no entrenadas en ese instante irrepetible. Si querías ser capaz de tocar el violín, ahora no sólo serás menos capaz sino que hasta lo querrás menos, porque el deseo también circula por caminos de hormiga.

Si bien es fácil evitar estos comportamientos autodestructivos, es difícil escapar una vez que se ha caído en ellos. Quienes hayan visto hormigas formando una espiral de la muerte comprenderán el significado de "círculo vicioso", de "comportamiento obsesivo", de terquedad.



Estas hormigas se guían por una estela de feromonas. En lugar de seguir un sendero visible (cosa complicada en un mundo dominado por el Homo pavimentus), alinean sus brújulas con el sutil aroma de sus congéneres. Al entrar una por mal camino –el que no conduce a nada nuevo–, las demás están condenadas.

La metáfora nos lleva irremediablemente aquí: El cerebro puede ser inteligente, pero las neuronas son tan estúpidas como una hormiga. La mente misma es el resultado de células que no tienen la menor idea del fenómeno del que están participando, eso que llamamos desde casi todos los puntos de vista "yo".

He señalado que esto también ocurre en las sociedades humanas, pero aquí nos interesa el individuo; hoy las hormigas son neuronas, no personas. Y el punto de toda esta reflexión de hormigas perdidas es que la repetición de un pensamiento inútil ocasiona semejante círculo mortal en la mente.

Sea un camino productivo o no, cada electrón con que hace señas una neurona a otra fortalece el cable que las une; cada señal es una retroalimentación positiva, y un exceso conduce al caos. El feedback negativo (¡basta!) es necesario para introducir cambio –y, por tanto, evolución, perfeccionamiento–.

Imagina la colonia de neuronas que habita tu cráneo corriendo en círculos tras un recuerdo que, lejos de esfumarse, se fortalece con cada paso de hormiga. Eso te lleva a rutinas, aburrimiento, ansiedad, temores, culpa, estanquedad, procrastinación e incluso odio.

No se perdona mirando hacia atrás sino hacia adelante. No se cambia pensando en los errores cometidos sino en las alternativas que quedan por explorar. No se obtienen nuevos destinos transitando viejos caminos.

La inteligencia es la capacidad de tomar nuevos caminos, de unir puntos distantes de una imagen, "desconocidos" entre sí. Inteligencia es tender puentes, aventurarse a lo desconocido. Es la única forma en que un hardware que tiene miles de años de antigüedad pueda correr un software tan complejo como la Teoría de la Relatividad.

Finalmente, si existe una inteligencia colectiva (en el cerebro o en la sociedad) es gracias a los descarriados y rebeldes, a los que transitan un territorio por primera vez, a los que, animándose a pensar, hacer o incluso sentir algo distinto, abandonan la obsesiva espiral y se van por un caminito al costado del mundo.