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Experimento científico casero: Cristales de aspirina

La aspirina tiene la propiedad de formar hermosos cristales.
¿Sabías que la aspirina puede formar enormes cristales por sí misma si se la deja en las condiciones adecuadas? Sólo se necesitan un elemento y un ingrediente extra, ambos al alcance de cualquiera –especialmente si cualquiera tiene una fábrica de agua embotellada–. El pequeño jardín de cristales que haremos será ideal como regalo geek o como un simple adorno digno de un nerd.


Aspecto natural del ácido acetilsalicílico
Aspirina es el nombre amistoso del ácido acetilsalicílico. Como su científico nombre confiesa, este ácido ha sido hijo del acetato y del sauce, siendo la corteza de este último de donde obtiene su materia prima. Entre otras que han hecho millonario al señor Bayer, tiene la propiedad de formar hermosos cristales –aunque probablemente todos los cristales sean hermosas a los ojos humanos porque representan el orden, el surgimiento espontáneo del equilibrio autoorganizado–.

En el caso de la aspirina, su aspecto es cristalino por naturaleza y tiende a regresar a dicha configuración ni bien tiene la oportunidad. Y lo que haremos en este experimento será fabricar esa oportunidad, separando primero el ácido acetilsalicílico de las porquerías que le ponen para que se mantenga en forma de píldora y podamos tragarlo a razón de más de cien millones por día en todo el mundo, lo que suma unas 40.000 toneladas al año.

El procedimiento es sencillo pero el proceso es largo. En eso, como en el resto de este artículo, verás paralelismos con la gestación de un ser humano. Afortunadamente, este proceso no requiere demasiada atención de nuestra parte...


Instrucciones


  • Llenar una botella o frasco transparente con agua fría.
  • Añadir varias aspirinas al agua (10, 50, 100 o cuantas quieras) sin revolver.
  • Tapar el recipiente.
    • ¡No moverlo!
    • Mantenerlo lejos de la luz.
    • De ser posible, no tragarlo.

El proceso comenzará inmediatamente, aunque los primeros indicios serán visibles en unos días o semanas. En unos meses habrá cristales lo suficientemente grandes como para dar por terminado el experimento, aunque puede prolongarse más allá de un año.

El resultado será algo así:

Cristales de aspirina bajo el microscopio

Bueno, eso es si lo ves con un microscopio. Desde lejos será así:

Cristales de aspirina y Keeley Hazell

Bueno, así se ve a través de la imaginación de un pervertido. Pero no está nada mal.

* Los cristales pueden adquirir formas muy diversas de acuerdo a la condiciones de experimento.
** Keeley Hazell no viene incluida.


Hay varias formas de mejorar este experimento:

  • Las aspirinas pueden molerse previamente,
  • pueden disolverse en agua destilada o en una mezcla de agua y alcohol,
  • la solución puede calentarse a baño maría para facilitar la desintegración inicial y
  • puede ponerse el recipiente en hielo para favorecer la cristalización...

Pero nada de eso resulta esencial para este ensayo científico, parte de cuya gracia es olvidarse de haberlo comenzado y simplemente descubrir un día que se han formado complejas formas donde otrora hubiera sólo un extraño polvo. (Te advertí que se parecía a la gestación humana.)


Detalles adicionales




Cuando un elemento se acerca a su punto de fusión, los átomos se ordenan aleatoriamente porque se mueven mucho, como cualquiera que está a punto de ser fusionado. Como los cristales son estructuras de elevado orden, necesitamos que el proceso se lleve a cabo a bajas temperaturas. El medio frío de este experimento es fundamental para que los átomos acaben en la disposición más natural posible, así que conviene mantener el experimento lejos del calor.

Cultivar un jardín de cristales es un poco como estar embarazado (y nadie quiere levantarse la piel para ver qué está haciendo el bebé). Aunque le duela a tu curiosidad, lo mejor es mantener el experimento lejos de la influencia de toda fuente de luz. Esto es porque la cristalización se lleva a cabo a medida que los átomos pierden energía y pueden estabilizarse en la configuración adecuada. Y la luz es energía. Así que nada de luz.

No deseches la posibilidad de crear una funda oscura para la botella o, mejor aún, alguna especie de campana que permita espiar el proceso de cristalización sin comprometer la estabilidad del recipiente. Seres más complejos y con más tiempo libre pueden intentar colocar una webcam que funcione a modo de ecografía, lo que, además, posibilitará editar un video en time-lapse de tu experimento.



El tipo de cristalización de este experimento se llama "supersaturada". Se da cuando la cantidad de soluto (aspirina) es mayor que la que puede disolver el solvente (agua). Por eso, si pasan quince días y no ves ningún resultado, probablemente debas echar más aspirinas a la mezcla. Si varios días después de eso todavía no ves nada, lo más probable es que te hayas quedado ciego.

Aunque los cristales tienden a adquirir una geometría perfecta de acuerdo a un "hábito" natural, las imperfecciones e impurezas del medio pueden darle formas tan variadas como el polvo del aire se las da a los copos de nieve, que son cristales de agua. Y, dado que el recipiente no se volverá a mover, la manera en que caiga cada una de las aspirinas determinará las formas que adoptarán los cristales. Por esto, puede intentarse utilizar un núcleo de cristalización, es decir, algún objeto al rededor del cual se abracen las moléculas, un "esqueleto" que oriente su desarrollo.

Puede ayudar a la cristalización añadir una cucharada de azúcar sobre las aspirinas. Sin embargo, esto compromete tanto la simpleza del experimento como la integridad de la estructura resultante. Lo más conveniente es esperar a que se formen algunos cristales e ir añadiendo aspirinas, de a una, cada varios días para que los nuevos cristales se formen sobre otros más firmes y la planta resulte más alta. Pueden aprovecharse estos momentos para incluir un mínimo de colorante y que la estructura adquiera un sutil degradado, aunque esto también atenta contra la pureza de la cristalogénesis.

Una estructura cristalina es en muchos aspectos como un árbol (y viceversa). Si el experimento se continúa por demasiado tiempo (por ejemplo, un año), los cristales más externos (las "hojas") comenzarán a tocarse entre sí y con las ramas y el tronco, lo cual no impedirá el crecimiento pero sí la correcta cristalización, haciendo que todo el conjunto crezca de manera más amorfa, menos geométrica.

Si se quiere conservar la estructura fractal, conviene retirar la tapa en el momento que se considere oportuno y dejar que el agua se evapore lenta y naturalmente. Esto incluso acelerará lo que resta del proceso de cristalogénesis, que acabará cuando no quede más agua. Es aconsejable, de todos modos, proteger la boca del recipiente con una gasa o algo que impida el ingreso de polvo, gatos, dedos, etcétera.