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Apagar fuego sin agua

Cómo iniciar y apagar un incendio elegantemente sin utilizar agua.
Muchos villanos nos escriben preguntando cómo apagar un incendio descontrolado luego de haberlo iniciado. Así que en este capítulo del Manual del Villano –guía imprescindible para toda alma retorcida– abordaremos esta problemática del modo más práctico: no sólo explicando los aspectos técnicos concernientes sino además ofreciendo consejos para que saques máximo provecho a tu negligente maldad.


Aspectos técnicos del fuego


El fuego normalmente necesita tres cosas para existir:
  • Un material combustible,
  • una fuente de calor y
  • oxígeno.
Como todo malvado pirómano geek sabe, el calor (por ejemplo, de una chispa) inicia el proceso de vaporización del combustible, que se mezcla con el oxígeno del aire creando una reacción química conocida como "fuego", que es en realidad una rápida oxidación. Quitar cualquiera de los tres ingredientes de la lista hará que el proceso se interrumpa, aunque no es tan simple lograrlo...

Los expertos astutamente utilizan agua para frenar la oxidación del combustible, ya que ésta aplaca a dos de sus responsables: la temperatura y el oxígeno.

Pero supongamos que casualmente hemos incendiado una ciudad, como hizo nuestro héroe Nerón con Roma para luego poder aumentar los impuestos con la excusa de reconstruir la ciudad y de paso acusar a los cristianos por el fuego y arrojarlos al mismo. Si tu vocación, como la del ignominioso emperador, es la política, querrás tomar su ejemplo pero quizás con alguna variante.

Por ejemplo, podrías necesitar sofocar las llamas antes de que abracen alguna de tus propiedades legítimamente adquiridas mediante la práctica de la corrupción sistemática. En ese caso, estoy seguro de que desearías prescindir del diabólico líquido de los bomberos y apagar el fuego de alguna otra forma que te haga quedar como un salvador divino y a la vez sembrar profundo respeto y pánico generalizado por tu control sobre las fuerzas de la naturaleza. Así que busquemos alternativas al agua...


Apagar fuego sin agua


Separar el fuego de su material combustible es posible sólo en circunstancias minimalistas, como en la combustión de una vela: soplarla es literalmente separar la llama de la cera. Pero en el resto de los casos es bastante más complicado que sacarle garrapatas a un puercoespín, así que no es una opción una vez que el gran fuego ha comenzado a devorar la hipotética ciudad de nuestro malvado experimento.

Enfriar el fuego tampoco es viable, porque el fuego no es un objeto, sino un proceso (si alguna vez intentaste soplar una multiplicación, sabrás que los procesos no se pueden enfriar). Aunque sí se podría enfriar el oxígeno que utiliza hasta que se convierta en líquido, pero necesitaríamos llevarlo hasta -183 ºC, y ese no es un poder que tengamos normalmente al alcance ni sería una solución que dejase suficientes sobrevivientes que se postren a nuestra maléfica sombra (los procesos biológicos más importantes también son procesos de oxidación, y por eso necesitamos oxígeno y combustible: la vida es un fuego). Temperaturas similares se requieren para impedir que el combustible se evapore o que los gases que desprende se vuelvan líquidos o sólidos.



Entonces, la opción más simple (y la única que nos queda) es quitarle el oxígeno al fuego. ¿Cómo? Sé que tu maldad te impacienta por absorber este diabólico saber, así que no esconderé más el secreto de las tinieblas: el fuego se apaga forjando una alianza con el peor enemigo del oxígeno: el dióxido de carbono.

Habrás observado que se suele envolver a una persona en llamas con una manta. Pese a las apariencias, ¡oh, endemoniado energúmeno de las filas del mal!, no es porque la víctima tenga frío, sino porque la manta separa al sujeto en combustión del oxígeno que alimenta la reacción. En este caso, el CO2 será nuestro mágico manto, ya que, al ser más pesado que el oxígeno, crea una capa sobre el material combustible, separándolo de él.

Y finalmente llegamos al conjuro que te convertirá en un pérfido semidios: cómo obtener dióxido de carbono. Una forma eficiente y sencilla es mezclando vinagre con bicarbonato de sodio. Esta aparentemente inocente combinación culinaria inicia una serie de reacciones químicas que termina formando el preciado e invisible CO2, que es lo suficientemente pesado como para derramarse como un líquido:




Consideraciones colaterales


Claro que, a gran escala, el CO2 puede que también sofoque algunas vidas –que ya vimos que necesitan del oxígeno al igual que el fuego–, pero todo hechizo tiene su precio, así como también su beneficio: aprovecharemos a nuestro nuevo aliado para generar un pequeño calentamiento global; y, como Nerón, luego podremos culpar a quien se nos antoje.

VidaPor ejemplo, podemos acusar al reino vegetal, ya que sin él no habría oxígeno y que sin éste no existiría el fuego en la Tierra. Demostramos así, elegantemente, la maldad de la flora y la urgencia de arrasar los bosques para construir más ciudades que luego podremos incendiar, alimentando un círculo perverso hasta que no quede oxígeno en el orbe o haya suficiente dióxido de carbono para elevar la temperatura global a un nivel insoportable. Es un plan a largo plazo, pero hasta ahora viene funcionando maravillosamente.

Otra opción es neutralizar las llamas sólo en ciertas áreas obteniendo también múltiples beneficios. Esto puede lograrse preparando con anterioridad al siniestro una zona de edificios cuyas terrazas tengan piscinas llenas de vinagre y bicarbonato que formen una capa protectora de CO2 a su alrededor. Añadiendo una oportuna profecía de nuestra parte, daremos a elegir a los ciudadanos entre refugiarse en nuestros dominios o perecer entre las llamas; los primeros se convertirán en nuestros súbditos al atestiguar que ni el fuego se atreve a desafiarnos; los incrédulos y rebeldes serán purificados por la flama del terror, y así se restablecerá el equilibrio de la maldad y la estupidez que gobierna a las criaturas de este mundo.

Adicionalmente y una vez restituido el orden en la ciudad, el villano extremadamente ambicioso podrá vender sombreros generadores de CO2 por un precio digno de semejante supuesto amuleto protector; la modernidad ha demostrado que a la gente no le importuna consumir su vida en la ciudad respirando los cenicientos óxidos que desprende la infernal combustión de antiguos seres que poblaron la Tierra.

Aprende a dominar el mundo con el Manual del Villano