Cibermitanios

Agua, aire, fuego y esferas en el espacio

El extraño comportamiento de las cosas cotidianas cuando no hay gravedad.
Vivimos en un laboratorio de condiciones controladas, como si la Tierra fuera una pecera específicamente diseñada para nuestras necesidades (aunque en realidad es la Tierra la que nos diseñó a nosotros). La gravedad es más o menos siempre la misma, la presión no varía demasiado... y nos acostumbramos a que determinadas cosas ocurran siempre del mismo modo... hasta que abandonamos la Tierra.


Agua y aire en el espacio


Agua y aire en el espacio
En la Tierra, el agua a punto de ebullición genera miles de pequeñas burbujas. Sí, lo sé: soy un libro abierto. Pero no cualquier libro te dirá que esas burbujas que se desprenden de la base del recipiente no son de aire, sino de vapor; son partes del agua que ya pasaron a estado gaseoso (principalmente por estar más cerca del fuego) y que, al recibir mayor presión por parte del resto del líquido, escapan hacia arriba, donde hay menos presión y se hacen más grandes a medida que suben, al igual que se hace más grande esa otra cosa que estás imaginando (un globo que asciende en la atmósfera terrestre).

Pero en el espacio, sin un arriba bien definido, todo es diferente: la cosa que estás imaginando no se cae aunque se achique y el gas no sube. Allá arriba, tan arriba que no hay más arriba, el vapor de agua se comporta de manera suficientemente extraña como para que los físicos no supieran predecirla hasta que hicieron el experimento. Se hubiera podido imaginar que las burbujas escaparían en todas las direcciones o hacia el lado más frío del agua, pero la realidad mostró algo más raro: el vapor se aglutina en el centro del líquido formando una sola gran burbuja ondulante.



Las burbujas en el espacio siguen teniendo forma de esfera porque ésta es la figura más económica de la naturaleza: envuelve el mayor volumen posible con la menor superficie posible usando el menor espacio posible y, por lo tanto, requiere la menor cantidad de energía posible para formarse. En otras palabras: si tuviéramos que fabricar un recipiente para contener 1 litro de agua, las paredes de un cubo necesitarían más material que las de una esfera, y no hay razones para derrochar material -dicen las sencillas reglas de la naturaleza-, que en este caso es el agua que debe moverse para dar forma a las burbujas.

Si no hubiera esta predilección de la naturaleza por la economía, las burbujas podrían adoptar todo tipo de formas y a diferentes temperaturas de acuerdo al orden de las moléculas, las imperfecciones del recipiente, etc. Afortunadamente, la naturaleza siempre busca el camino más corto y las cosas ocurren cuando se reúnen los mínimos requisitos posibles (ni bien pueden). A esta predilección obedecen también la caída de la lluvia, la formación de las estrellas y los instintos sexuales masculinos (y los femeninos, aunque tienen muchos más requisitos porque pertenecen a criaturas más complejas).


Fuego en el espacio


Fuego en el espacio
En la Tierra, tanto las moléculas del aire como las mujeres se amontonan en la superficie por influencia de la gravedad. Por eso cuesta respirar en los sitios muy altos, donde hay tan poco oxígeno que algunos aseguran que el agua está compuesta sólo de hidrógeno. Y el aire tiene mucho que ver con el fuego, que no es un elemento, sino un proceso, como el viento o las olas. De hecho, es una versión violenta de un proceso que ocurre a tu alrededor todo el tiempo en cámara lenta y llamamos "oxidación".

Por el papel fundamental del oxígeno en esta reacción química, en el fuego está entreverado el destino del aire circundante: si tenemos una vela encendida, aunque la llama tenga sólo unos centímetros de altura, la diferencia de presión entre la base de la llama y su punta será suficiente para darle forma: mientras la vela arde, el aire que rodea la llama se calienta y se dispersa; las moléculas más frías intentan ocupar los huecos, desplazando al aire caliente. Pero hay más aire frío en la base de la vela (que está más cerca de la superficie de la Tierra), por lo que es empujado con más fuerza desde abajo.

Pero en esta nave espacial desde donde escribo la presión es homogénea; las moléculas del aire y las mujeres se distribuyen igualmente por todos lados sin acumularse en el suelo. En este caso, la llama se enfrentará a la misma presión desde todos los ángulos, lo cual la moldeará de la forma más simple posible...



Es evidente: sin interferencia de la gravedad, las cosas tienden a ser esféricas, y el fuego en el espacio también se comporta como una burbuja. En tierra, la gravedad moldea al aire, y recién después el aire moldea al fuego. Lo que no es tan obvio sin cierto grado de alucinógenos meditación trascendental es que en la ebullición la gravedad también, a través del agua, le da a las burbujas la forma y el movimiento de una llama, mientras que en el espacio es sólo el aire el escultor.

También se observa en la llama espacial un color diferente debido a la falta de oxígeno y una duración mucho más corta: en cuanto se consume el oxígeno de la burbuja, la vela se apaga, porque no hay gravedad que atraiga nuevas moléculas a la base de la llama. Tan importante es la gravedad en esto que el fuego no existía hasta que primero existió la Tierra (o algún planeta equivalente) con su gravedad y su atmósfera.


La gravedad del asunto


La gravedad no es sólo una cosa que nos mantiene pegados al planeta. Es también responsable de las formas de las cosas y de los procesos. Ya nos es fácil suponer que, si por capricho de la naturaleza fuera, la Tierra misma sería una esfera perfecta. Y aunque la Tierra gire y se ensanche en el ecuador, la naturaleza sigue ahí intentando mantener las cosas simples, esféricas, desde una gota de agua flotando en el espacio hasta un monstruoso agujero negro (que es lo más cercano a una esfera perfecta).

Pero dentro de esta pecera planetaria se rompe momentáneamente ese vicio del universo. Surgen patrones nuevos modelados por diferentes fuerzas, como la llama alargada del fuego y los seres vivos, geométricamente complejos (lejos de ser esféricos), yendo en contra de las leyes fundamentales de la naturaleza que tienden al equilibrio, equilibrio que para nosotros significa nada menos que la muerte. La vida es movimiento y complejidad y transformación y deuda energética que tarde o temprano se paga con la inexistencia material. Y es corta, como una llama en el espacio.

una llama en el espacio