Cibermitanios

De dicto y De re

La mejor ventana es la que deja ver mejor.
A veces en una conversación una de las partes se niega a comprender que ha interpretado mal un postulado y sigue adelante con su razonamiento simplemente porque se enamoró de él, sin notar que, por muy correcto que sea, se refiere de una realidad alternativa. El pensamiento, como el amor, amerita de vez en cuando una pausa para revisar si la brújula no se atascó y nos está haciendo caminar en círculos...

La brújula que no ha de faltar en la caja de herramientas del pensador tiene dos polos: de dicto y de re (de lo dicho y de la cosa). Mirarla a tiempo puede evitarnos más de un extravío, como ilustran los siguientes casos simplificados...

Juanita quiere casarse con el hombre más rico de Buenos Aires.

La interpretación de dicto es que Juanita quiere casarse con una persona que cumpla ciertos requisitos económicos y geográficos, sin importar quién sea. Juanita sería lo que en filosofía llamamos una "flittcheneigennützig", es decir, una **ta de *i*rd*.

El punto de vista de re, en cambio, contempla que tal hombre es una cosa (re) concreta, que resulta ser el más rico de una región, pero que no necesariamente es su riqueza la razón por la cual Juanita quiere contraer matrimonio con él.

Juanita

La distinción es importante porque, aunque pueda parecer lo contrario a primera vista, en realidad no sabemos qué demonios quiere Juanita. Ambas interpretaciones son plausibles.

Y en la vida cotidiana, en las expresiones importantes (porque Juanita puede ser una estrella de los ejemplos rápidos, pero esto no es un programa de la farándula), la con-fusión de ambos modos de procesar la misma información es responsable de al menos la mitad de los malentendidos.

Otro ejemplo:

Juan cree que alguien lo está siguiendo.

Literalmente (de dicto), Juan podría estar paranoico; tal vez ni siquiera tiene una idea de quién lo podría estar siguiendo. De re, "alguien" puede ser una persona en particular de la cual no se dice nada, pero existe y Juan sabe de su existencia. El nivel de paranoia en el segundo caso es mucho menor por cuanto es más particular el sujeto al que verdaderamente refiere el predicado (alguien no nombrado, no Juan).

Juan

Cada vez que leemos u oímos un enunciado cualquiera, lo sepamos o no, elegimos uno de estos ángulos para interpretar su significado. En algunos casos es fácil decantarse por una opción y ni siquiera notamos el posible conflicto. En otros, es tan poco evidente que tampoco lo notamos.

Usualmente el cerebro que tenemos como inquilino simplemente elige la interpretación más usual en términos generales, pero no la más probable en lo particular. Juan, aunque creamos que lo conocemos bien de otros ejemplos, podría haber acabado de robar un banco, lo cual justificaría tanto su paranoia como el posible hecho de que lo estén persiguiendo.

Uno más:

Einstein no pudo haber compuesto la novena sinfonía de Beethoven.

Es posible interpretar de dicto que Einstein carecía de la capacidad musical y creativa para crear semejante obra, o podemos pensar de re que la pieza se compuso antes de que Einstein naciera, lo cual es un hecho. En este ejemplo, el modo de lectura de dicto es posible que sea falso (¿Quién sabe? Einstein tocaba el violín), mientras que el de re es siempre verdadero porque se refiere a una cosa concreta, no a su potencial o a una posibilidad de una línea temporal alternativa.

Albert

Los tres ejemplos cubren toda la gama de posibles casos de dicto y de re. En todos vemos esta configuración formal:

  • De dicto: Necesariamente, hay un X que coincide con Z.
    • (Juanita debe querer casarse con quien sea el más rico de Bs. As.)
  • De re: Hay un X que necesariamente coincide con Z.
    • (Alguien debe existir en Bs. As. que sea más rico que el resto.)

Como vemos, las dos interpretaciones se refieren a cosas completamente distintas. Tanto X como Z pueden significar diferentes cosas según cómo se mire, y esta dualidad del lenguaje es casi insalvable...


Designadores vívidos y rígidos


Esto se clarifica un poco con los siguientes conceptos:

Un designador vívido es un término que se cree que designa a la misma cosa en todos los escenarios posibles. Por ejemplo, podemos creer o tan sólo imaginar (con todo aval de la lógica) que la secuencia exacta de notas que llamamos "la novena sinfonía de Beethoven" podría haber salido de otra mente, en otro tiempo, incluso en otro planeta, lo cual no está impedido por las leyes de la física y es posible, aunque extremadamente poco probable.

Un designador rígido es un término que de hecho significa lo mismo en todos los mundos posibles donde esa cosa existe, pero no refiere a nada de los posibles mundos donde esa cosa no existe, por ejemplo, un mundo donde Einstein fuera líder de Metallica. Como designador rígido, Einstein es el genio que conocemos y nada más, tal como 2 es siempre mayor que 1 y así como lo bueno es siempre mejor que lo malo, por definición.



Lo que hay que notar aquí es que "la novena sinfonía de Beethoven" es un designador rígido, que es y siempre será posterior a la octava sinfonía compuesta por el mismo hombre en particular, etcétera, mientras que "el hombre más rico de Buenos Aires" es un designador vívido, que puede cambiar de un momento a otro por fluctuaciones económicas, muerte del actual titular de dicho récord, cambio de sexo por cuestiones que no te incumben o incluso por el hecho mismo de casarse con Juanita (que pasaría a ser dueña de la mitad de su fortuna).


Moraleja


Ahora veamos de qué sirve realmente todo este trabajo que nos acabamos de tomar. Porque –seamos sinceros– uno puede pasarse años clasificando camaleones por color –que sin dudas es un montón de trabajo–, pero al final no logrará nada.

A veces uno cree que dice las cosas bien, pero no es suficientemente claro; incluso es posible decir algo completamente lógico que sólo uno mismo pueda entender. Por otro lado, la mayoría de la gente discute respondiendo de dicto, sin importar de qué cosa está hablando el otro, y todo termina siendo una conversación sobre el lenguaje. Lo cual es absurdo, porque el lenguaje no es más que una ventana. Y no hay ventanas bellas, sólo bellos paisajes.

La mejor ventana es la que deja ver mejor.