Cibermitanios

Palabras extranjeras al rescate (5)

Porque siempre hay que tener la mente abierta a nuevos prejuicios...
Toda palabra es un prejuicio, a menos que sea nueva, porque ya tiene un significado que rara vez cambia. Cada vez que pensamos en cuál es el término adecuado para describir algo, no hacemos más que buscar un nombre al cual acomodar nuestra experiencia. Por eso, para asimilar nuevas realidades, traigo nuevas palabras extranjeras al rescate, porque siempre hay que tener la mente abierta a nuevos prejuicios.


Tsundoku (japonés)

Tsundoku
Antes que nada, dejemos claro que tsundoku es un término japonés y que pertenece a una tradición milenaria, como todo lo japonés. El karate, por ejemplo, es parte de una filosofía y jamás debe ser considerado como un arma. Y, por eso, recuerda: no hay nada como un buen revólver. Del mismo modo, tsundoku no es sólo una palabra, sino que es parte de un diccionario japonés, es decir que, si bien es más precisa y armoniosa que sus posibles equivalentes occidentales, jamás será tan contundente como un simple "imbécil".

Tsundoku (積ん読) es un sustantivo para designar la acumulación de libros sin leer después de haberlos comprado; por extensión, es tsundoku también la persona que hace esto crónicamente. Personalmente, me atrevo a extender aún más el alcance de la palabra y decir que es un e-tsundoku quien colecciona e-books, que también ocupan e-espacio, aunque sea en otras realidades.

No es sólo postergación de lectura. Por noble que sea su motivo, intención o incluso su deseo de aparentar, el tsundoku es otra víctima del materialismo, como casi todos nosotros. Aunque el fetichismo bíblico no es tan habitual ahora como en la tenebrosa Era de No-Internet, seguimos postergando en grandes cúmulos la ingesta de información, ya sea archivándola en marcadores y favoritos, engordando feeds sin leer o de otros modernos modos, así como algunos acumulan amigos en Facebook cual especies de medallas en la solapa de su uniformado ego.

Eso es todo lo que tengo para decir acerca de los japoneses. Y lo digo como japonés, porque soy japonés en todos los sentidos excepto en uno: que no es verdad.


Mondegreen (inglés)

Mondegreen
"Mondegreen" es cuando alguien escucha una canción y, al no comprender correctamente su letra, sustituye las palabras por otras que suenan parecido y crean alguna especie de sentido. De hecho, el término proviene de la canción escocesa The Bonny Earl of Murray, que dice: [slay the Earl of Murray] and laid him on the green, donde la última parte puede ser interpretada como "and Lady Mondegreen".

Cuando esto ocurre con una canción en un idioma ajeno al oyente, los japoneses envían un término más preciso al rescate, Soramimi (空耳), que hace referencia a la traducción incorrecta por similaridad fonética. También de estos casos conocemos y somos víctimas todos.



Nadie se salva de estos vicios homofónicos, y la mayoría nunca se entera. No se trata sólo de un defecto auditivo, sino que es un profundo ajuste psicológico debido a que no podemos dejar inconclusa una experiencia, probablemente porque de niños nos convencieron de no dejar nada en el plato, y, sin saberlo conscientemente, rellenamos los hue os para darle sentido a cada cosa.

Por ejemplo, yo, siendo muy pequeño, tuve la inteligencia de notar que la comida estaba más fría en los bordes del plato. Lo que nunca supe fue cómo se las arreglaba mi madre para poner lo más frío en esa parte, aunque sospecho que poseía maquiavélicos poderes termodinámicos.


Rovesnik (ruso)

Rovesnik
En ruso, "rovesnik" (ровесник) es la persona que tiene la misma edad que uno. Rovesnik es, en otras palabras, la contraparte temporal de "tocayo". Nótese, al margen, que "tocayo" tampoco tiene un equivalente en inglés; si bien normalmente se traduce como "namesake", la naturaleza de este término impide usarlo para dirigirse a la persona del mismo nombre que uno ("Hola, tocayo") y esencialmente designa al que inspiró a los padres de otra persona a poner ese nombre a su hijo. Así que, en español, tampoco tenemos un namesake.

Volviendo a "rovesnik": En español hay un término similar –que dudo que conozcas más que el ruso–, aunque es más amplio en su significado: "coetáneo", que se aplica a dos personas que existen en una misma época, pero que no necesariamente tienen la misma edad. Dicho de otro modo: si fuésemos notas musicales de la misma duración y viviésemos en diferentes pisos de un mismo pentagrama formando un acorde pero no un arpegio, seríamos rovesniki [en plural, si no me falla el sprachgefühl (en alemán, lo que uno intuye de un idioma extraño, un "instinto" del lenguaje desconocido, quizás el mismo que utilizamos al reconocer el motivo del ladrido de un perro)].

Nos sigue faltando un término que cubra el caso de gente de la misma edad pero de diferentes épocas, una palabra que pueda usarse tanto para decir "yo, a tu edad..." como para indicar que alguien de 35 años comparte la edad con el músico más escuchado durante la gestación, Mozart, en su lecho de muerte. Pero también faltan palabras para el sentimiento de enamorarse de una persona que ya estaba enamorada de uno, por ejemplo, y para el canto de las aves diurnas a mitad de la noche, confundidas por la iluminación artificial. El diccionario nunca estará completo, y eso produce ñáñaras en el occipucio y las falangetas.


Apricity (inglés antiguo)

Apricity
Si bien este es un término inglés, tampoco los angloparlantes lo utilizan con frecuencia. Es decir que lo utilizaron una sola vez. Apricity es una palabra muy antigua que hace mucho está en desuso, quizá desde que la gente comenzó a acostumbrarse al exceso de calefacción y a las quejas de la bellamente neutral combinación de fuerzas opuestas, como el helado frito y el placer que otorga el masoquismo. Apricity, en resumen, sirve para denominar el calor del sol en invierno.

Esa colisión –típica de una fuerza imparable y un objeto inamovible– que sufren la luz y el frío, y que, sin calentar, entibia la piel y endulza el aire, merece un renglón en nuestros desgastados diccionarios interiores. La familiaridad del inglés nos permite fácilmente adaptar esta palabra como "apricidad" y adoptarla para el uso cotidiano como quien adopta bebés chinos y pone cara de "mi hijo no tiene nada de raro". A menos que seas chino.

A veces las palabras pueden ayudarnos a revalorizar ciertas experiencias y estímulos que se diluyen por falta de nombre. Con sólo una palabra, una brisa puede transformarse en viento; con otra más, en tornado para el alma; y, con otra, en el equivalente a quedar detrás de las velas en el día del cumpleaños de Chuck Norris.

Porque la ignorancia es el cazador perfecto, invisible, como un agujero negro, hasta que comienza a devorar a su víctima, dejemos que el lejano apricismo de otras misteriosas lenguas ilumine esos inventarios mentales antes de que sea demasiado tarde y terminemos creyendo que el Sol, en invierno, nos cubre con un manto de luminoso frío.