Cibermitanios

¿Qué pasaría si no hubiera fuerza de gravedad?

Un mundo sin fuerza de gravedad tendría consecuencias mucho más espectaculares que las que tu imaginación te pueda decir...
Pensar el universo sin gravedad es un ejercicio de pensar lo imposible. No me refiero a la inmediata imagen mental de personas flotando hacia las nubes o simplemente sintiéndose más livianas, como en la Luna. Eso es fácil de imaginar y se ha hecho incontables veces. Las consecuencias de este viaje imaginario son mucho, pero mucho más surrealistas: sin gravedad, nada en todo el universo sería igual...


Lo grave y la gravedad



En realidad, no hay algo a lo que llamar fuerza de gravedad. Por ejemplo: las moléculas del agua propagan la fuerza de las olas, los electrones transmiten la fuerza de atracción de los imanes, pero no hay algo evidente que conecte a la Tierra con el Sol o a una vieja en estado de tropiezo con el suelo. Un tal Newton explicó que la gravedad (en latín, gravitas) es un efecto de las cosas graves (que tienen peso, gravis). Instantes evolutivos después, un humano llamado Einstein demostró que la gravedad no es una fuerza, sino una distorsión del espacio que provocan los objetos. Por el momento, el espacio no ha sido catalogado como una fuerza o una corriente de partículas y, por lo tanto, le voy a creer a Einstein –el primer hombre capaz de sentarse a pensar las ideas más grandes en la más terrible guerra y aún así tener tiempo para sacar la lengua en una foto–.

Observación aguda: El equivalente de gravis en griego es barus; de allí obtiene su nombre el barítono, el que canta con tonos graves. El mismo significado (pesado) tiene el término sánscrito gurú.
En cualquier caso y como no hay forma de que este universo se forme sin gravedad, sólo podemos imaginar las escenas que caben bajo la presente interrogación si suponemos que la ingravidez se manifiesta en un universo ya constituido, como un corte en la película que estamos viendo –o viviendo (vi2 × endo)–. Asumamos también que, en lugar de simplemente esfumarse, la gravedad va gradualmente desapareciendo, como si fuese dinero y algún político asumiese la presidencia del universo.

Alguno podría pensar que, en dicho escenario, las cosas flotarían suavemente como globos (excepto los globos, que flotarían suavemente como exglobos). Error. Lo que en verdad sucedería, si fuese posible borrar la gravedad, sería increíblemente más asombroso. Si bien es cierto que, si ocurriera en este instante, tu monitor tomaría vuelo suavemente y se alejaría de a poco, de nada te serviría intentar retenerlo porque en seguida, así como la Tierra de la suya, tus ojos se saldrían de sus órbitas, ya que, al ir desapareciendo la gravedad, los átomos irían perdiendo gravidez (masa), pasando por una especie de estado gaseoso que te impediría llegar a ver cualquier cosa...

Sólo si el cambio gravitacional se detuviera a mitad de camino algunas cosas predecibles y generalmente positivas podrían pasar. Por ejemplo, en el intermediario degradé hacia un liso espacio donde tropezar es imposible, pesaríamos menos y sería más fácil comenzar el día (ya que, como bien saben los adolescentes, levantarse es la segunda cosa más dura por la mañana). Desde el primer paso hasta un largo viaje, todo movimiento podría lograrse con menos energía (excepto caer) y cualquiera podría cumplir su sueño de recorrer el mundo (como yo, que siempre quise conocer Japón pero nunca me anime). O al menos sería más cómodo permanecer sentado frente a la pantalla teniendo citas virtuales y un amor en cada puerto USB.

Pero situaciones como esas puede imaginarlas cualquiera. A mí me preocupa que inevitablemente la Tierra comenzaría a alejarse del Sol mientras el sueño que vivimos se oscurece (en parte porque nos quedamos sin ojos), lo cual nos lleva nuevamente a...


Lo inesperado



Para poder seguir viendo esta escena, debo introducir otra premisa: imaginemos que el desaparecer de la gravedad no ocurre al unísono en todo el cosmos, sino que comienza allá a lo lejos y va acercándose a la Tierra, como la Nada que acecha a Fantasía, como la radiación de una lejana explosión nuclear. Así, sí: nuestros telescopios podrían captar el violento vómito de un distante agujero negro que libera todo lo que sea que su gravedad haya guardado por eones (aún no sabemos si contiene archivos comprimidos o es una papelera de reciclaje cósmica), tal vez asemejando un pequeño Big Bang, un Small Bang. La densidad del universo, suponiendo que su tamaño fuera constante y en consecuencia, aumentaría... aunque habría que inventar toda una nueva física para predecir exactamente cómo.

Lente gravitatoriaSi de observar el cielo se trata, hay que tener en cuenta que, lejos de venir en línea recta, la luz de las estrellas sigue un camino espacial curvado por la gravedad de otras estrellas, un camino que tampoco es fácil de predecir: zigzaguea continuamente junto a las innumerables arrugas del espacio que producen los objetos estelares. La verdad es que resulta casi imposible saber dónde está realmente cada cosa del cielo, especialmente las lejanas. La estrella que vemos delante, tras haber su imagen dado varias vueltas por el universo como por el lienzo el pincel de van Gogh, podría finalmente estar a nuestras espaldas. Por lo tanto y dado el tiempo suficiente, muchas estrellas se verían a simple vista cambiar de lugar, ya que desaparecería el efecto tergiversante de los cuerpos graves intermedios. El camino que la radiación de estos astros debería recorrer sería también mucho más corto, acelerando en apariencia la formación y muerte de distantes galaxias.

A pesar de que hemos introducido el cambio gradualmente, no todo sería tan lento: las estrellas de neutrones, que giran a unas 1.000 revoluciones por segundo (150 veces más que la hélice de un helicóptero y dos mil veces más que un tocadiscos), se convertirían instantáneamente en exorbitantes motosierras galácticas. Los neutrones que las componen son cosas bastante pesadas que penetran y atraviesan al resto de la materia como extrañas balas poronguéticas, dejando intactos ciertos elementos, como las paredes de tu casa, pero haciendo estragos en la materia orgánica, como la de tus ojos, que es exactamente lo que hacen las bombas de neutrones (Todo parece indicar que los ojos saldrían perdiendo de esta experiencia). Afortunadamente, el neutrón sobrevive poco fuera de los átomos; se desintegra en alrededor de 15 minutos, dando origen a otras partículas y antipartículas y otras tantas interacciones y reacciones.

Más cosas inesperadas ocurrirían si tenemos en cuenta a la antimateria y la materia oscura, pero poco sabemos acerca de ellas y menos sobre sus relaciones con la gravedad... Son realmente inesperables. Lo seguro es que, al llegar la ola de ingravidez a nosotros, la Tierra se transformaría debido a su rotación en un furioso torbellino de partículas ligeras que acelerarían en todas las direcciones, sintiéndose cada vez menos atraídas por sus pares, ya casi sin masa. Y ese sería nuestro fin.


Conclusión



Quitar la gravedad de un universo como este equivale a planchar el espacio. Sin pozos en él hacia los que rodar y amontonarse formando estrellas y planetas y entes que imaginen cómo todo eso se destruye, los átomos acelerarían cada vez más –mientras Einstein sonríe desde el Masallá–, perdiendo su masa a medida que se acercan a la velocidad de la luz. Hasta los puntos de los dados saldrían volando en libertad. Casi al final del apagón gravitatorio, toda la materia se convertiría en luz u otro tipo de radiación, toda la energía en reposo que contiene la masa irradiaría hacia el infinito creando un cosmos fantasmalmente agudo, inmaterial. Habría un ruido luminoso impregnándolo todo, pero nadie habría para verlo. El universo sería pura energía.

Finalmente y dando los últimos pasos saltando, creo que no habría tampoco energía, ya que E=m.c2 (si m es cero, E también). Y, dado que "gravedad" es un eufemismo para "curvatura del espacio provocada por el peso de los objetos", la ausencia de la misma implicaría cero objetos y dictaría un universo completamente plano y estúpido heterogéneo, sin una sola cosa que sobresalga del resto en aspecto alguno. Sería, dicho de otro modo, la Nada a la que no sobreviviría fantasía humana alguna. Así de egoísta es la gravedad: si se va, se lleva todo. Así que no la subestimes; si te cae un piano en la cabeza, agradece humildemente a la todopoderosa curvatura espaciotemporal y ofrece la otra mejilla, si te quedó alguna.

Todo se perdería, en definitiva, pero de la forma opuesta a como realmente va a ocurrir: con un lento degradado hacia la sombra y el frío eterno, con las estrellas alejándose unas de otras a medida que lanzan sus últimas llamas hasta que el destello final brille en alguna solitaria parte del cosmos. Es el gran consuelo de tontos: también el universo morirá algún día... Aunque –¿quién sabe?–, algo extraño podría ocurrir en el proceso... Estando poblado todo por partículas subatómicas de alta energía y velocidad lumínica, en su trayectoria hacia el inalcanzable horizonte harían del universo un infinito acelerador de partículas. Las reacciones son impredecibles. Y tal vez de la oscuridad surja alguna vez un nuevo Sol y un nuevo amanecer y otra Tierra baile con otra Luna.