Cibermitanios

Estatuas antiguas, luz ultravioleta y restauración de ideas

Casi todas las antiguas esculturas tuvieron alguna vez intensos colores acompañando las formas. La ciencia los redescubre.
Si por alguna razón creíste que la antigua Grecia era un lugar descolorido, tengo malas noticias: casi todas sus esculturas tuvieron alguna vez intensos colores acompañando las formas, según lo confirmó un análisis con luz ultravioleta. O sea que, si hoy el arte antiguo puede producir sensaciones tan intensas como el síndrome de Stendhal, hace mil años nos hubiésemos cagado en las patas...

Sarcófago de Alejandro Magno (320 AC)
Iluminando las estatuas desde muy cerca y de forma casi paralela a la superficie, como cuando el atardecer alarga las sombras de las piedras, los investigadores pudieron hacer saltar a la vista muchos detalles que habían pasado desapercibidos. Entre ellos, algunas moléculas de pintura que, por haberse atrincherado en los antiguos poros, sobrevivieron a miles de años de erosión. El análisis químico de estas moléculas pudo revelar con qué se habían fabricado los pigmentos y qué color exacto debió tener cada parte en su momento de gloria.

Pero la exactitud del color no es lo que más me interesa. Rescato esta noticia, que originalmente iba a ir a parar al compilado mensual de ciencia y tecnología, no por lo hermosas que puedan ser las estatuas, lo cual, después de todo, es subjetivo, sino porque me conmueve más bien como una metáfora.

León de LoutrakiPrimero, porque me obliga a preguntarme -una vez más- cuántas cosas se nos escapan. En este caso, me hace recordar la que siempre debí haber sabido: las estatuas no son grises; sus ruinas lo son.

La tecnología nos ayudó hoy a recordarlo, pero hay otras cosas que la ciencia no puede restaurar, cosas que aún están herméticamente encerradas en esa caja negra que llamamos "yo".

Es que no sólo las estatuas se arruinan. También las ideas se vuelven grises con el paso del tiempo, como el pelo.

Lo que (me) propongo, entonces, es hacer un pequeño trabajo psico-arqueológico para restaurar viejos conceptos, sueños o valores que en algún momento brillaron con un espectro ideal. No importa lo intrascendentes que nos parezcan hoy, a la luz de la "madurez" -que no es otra cosa que un marchitamiento-; no importa cuán por sentado demos esas ideas: redescubrir cómo fueron en sus orígenes puede revelarnos un nuevo universo de significados.

Es un trabajo arqueológico porque, en muchos aspectos, somos las ruinas de lo que alguna vez quisimos ser; porque las ideas se transforman, y no siempre para bien, sino que se amoldan según lo exija la erosión externa.

Eso es todo. No tengo fórmulas mágicas ni directrices específicas. No puedo decirte cuáles ideas restaurar, pero supongo que requieren el mismo análisis minucioso, cercano y paralelo que fue usado con las esculturas. Lo mejor de esta metáfora: una molécula es suficiente para reconstruir cualquier sueño.

Templo de Afea, Egina