Cibermitanios

Espíritu navideño

Vergüenza ajena y también vergüenza propia, por no saber nada, por haber olvidado quienes somos y quienes podríamos ser.
Se acerca la navidad, y la moda dicta hablar de temas navideños. De hecho, hace instantes, charlando con alguien que nunca leerá estas palabras, me enteré de que en Río de Janeiro hicieron un árbol de navidad gigante, de 40 pisos de altura, en el mismísimo mar, sobre una plataforma flotante de casi un kilómetro cuadrado. Al oír esto, no pude menos que abrir la boca para señalar lo patético de semejante empresa.

-Mientras algunos miran idiotizados un monumento a la ignorancia de 450 toneladas, otros miran desde las favelas en condiciones miserables, entre basura, drogas, enfermedades, muerte y prostitución.

Se me replicó que veo el lado negativo de las cosas. Respondí que prefiero ser pesimista antes que ser un pelotudo.

Lo cierto es que no hay nada que festejar. Hoy es un día trágico, un día para llorar. Un día para ser recordado como símbolo de la hipocresía y la crueldad. Un día para avergonzarse.

Vergüenza ajena y también vergüenza propia, por no saber nada, por haber olvidado quienes somos y quienes podríamos ser. Asco me da este día.

Casi 3 millones de lámparas usa el árbol. Treinta y cinco kilómetros de mangueras luminosas usa el árbol. Unas cincuenta bombas que lanzan agua (potable) a 20 metros de altura usa el árbol. 2.3 kilovatios de la más preciosa energía orientados a que la gente mire hacia otro lado usa el árbol. Más de un millón de dólares que podrían haberse destinado a algo mínimamente útil usa el árbol.

¿Eso es el espíritu navideño? Realmente me voy quedando sin excusas para prohibirme la idea de que la religión es el peor de los males de la humanidad. En este caso, al menos, es un sistema falaz e idiotizante. ¿Por esta mierda se supone que murió Jesús?

Googleando el macabro árbol navideño de Brasil, encuentro esta otra noticia: México tiene el árbol de Navidad más grande del mundo. Jo, jo, jo...

El árbol mexicano mide 110 metros y pesa 330 toneladas. Utiliza 72 kilómetros de lamparitas, 600 luces estroboscópicas y 80 mil metros de cables eléctricos, con todo lo cual se podría haber dado un servicio básico de iluminación a familias que ni siquiera tienen velas. Sin mencionar el daño ecológico.

¿Cuál es la verdadera razón de que la gente se maraville con semejante atrocidad? Lo dicho: ignorancia.

Ignorancia y miedo, porque cualquier cosa viene bien para mirar hacia otro lado.

-Pero yo no pensé en eso, no pensé en nada -me argumentaron-.

-Ése es el problema. Hay que pensar de vez en cuando.

Y la charla continuó de una manera bastante desagradable. Llegué a oír que "los pobres siempre van a ser pobres", y cosas que prefiero no recordar.

Quizá sea mejor así, y que los pobres no tengan luz eléctrica para ver mejor su pobreza. O quizá estoy siendo sarcástico de nuevo. Ups.

Lamento si -como a quien me dio la noticia- le arruiné la emoción de las luces idiotizantes. Pero no callar lo que veo es lo menos que puedo hacer, y lo más digno. Y voy a estar, ahí o acá, señalando la estupidez donde quiera que la vea, lo cual, evidentemente, me va a llevar un buen rato.

Feliz navidad.