Robo-Moths: robots pilotados por insectos
¿Cuánta inteligencia hace falta para mover un robot? La respuesta es: una neurona de insecto. Los primeros avances en robótica tendrán como aliada a la polilla: mediante un electrodo en el cerebro del insecto, conectado a una sola neurona, se ha conseguido controlar los movimientos de un robot de 15 centímetros. Dicha neurona es la encargada de coordinar la visión del insecto durante el vuelo... 
El objetivo de Charles M. Higgins, científico creador de la Robo-moth, es moldear un futuro donde los robots sean autónomos, no ya mediante inteligencia artificial, si no dotados con inteligencia natural (este futuro está lo suficientemente lejano como para que vayamos almacenando grandes cantidades de insecticidas).
Nadie quiere tener robots descontrolados hurgando en su guardarropas, pero, obviamente, este es sólo el primer paso. El híbrido máquina-insecto supone un gran avance, no sólo en la robótica, si no especialmente en la neurociencia, que no logra aún extraer información valiosa (comparada a otras ciencias) del funcionamiento del cerebro.
La decodificación de las señales neuronales de la polilla y su traducción a acciones simples se lleva a cabo mediante fórmulas matemáticas, y he aquí el gran logro. Descifrar completamente estos procesos primitivos abre las puertas a inmensas posibilidades en la comprensión y manipulación de órganos más complejos como el cerebro humano. Nada impedirá (evolución tecnológica de por medio) que un puñado de nuestras neuronas controlen diferentes aspectos de nuestro entorno hasta hoy insospechados. La primera aplicación de este invento podría cobrar la forma de un robot descartable detector de bombas.
Más información en el paper oficial.







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